miércoles, 30 de mayo de 2012

A Zaragoza o al charco



Se cuenta que un baturro iba camino de Zaragoza con tal empeño que no cesaba de repetir: “Llegaré, quiera Dios o no”. Pero Dios, harto de tanta soberbia, lo convirtió en rana. Pasando un tiempo, lo devolvió a su estado natural pensando que aquél había enmendado su falta. Cuando alguien le preguntó hacia donde iba, él respondió: “a Zaragoza o al charco”. Juan Alberto Belloch, alcalde de Zaragoza, sale ahora anunciando que “se revisará el uso de todos los inmuebles exentos de IVA”. Sin duda debe referirse a los inmuebles de los partidos políticos y de los sindicatos. Los inmuebles propiedad del Estado están exentos; y los propiedades pertenecientes a la Iglesia Católica son “intocables” mientras esté en vigor el Concordato de 1979. Ya no saben estos derrochadores de la cosa pública de dónde sacar “cash” para seguir viviendo como “nuevos ricos” (como ese Trimalcion de la obra de Petronio) unidos al cordón umbilical de un alcalde que se mantiene hilvanado a la poltrona  con el frágil apoyo de IU y de Chunta Aragonesista, ¡menudas dos patas para un banco!, en un vano intento de poder hacer frente al Plan de Pago a Proveedores. ¿Cuánto se debe todavía de la Expo? ¿Cómo se piensa sufragar el despropósito del tranvía? Por otro lado, en 315 municipios aragoneses no hubo ningún nacimiento en el último año. ¿Para qué se hicieron polideportivos y centros culturales en cada uno de esos pueblos? José Ángel Biel, presidente del PAR (otro que tal baila), le comentaba a Rajoy en su último encuentro en  La Moncloa que no desea que se anexionen pequeños municipios. ¿Alguien entiende algo? Por otro lado, el Gobierno, en boca del ministro De Guindos, entiende que ve “bien” la fusión de Ibercaja Banco; Banco Grupo Cajatrés (formado en “fusión fría” por Caja Inmaculada, Caja Círculo de Burgos y Caja Badajoz) y Liberbank (banco constituido por el Grupo Cajastur, Banco CCM, Caja de Extremadura y Caja Cantabria). El presidente de la entidad resultante será Amado Franco, actual responsable de Ibercaja. Si el Gobierno dice que lo ve “bien”, habrá que echarse a temblar. Al optometrista oficial del Gobierno últimamente le crecen los enanos. Rajoy, ante la gravedad de nuestra situación económica, tiene la obligación ineludible de contarles a los ciudadanos qué está sucediendo. Se puede ir a Zaragoza o al charco. Y se puede ir, también, hacia delante (como había prometido en la Oposición aunque sin enseñar las cartas, cuando decía en el Congreso que el problema era  Rodríguez Zapatero) o hacia atrás, jugando de farol, a la espera de que “Le Tricheur à l'as de carreau” que tenemos enfrente, o sea, Merkel, nos deje sin plumas y cacareando, como al gallo de Morón.

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