lunes, 25 de septiembre de 2017

Mariano Sebastián, vate y confitero





Existe una copla que dicen: “Si vas a Calatayud / un domingo por la tarde / ya puedes asegurar / que al día siguiente es lunes”. No rima, pero no importa. Es una copla del Tío Pichorretas, apodo de Mariano Sebastián, vate y confitero de Aguarón. Decía en un librito editado en Bilbao, en la Tipografía de Ugalde y Compañía, que era el “autor de lo peor que se ha publicado hasta el día”. Se trataba de una "Colección de cantares, o lo que salga, con un brochazo sobre asuntos sociales y cuatro notas íntimas que sólo a mis hijos podrán interesar un poco”, y llevaba prólogo de Eusebio Blasco. Como bien señalaba José Luis Melero Rivas en su “Pequeña antología de coplas aragonesas y algunas reflexiones previas”, se trata de “cuartetas, la mayor parte sin rima, con la característica de que su último verso rompía el ritmo de forma abrupta”, tal y como puede comprobarse con “Si vas a Calatayud...”. En suma, se trata de “humoradas muy del gusto de la gente del país, no aptas desde luego para ser cantadas, pero ciertamente divertidas”. Esto viene a cuento con algo que publica hoy lunes Heraldo de Aragón. Dice ese diario: “En enero de 1999 salió a la venta en Zaragoza la biblioteca del veterinario turolense Francisco Alcón Buj (1884-1946), hombre ilustrado, republicano de la rama anticlerical que había pertenecido al Partido Republicano Radical Socialista. Era buen lector y conservó en su casa tras la guerra, escondido en baúles en el desván, un buen número de periódicos, libros y revistas que 50 años después de su muerte sus herederos decidieron vender. Al mercadillo de la plaza de San Bruno llegaron periódicos como 'Política' y 'Diario de Aragón', revistas como 'Fray Lazo' y 'La hoja de parra' y un buen puñado de libros. Entre éstos estaba la incomparable Colección de Cantares de Mariano Sebastián”. Calatayud es ciudad de referencia para muchos literatos y poetas. Leo en la revista Aires de Aragón (año XVI, número33, octubre 2015), bajo el epígrafe Humor maño (y espero que ningún bilbilitano se ofenda, incluido el amigo Antonio Sánchez Portero), lo siguiente: “En la comarca de Calatayud hemos tenido de todo. Políticos de cierto renombre, literatos, alguna dama famosa y hasta poetas y autores de jotas o ‘cánticas’ como algunos solían llamarlas. En la crónica de un certamen que se llevó a cabo en Calatayud en 1924 en desagravio a la mujer bilbilitana, entre las cánticas que enaltecían a las féminas y ponían en su sitio el buen nombre de la Dolores y Calatayud. Surgieron algunos versos de humor y chascarrillo que creo dignos de exponerlos aquí: Si vas a Calatayud/ pregunta por la Manuela /  es nieta de la Dolores / y más p... que su abuela; o esta otra: Si vas a Calatayud / pregunta por el Andrés / hace lo mismo que la Dolores / pero al revés.”, etcétera. Personalmente me parecen versos de muy mal gusto, más aún cuando de lo que se trataba era de ensalzar como se merece la figura de la mujer. Pero machistas hay en todas partes, por desgracia. De aquel libro de Mariano Sebastián, vate y confitero, me hubiese gustado leer el prólogo de Eusebio Blasco, inventor de la palabra “suripanta”, referida a corista de teatro por decirlo suavemente, incorporada al diccionario de la Real Academia Española en 1925.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Elogio del arroz sin bogavante





Ayer fue un conocido mío de boda. Le pregunté por el banquete. Me dijo que todo había estado bien, salvo que servían arroz con bogavante pero que él no vio trazas de ese crustáceo en su plato. Me lo dijo con un cierto aire de derrota. Le contesté que esas cosas suceden, aunque era mejor no reclamar al camarero, que no traía cuenta. Menos mal que a ese conocido mío, pese a todo, no le gusta perder el tiempo con los mariscos, menos aún con el bogavante, que suele ser congelado y más insípido que una langosta antillana. Personalmente, le dije, prefiero unos mejillones al vapor, incluso crudos y con un chorro de limón, como hago en el caso de las ostras. El bogavante tiene un tiempo de cocción, o sea, cinco minutos desde que el agua rompe a hervir. Reconozco que posee vitamina A, casi todas las del grupo B,  B3 y B12, potasio, magnesio y fósforo, muy poca grasa y alrededor de 85 calorías. Pero no hay que olvidar que también tiene exceso de sodio, enemigo de los hipertensos. En resumidas cuentas, casi debe agradecer mi amigo que en el convite no le pusieran por olvido o negligencia lo que para algunos es un excelente manjar, y para otros, además de a los hipertensos y a aquellos que tienen problemas de ácido úrico, lo más parecido a un caramelo envenenado. Sobre gustos no hay nada escrito. Tanto es así que, digan lo que digan, prefiero un buen chicharro al horno que un besugo. Sólo hay que llevar cuidado con las espinas, que son casi como el sable de Narváez, sujeto sobre el que se cuenta una graciosa anécdota. En cierta ocasión, un secretario de su Gabinete se negó a firmar un decreto que no le gustaba. El funcionario le dijo al Espadón de Loja: “Antes de firmar esa ley, me corto la mano”. Y Narváez le contestó: “Usted firmará y no se cortará ninguna mano. Con la derecha firmará la ley y la izquierda la necesito yo para rascarme los cojones”. En fin, si les invitan a un banquete y ofrecen en el menú arroz con bogavante, cómanse el arroz antes de que se enfríe, a ser posible caldoso, y se olviden del crustáceo. A veces resulta tan menguado e insípido que no compensa perder el tiempo rompiendo su armadura de caballero cruzado.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Mantos del Pilar





Me entero de que hoy, sábado, luce la Virgen del Pilar el manto donado por el diario Heraldo de Aragón, de color blanco, con bordado de una Anunciación y la inclusión de una ‘H’ de color azul, anagrama del diario. En el dorso lleva bordada la leyenda 'A nuestra querida Virgen del Pilar, donado en su 120 aniversario”. El manto, diseñado por Pablo Calahorra y bordado por Olga Velilla, se entregó al Cabildo el 22 de enero de 2016.  Calahorra fue el ganador del cartel de las fiestas patronales de la localidad riojana de Arnedo en 2014. Velilla, nacida en el barrio de Juslibol, posee una tienda de bordados en la zaragozana calle de Sixto Celorrio. En 1997 bordó su primer manto por encargo de una familia de Jaca, y a partir de ahí siguieron otros para distintas federaciones, colegios profesionales y empresas. En una entrevista que le hizo Mercedes Penacho (Heraldo de Aragón, 12/10/15) contaba Velilla que “los hay especialmente curiosos como el de la Casa de Aragón en Barcelona, con el Teatro Goya como emblema central, o uno de los últimos, el encargado por las Teresianas con motivo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, con la muralla de Ávila en el frente trapezoidal. Emilio Botín era muy devoto de la Virgen, y me encargaron un manto desde Nueva York con motivo del 150 aniversario del Banco Santander que lo colocaron en 2008, en un acto a las 7.00 de la mañana en el que había más de 1.000 personas”. La tradición de los mantos a la Virgen del Pilar se remonta al siglo XVIII. El manto más antiguo conservado por el Cabildo Metropolitano es de 1762 y fue bordado por monjas capuchinas. En la actualidad existe una colección de más de quinientos mantos. Recuerden cuando uno de aquellos mantos fue enviado directamente a El Pardo para ponerlo cerca del enfermo dictador junto al brazo de santa Teresa. Y para ello, nada mejor que consultar la hemeroteca. ABC de Madrid, miércoles, 29 de octubre de 1975.

”Manto de la Virgen del Pilar para el Caudillo ofrecido por monseñor Cantero”:
“Dios ha estado en esta habitación muchas veces y a lo mejor vuelve”. Con estas palabras ha descrito uno de los médicos que cuidan al Caudillo el momento en que el arzobispo de Zaragoza ha colocado un manto de la Virgen del Pilar sobre el lecho de Francisco Franco, informa Cifra. (...) Anoche, a las once y diez, penetró en la habitación del ilustre enfermo y, en presencia de su esposa, sus hijos y nietos, colocó el manto sobre la cama. Según ha manifestado uno de los médicos, testigo presencial, Franco abrió los ojos, besó el manto y lloró. Según informa Pyresa, el manto es el de Capitanía General y fue regalado a la Virgen por el Rey Don Alfonso XIII”.

Por aquellas fechas, Cantero Cuadrado, arzobispo de Zaragoza, era miembro del Consejo de Regencia, además del general Salas Larrazábal y del presidente del las Cortes, Rodríguez de Valcárcel. Respecto a los mantos pilaristas, sólo cubren  una columna de jaspe cilíndrica de 1’67 metros de altura y 25 centímetros de diámetro. La parte visible al público está cubierta de  de bronce y plata. La imagen de la Virgen es gótica y de madera, con sólo 38 centímetros de altura. La Virgen sujeta con la mano derecha el manto que le cae por la espalda, mientras sostiene al Niño con el brazo izquierdo. El Niño, con la mano izquierda coge un pajarillo y con la derecha recoge el manto de su Madre. Sólo los días 2 y 12 de cada mes (excepto el 12 de octubre) aparece la Virgen sin manto. En el frontal están incrustados los escudos en esmalte de todas las provincias españolas. En la parte posterior del camarín, en un pequeño orificio ovalado enmarcado en oro se puede besar una parte de la columna, en la que se puede apreciar el desgaste sufrido.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Espejo hendido por los años





En “Doce fotografías al minuto”, Camilo José Cela hace referencia a Sansón García Cerceda y Expósito de Albacete, fotógrafo ambulante. Y dice de él que “cuando metía la jeta por la manga de luto de su máquina de retratar, miraba con el ojo diestro, porque el siniestro, por esas cosas que pasan, se lo había dejado en Sorihuela, en la provincia de Jaén, el día de San Claudio del año de la dictadura, en una discusión desafortunada que tuvo con un francés..., etcétera”. Y páginas más adelante (“Sansón García tiene ganas de hablar”), se señalan, aunque de refilón, a las fiestas de Calatayud. No se especifica  qué fiestas, si las de San Roque a mediados de agosto, o a las que se celebran en honor de la patrona, la Virgen de la Peña, a primeros de septiembre. Lo cierto es que no es la primera vez que Cela nombra a Calatayud. Ahora me viene a la cabeza su ensayo sobre  José Gutiérrez-Solana al referirse al lebeche (algunos lo escriben con “v”), ese viento que “levanta dolor de cabeza en los marineros, que nace en Santander y va a morir a Zamora después de haberse pateado Santoña y Medina del Campo, Valladolid y Segovia, Ávila y Oropesa, Tembleque y Plasencia, Calatayud y Terrer”. Y dos o tres páginas después describe lo que cuenta Gutiérrez-Solana sobre Terrer en “La degollación de los inocentes”: “En Terrer, (Gutiérrez-Solana escribe con manifiesto error Terrier en las pp. 201, 219, 220 y 256) poblacho del partido judicial de Calatayud en el que ejerce de barbero el practicante Lorenzo Camuesco..., etcétera). Pues bien, en un momento dado de su conversación, Sansón García enseña una fotografía de  Wenceslao  Bata, alias Sincronismo. “El Wenceslao –señala Sansón García- era un artista muy autodidacta y muy corpulento que andaba con unos contoneos muy marciales, casi de alabardero, y que se rizaba el bigote con tenacilla”. (...) “Sus telones para fotografías artísticas tenían fama por todo el reino de Valencia” (...) “Lo que mejor  le salían eran las Giraldas, las Alambras, los Generalifes y las balaustradas....”. (...)  “Sin ir mas lejos, un canónigo de Teruel que se llamaba don Sulpicio Liendre me dijo un día, en las fiestas de Calatayud: --Oiga usted, señor retratista, ¿por cuánto me vendería usted el telón?--, etcétera”. Al actual alcalde de Calatayud, José Manuel Aranda Lassa, le pediría que procurase hacer dos huecos en el callejero bilbilitano: uno de ellos para el pintor Gutiérrez-Solana por haber pateado y pintado Calatayud y su alfoz durante los años 20, como quedó demostrado en su “España negra”; otro, para Camilo José Cela, por haberme distinguido con su amistad.