jueves, 2 de agosto de 2012

El tiesto de la nostalgia



Bueno, pues nada, que Franco ya no es alcalde honorífico de Valencia. Esta noche dormiré más tranquilo. Me preocupaba bastante que Franco pudiese salir de esa tumba, por la que su familia no ha satisfecho nunca derechos reales, y volver a mandar otros cuarenta años. Lo malo de los muertos es que, a veces, se siguen manifestando en los vivos de forma permanente. El generalito, que era capaz de llorar por la cosa más nimia, no tenía temblor de brazo para firmar las ejecuciones de penas sumarísimas. Bueno, me consta que Franco tuvo tres brazos: el de acariciar nietos, el de firmar sentencias de muerte y el de santa Teresa, que siempre estuvo junto a él, no sabemos si colgado de una percha, como si se tratase de de una de esas cecinas enganchadas en las tabernillas del Barrio Húmedo leonés. Fue un hombre muy católico, que lo mismo entraba en las catedrales bajo palio, que aparecía cada 20 de noviembre por el Valle de los Caídos con camisa azul y boina roja para oír misa entera por el alma del Ausente. En fin, ya le han apeado de los pedestales ecuestres, le han desposeído de los títulos honoríficos y le han sustituido su nombre de las calles. En Valencia se había hecho resistente, como esos bacilos que le hacen la higa a la penicilina. Ha sido necesaria una sentencia judicial para obligar a acatar la exigencia del grupo municipal Compromís. “La magistrada recuerda  -según se cuenta en el diario ‘Levante’- que mantener la distinción a Franco contraviene la Ley de la Memoria Histórica por tratarse de una mención que exalta la sublevación militar y la guerra de España”. Podía haber mantenido un criterio semejante el ministro de Justicia, Ruiz-Gallardón, a la hora de expedir Real Carta de Sucesión del título de marquesado de Queipo de Llano (reconocimiento otorgado por Franco en 1950) al nieto del sanguinario general golpista, consuegro de Niceto Alcalá Zamora y máximo responsable del fusilamiento de Federico García Lorca con su “dadle café, mucho café”. Ese despreciable general fue uno de los treinta y cinco altos cargos del franquismo imputado por la Audiencia Nacional en el sumario instruido por Baltasar Garzón, por los delitos de detención ilegal y crímenes contra la humanidad cometidos durante la Guerra civil española y en los primeros años del régimen. Pero, como insulto a la inteligencia, está enterrado en la sevillana iglesia de la Macarena; y, aunque parezca demencial, hasta el año pasado la Esperanza Macarena procesionaba por las calles con su fajín del general. Por eso decía que, a veces, los muertos se siguen manifestándo de forma permanente. El tiempo no pasa para aquellos que cada día riegan el tiesto de la nostalgia.

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