martes, 25 de septiembre de 2012

Una pistola de goma




A todos los niños de mi época nos regalaban el día de Reyes, o por nuestro cumpleaños, algún arma de juguete. Era normal que los niños recibieran escopetas que disparaban corchos sujetos con un hilo y las niñas recibieran muñecas y cocinitas.  En mi infancia, hice acopio de  todo un arsenal de pistolas, carabinas y puñales de plástico. Recuerdo que en las tiendas de chucherías vendían unas pistolas con culata de goma en forma de pera, para que su interior pudiera llenarse de agua. Jugar a  policías y ladrones equivalía a pasarlo de lo lindo. Hoy, en la madrileña Plaza de Callao, un agente ha sacado la pistola al tiempo que un grupo de manifestantes que se dirigía a la Carrera de San Jerónimo increpaba a la Policía que guardaba el orden entre el Fnac y Preciados. Pero la pistola que ha sacado el agente no era la reglamentaria sino una pistola de goma. Se la ha enseñado a los revoltosos y la ha vuelto a guardar ante la juerga generalizada y el aplauso de los concentrados. Este es un país que bebe en las fuentes del esperpento y así no vamos a ningún sitio. De nada sirve que el Rey intente “vender” en Estados Unidos la marca España y visite el “The New York Times” para explicar nuestra situación económica si aquí, en la capital del Reino, desenfunda un policía una pistola de goma en una manifestación reivindicativa; si Artur Mas  adelanta elecciones al 25 de noviembre mientras  achucha a catalanes y charnegos para que Cataluña se parezca a Puerto Rico; y si Rajoy se dedica en cuerpo y alma, mientras tanto, a pedir en la ONU que España esté presente de forma permanente en el Consejo de Seguridad (ya lo hizo Aznar en su último año de mandato cuando apoyó la invasión de Iraq), y a vender humo a los miembros de la eurozona, como hacía con las estilográficas y las cuchillas de afeitar aquel charlatán de la zaragozana Plaza del Carbón. Ramonet, Mingorance o José Luís Pérez Olmedo fueron destacados charlatanes que se ganaron la vida vendiendo pelapatatas, colchas magnéticas, instrumentos para masajes y productos de todo tipo. Con su palabrería nos convencían de que al llevarnos el artículo nos estábamos llevando una ganga. Lo malo es que Rajoy ya no convence a nadie y Merkel ha vuelto a poner a España como modelo de lo que no se debe hacer. Vamos que aquí, de triunfar alguien, serán las chirigotas de Cádiz.


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