miércoles, 31 de octubre de 2012

Octubre, octubre




Tomo el título de una obra de José Luis Sampedro, no sé si por asociación de ideas, que todos los años veranea en Alhama de Aragón. De aquí, de Aragón se habla muy poco en los medios de comunicación. Sólo si acaso, por cuestiones de climatología y cuando Rudi expone algún proyecto que luego no cumple. No pasa nada, ya estamos acostumbrados. Pero varias noticias sobre Aragón copan estos días las redes sociales y la prensa local: el macabro asunto del descuartizador de Ricla; el eccehomo de Borja, que arrasa como disfraz de Halloween; el bar Mariano y Manolo, de Calamocha, cuya cesta de Navidad es todo un exceso fanfarrón en esta época de crisis; el “canfranero”, que deja plantada a una pareja cinco horas en Riglos; y la asistencia del príncipe Felipe a unas maniobras internacionales en el campo de tiro de San Gregorio. Pero vayamos por partes. Intensas lluvias, unas bolsas ligeramente enterradas aforan a la superficie en un descampado de Cadrete, unos curiosos que pasean, las descubren y las abren con un palo. Parecen restos humanos. Se da aviso a la Guardia Civil del macabro hallazgo. Se atan cabos. Se relacionan esos restos con la desaparición de una mujer en Ricla la pasada primavera. Posterior detención de un vecino de esa localidad del Jalón que había sido carnicero. Interrogatorio exhaustivo del sospechoso. La familia del presunto asesino contrata al más prestigioso abogado de Zaragoza, Javier Notivoli. El juez encargado del caso, tras 150 preguntas del fiscal, ordena el ingreso en prisión de Antonio Losilla Longares como presunto responsable de la muerte de Manuela Cebrián Embid. Faltan conocerse los resultados de las pruebas de ADN. Hasta el momento, es lo que se puede contar. Otro asunto. Lo del eccehomo de Borja tiene su chacota. El adefesio resultante de la manipulación del fresco de Elías García por una anciana del pueblo, Cecilia Jiménez, que pretendía restaurarlo, ya lleva recaudados más de 14.000 euros desde  el pasado 15 de septiembre, fecha en la que comenzó a cobrarse la entrada (un euro por visita, como las recetas en Cataluña) al Santuario de la Misericordia. Pero, curiosamente, el Ayuntamiento está mirando la forma de que el adefesio vuelva a la forma original. O sea, pretenden matar a la gallina de los huevos de oro. ¡Hace falta ser mentecatos! Además ahora, cuando resulta que una versión del eccehomo de Borja  ha alcanzado gran popularidad en Estados Unidos y hasta “se ha colado” en la última actualización del videojuego Angry Birds. Sigamos. El Bar Mariano y Manolo, de Calamocha, todos los años rifa una “cesta” de Navidad. Al estar situado en la carretera, son muchos los camioneros que compran boletos. La “cesta” de este año supera los 240.000 euros  e incluye, entre otras cosas, un “mini coupé”, una moto “Harley Davidson” y dos lingotes de oro. Desde luego que Teruel existe. ¡Ya lo creo! Más cosas. Elena Ruscan y Samuel Gabaly, esperaban en el apeadero de Riglos la llegada del “canfranero”. Y como no llegaba, llamaron a “Atención del viajero” de Renfe. Les dijeron que el tren llevaba 40 minutos de retraso. Al cabo de hora y media volvieron a llamar a ese servicio. Entonces les dijeron que el tren se había averiado y que ponían un autobús para que fuese por las estaciones del trayecto recogiendo a los viajeros. Por allí no aparecía ningún autobús. Vuelta a llamar a Renfe. Respuesta der la compañía: “El autobús está completando ya su recorrido y deben ser ustedes (por ellos) los que busquen un medio de transporte alternativo para regresar a Huesca”. Eran ya las diez de la noche y hacía un frío que pelaba. Tuvieron que ponerse en contacto con la Guardia Civil, que mediaron y consiguieron que llegara un taxi desde Ayerbe. Terminaron la “aventura” pasada la medianoche. Para llorar. Ya sólo me queda comentar la asistencia del príncipe Felipe a unas maniobras internacionales de desactivación de explosivos en Zaragoza. Se ha simulado la existencia de un artefacto en la parte exterior de una base española en Afganistán y el ataque de un terrorista suicida mientras las unidades se encontraban trabajando en la desactivación de ese primer explosivo. O sea, la típica batallita entre buenos y malos. Sería más práctico de Felipe de Borbón marchase una temporada a Afganistán y comprobase “in situ” lo que allí acontece. También saldría más barato para el bolsillo de los españoles. Y eso es todo. Me voy a tomar el vermú, que ya es hora.

lunes, 29 de octubre de 2012

El desierto socialista




Cuando  Alfredo Pérez Rubalcaba afirma eso de “Estoy perfectamente tranquilo con Griñán, está de mi lado”, me recuerda el salmo 23: “El Señor es mi pastor, nada me falta. / En prados de hierba fresca me hace reposar.” Rubalcaba piensa seguir de secretario general del PSOE hasta 2016, que es cuando cumple su mandato. Da un respingo en el asiento cada vez que alguien le nombra la palabra “primarias”. ”Nadie me ha hablado de eso”, responde rotundo. Rubalcaba  tiene ahora que atravesar  el peor de los desiertos guiando a unos militantes que no saben por dónde les sopla el siroco. Da otro respingo en el asiento cuando le nombran la palabra Chacón. “Aquí no hay otro Chacón que don Antonio Chacón y la guitarra del maestro Habichuela. Y si a algún compañero de partido no le suena, que busque por los mercadillos callejeros discos de pizarra, oiga, ¡que ya vale el martirio que me están dando! Ahí están metidos todos los sonidos negros”. Rubalcaba se crece ante la adversidad, o sea, ante los últimos resultados de los comicios del pasado día 21 en Galicia y el País Vasco. Rubalcaba, más galán que Mingo, continúa con el runrún del salmo 23 cada vez que le entrevistan: “Aunque pase por el más oscuro de los valles, / no temeré peligro alguno”. Vamos, que en las pinturas de las catacumbas de Ferrán, a Rubalcaba se le representa como al Buen Pastor, de pie, con vestido corto y zurrón, con una oveja entre sus hombros y la cabeza suavemente apoyada sobre la oveja. Es una estampa llena de ternura. Y si un militante se despista del buen camino, enseguida acude el pastor Rubalcaba a su encuentro, le da unos toquecitos con el cayado sobre los lomos y lo reintegra de nuevo en el camino justo. No teme a las alimañas que pueda encontrarse en su trocha. Rubalcaba sabe que  no sobrevivirá el militante que intente escaparse por libre por el vasto desierto. “Rubalcaba es mi pastor”, cantan los militantes sobre las dunas pese a que ahora no abundan ni el agua ni los pastos y el sendero  es árido y polvoriento. Pero no importa; los militantes del PSOE confían en que pronto llegarán al oasis prometido y que sentados bajo una palmera, tomando kéfir, recordarán a don Antonio Machado: “Caminante son tus huellas/ el camino y nada más; / caminante, no hay camino, / se hace camino al andar”.


domingo, 28 de octubre de 2012

A mayor gloria, ¿de quién?





En su blog, Iñaki Anasagasti hace referencia a lo que él define como “los premios del señorito”,  es decir, a la ceremonia en Oviedo donde cada año  se conceden los  premios “Príncipe de Asturias”  y que, según afirma el senador del PNV,  “organizan cada año con dinero público a mayor gloria, no de los premiados, sino de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz”. Según Anasagasti,  “todo está centrado en sus personas. Se eligen candidatos a premiar mediáticos y conocidos, no personas anónimas que trabajan la solidaridad sin la iluminación de los focos…”. Es decir, si no lo he entendido mal, la costosa ceremonia anual del Teatro Campoamor a cargo del contribuyente no es cosa diferente a una auténtica “patochada” en la que los premiados sólo son un “subterfugio” más o menos rimbombante de un acto fraguado en su día desde La Zarzuela para centrar el foco y las miradas, tal y como cuenta el senador, “a mayor gloria de una pareja que necesita ser publicitada”. Pues, hombre, si eso fuese así, que no lo sé, el asunto sería grave por varias razones. La primera, que España no está para gastos innecesarios ni para tirar cohetes cuando cuenta con casi seis millones de parados. La segunda, que a los españoles se les oculta el coste total de una ceremonia que pagan ellos; que es, por poner un ejemplo, como si al padrino que corre con los gastos de la boda no se le invitase al banquete. Y, tercera, que las personas premiadas no son causa de la causa y se convierten de alguna manera no ya en protagonistas principales ni en actores de reparto,  sino en meros figurantes. Anasagasti sabe lo que dice y dice lo que piensa. Y en algo él y yo estamos de acuerdo: los “premios del señorito” -como así él los denomina- jamás se han concedido a ciudadano alguno que haya luchado en Asturias por la libertad o desde la mina. O sea, verde y con asas.

viernes, 26 de octubre de 2012

Las perlas cultivadas de Rudi




La presidenta del Gobierno de Aragón y presidenta regional del PP, Luisa Fernanda Rudi, reconoció ayer en el Pleno de la Aljafería que la tasa de paro en Aragón es “dramática”, pero añadió que “las políticas llevadas a cabo por su Gobierno van por buen camino, ya que hay más jóvenes que buscan empleo y hay menos jóvenes que deciden dejar la Comunidad”. Y se ha quedado tan fresca. Esta señora, que va de lista por la política, confunde el culo con las témporas. En una Comunidad donde hay cada día más jóvenes en busca de trabajo, ya me dirá la dama de los ojos saltones y los insufribles aires de grandeza dónde demonios encuentra una relación entre el aumento de las listas de paro y el buen camino. En una cosa acierta: los jóvenes no dejan su región. Pero no cogen la maleta y se largan de una puñetera vez de esta tierra dominada por caciques pueblerinos y sansirolés de mierda por no tener adonde ir y por no disponer de perspectivas de trabajo en ningún otro sitio. Con estos bueyes es dificultoso arar el campo. Según datos de la EPA, en Aragón existe una tasa de paro del 18’75 por ciento, equivalente a 123.500 personas. En este sentido, Rudi manifestó en la tribuna de oradores que el hecho de que se haya incrementado el número de personas en busca de empleo le parece “un buen síntoma”. ¿Acaso dispone de alternativas para esta tragedia? Y puso la guinda al pastel añadiendo contundente: “Me quedo con eso”. Lo que se “está quedando” es con todos los ciudadanos. ¡Hace falta tener papo!  Esta señora, que el pasado viernes visitó Sádaba de excursión, aunque aparentemente se trasladara para interesarse por las inundaciones y los daños ocasionados a los vecinos, no se manchó ni los zapatos, y con la “sabiduría” que le caracteriza pronunció una perla cultivada digna de ser grabada en bronce: “Una inundación de este tipo es difícil de prever ya que se produce cada muchos años”. Si, claro, sobre todo cuando no se limpian las riberas ni los barrancos. La culpa de las inundaciones, en cualquier caso, puede que sea consecuencia de la gota fría, pero las ayudas para la reconstrucción de los pueblos devastados por las inundaciones corresponden al Gobierno regional. Y ahí no puede Rudi ponerse de perfil.

jueves, 25 de octubre de 2012

Una patada en el trasero de Wert




A mi entender, Javier Marías ha sido coherente con sus principios y ha rechazado el Premio Nacional de Narrativa. Le parece fatal que en los Presupuestos para 2013 no se haya estipulado ni un solo euro para bibliotecas por parte del Ministerio de Cultura. Wert, una vez más, se ha cubierto de mierda. Pero, además, Marías tiene varias espinas clavadas. La más honda de todas ellas, la que le produce más dolor, viene de lejos y hace referencia al trato recibido por el régimen de Franco en la persona de su padre, el gran filósofo Julián Marías, discípulo de Ortega y de Zubiri, al que jamás le reconoció el Estado con algún merecimiento de importancia pese a la gran cantidad de ensayos por  publicados, si exceptuamos el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, que se le otorgó en 1996 aunque compartiéndolo con Indro Montanelli. Julián Marías, su padre, estuvo dotado de una excelente inteligencia y de una enorme dignidad como persona.  Jamás medró. Es más, no impartió clases en la Universidad por no tener que jurar los Principios Fundamentales del Movimiento, “conditio sine qua non” para ejercer labores de docencia pública. No hay que olvidar que, terminada la guerra civil, fue denunciado por alguien al que tenía por amigo, Carlos Alonso del Real, con el vergonzoso apoyo del arqueólogo Julio Martínez Santa-Olalla y el  testimonio patético de Darío Fernández Flórez. Esas cosas pasaban con demasiada frecuencia en aquella España en blanco y negro. Cela, en cambio, ayudó en lo que pudo para que Marías alcanzara la libertad después de un mes y pico de encierro. Otros intelectuales no corrieron su misma suerte y fueron fusilados, o se pudrieron en la cárcel. Javier Marías convocó hoy, tras rechazar el premio, dotado con 20.000 euros, una rueda de prensa en el Círculo de Bellas de Madrid. Y ahí dejó las cosas claras. ¡Chapeau!

El príncipe y la indigente




Leído en República.com: “EL Príncipe saluda por error a una mujer que pedía limosna”. La anécdota, nunca el error, hace referencia a la salida del príncipe de Asturias de la iglesia de San Francisco de Borja adonde había acudido para asistir al funeral de Iñigo de Arteaga, marqués de Távara e hijo del duque del Infantado, que se había estrellado con una avioneta  días antes junto a Gonzalo Lapique y  África Lacalle. Pues bien, como sucede en estos casos, había  varias personas curiosas esperando su salida del templo para verle y  saludarle. Y entre ellas, una indigente rumana que pedía limosna a la puerta.  Al pasar el príncipe cerca de ella, ésta alargó la mano en espera de recibir una limosna. Pero el príncipe, pensando que le saludaba, se limitó a estrecharle la mano y “le dio un fuerte apretón” antes de proseguir caminando. Enseguida han aparecido determinados comentarios de muy mal gusto relacionados con su cuñado Iñaki Urdangarín. La cosa, como digo, no pasa de ser una anécdota sin  importancia que algún día se contará en las biografías que se editen sobre el futuro Felipe VI. Lo que me preocupa es que el príncipe de Asturias no sepa distinguir entre un ciudadano corriente y una indigente astrosa. Posiblemente no ha sido educado para detectar a primera vista los diversos niveles de empobrecimiento que existen en el país donde él aspira a reinar. Eso sí me parece grave.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Un museo para no visitar




Por fin las infantas Elena y Cristina has sido “distanciadas” de los reyes y de los príncipes en el Museo de Cera de Madrid. Los responsables de ese Museo del Horror primero quitaron a Jaime de Marichalar, el día en el que lo trasladaron en carretilla al callejón de la Plaza de Toros de Las Ventas de forma infame, como si fuera un alguacilillo que estuviese pendiente de la decisión del presidente para sacar el pañuelo y conceder la oreja, o el mozo de espadas del torero en plena lidia. Más tarde le ha llegado el turno a Iñaki Urdangarín, que no lo han trasladado al coso taurino sino al desolladero para ser  transformado en cirios pascuales. Y ahora les toca a las infantas, a las que se les ha dejado en la sala real, pero entrando, a la derecha, como si fuesen sopranos esperando alternativa para cantar a dos voces el “El adiós de Elsa” acompañadas por la Berliner Philharmonie, justo frente a un Rajoy en pleno uso de la palabra en la tribuna de oradores intentando argumentar unos recortes injustificables. Ya sólo quedan el rey, el príncipe, ambos de chaqué, y sus respectivas consortes, de traje largo. A este paso no sé qué va a pasar. Si les digo la verdad, a mí el Museo de Cera me parece una astracanada. Ver a Jarabo agarrotado o a Manuel García Cuesta, El Espartero, cogido por el ojo del toro “Perdigón” cuando se disponía a entrar a matar al volapié me producen consternación. Visitar el Museo de Cera de Madrid se me antoja como poner el pie en la Isla del Negro, en  la famosa novela de Agatha Christie. En aquella isla, los personajes iban siendo eliminados de acuerdo con cada una de las estrofas de una antigua canción infantil llamada “Diez Negritos”. No recomiendo su visita. ¿Quién desea ver modelados en cera a Cleopatra, a Fernando VII o al polémico Vargas Llosa? Lo único bueno que tienen los protagonistas es que no se mueven, que es lo menos que se les puede pedir a unas estatuas.

Cosas de la "telemierda"




La presentadora de un programa matinal de Televisión Española, María Dolores Montero Abárzuza, se tuvo que disculpar de los telespectadores por haberse preguntado si los órganos trasplantados a otra persona tienen alma.  Esta presentadora, al parecer, “tiene sus dudas”. El asunto estaba relacionado con la posible donación de órganos del asesino confeso de El Salobral, Juan Carlos Alfaro. Y sorprendentemente añadió: “He sentido tranquilidad al saber que los órganos de este hombre no van a dar vida a nadie, sinceramente”. Pero ya la rematadera fue cuando dijo que “yo no querría esos órganos”. Mariló Montero, como así se la conoce en el mundillo de la “telemierda”, procuró dejar a los televidentes “mucho más tranquilos” cuando dejó claro que  la relación entre los órganos trasplantados y la posible inclusión del alma del difunto en la persona que los recibe “no está demostrado científicamente”.  El alma, por si lo desconoce la señora Montero, es el componente espiritual de los seres vivos. Y gracias al alma, el ser humano dispone de instintos, sentimientos, emociones, pensamientos y decisiones libres. Por otro lado, de haber recibido un enfermo en lista de espera uno o varios órganos del señor Alfaro, cosa que por razones que desconozco no ha sucedido así, hubiera supuesto para el receptor una indiscutible mejora en su futura calidad de vida. Decía la señora Montero que ella no querría recibir esos órganos. ¡Que casualidad!, eso mismo dicen los gitanos. Pero la señora Montero lo dice con la boca pequeña porque no  necesita un trasplante, cosa de la que me alegro. En España las donaciones, salvo que procedan de familiares vivos, son de personas anónimas fallecidas, es decir, inanimadas, y el receptor o receptores de alguno de los órganos injertados en su quebrantado cuerpo jamás sabrán la procedencia. Aunque parezca una paradoja,  hasta un asesino tiene poder para salvar vidas después de muerto. La señora Montero aprovechó para decir que ella era donante. Pues muy bien, que Dios se lo pague. En el mundillo de la “telemierda” estatal todo es posible. Lo malo es que a determinados presentadores impresentables, donde incluyo a la señora Montero, les pagan, y mucho, por decir sandeces con cargo al contribuyente. Y lo peor es que determinados sujetos, donde incluyo a Alfonso García, ocupen puestos de responsabilidad en la dirección de programas.

martes, 23 de octubre de 2012

Sarna gallega con gusto, no pica




La mayoría absoluta del PP en Galicia pone de manifiesto que los gallegos están satisfechos con la política de Alberto Núñez Feijóo en esa comunidad. Algo parecido sucedió en los tiempos de Fraga. El que fuese director general de Correos en la época de Aznar ya se ve como sustituto de un Rajoy tan desgastado como si le hubieran pasado de cuerpo entero por la piedra de esmerilar. Los funcionarios están cabreados y la clase media, en general, a punto de tener que ir a comer el bodrio, o sea, esa sopa que se daba a los pobres en los conventos. Por si ello fuera poco, ahora resulta que, según leo en El País, “los empleados públicos que cotizan por clases pasivas verán minoradas sus nóminas un 3,6% por la cotización a la Seguridad Social de la paga extra de Navidad como si la hubieran cobrado”, es decir, “la práctica totalidad de los empleados de la Administración General del Estado, del Ejército, de la Justicia o de la Agencia Tributaria, que suponen alrededor de 900.000 personas”. Eso significa que en diciembre cobrarán menos que en noviembre por esa doble imposición. Y para más inri, sigue contando ese periódico,  “la cotización de diciembre de 2012 no va a tener reflejo en la futura pensión de jubilación de estos funcionarios”. Queda claro que a los funcionarios en general, incluidos los funcionarios gallegos que acaban de aprobar la política del PP el pasado día 18, les ha mirado el tuerto. La Ley de Clases Pasivas del Estado (artículo 23) obliga a los trabajadores públicos a cotizar por catorce pagas. Como se cuenta en el Cantar del Mío Cid, a propósito de cuando Alfonso VI propuso a Rodrigo Díaz de Vivar la conquista de Cuenca, éste le dijo al monarca: “Muchos males han venido por los reyes que se ausentan...”, a lo que el rey Alfonso le replicó: “Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”. Bueno, vale, ya sabemos que Cervantes no dijo nada parecido en el Quijote aunque los ciudadanos que no han leído el libro ni por el forro así lo entiendan. Una mentira mil veces repetida… Por cierto, ¿dónde están Rubalcaba y su combo? Para mí que se los ha tragado la tierra. ¡Vaya silencio mudo!, y perdonen el pleonasmo.

lunes, 22 de octubre de 2012

Siento vergüenza ajena




 Leído en la puerta de acceso a la Tesorería General de la Seguridad Social (Zaragoza, Avenida de San Juan de la Peña, 2). Textualmente:
VIERNES NEGRO
LOS EMPLEADOS DE ESTA OFICINA, SIGUIENDO UNA LÍNEA DE PROTESTA QUE ALCANZA A TODOS LOS ASPECTOS DE LA ADMINISTRACIÓN, CENTRAL, AUTONÓMICA Y LOCAL, Y QUE ES SEGUIDA MASIVAMENTE A NIVEL NACIONAL, LOS VIERNES, DE 12 A 12:30, NOS  SITUAREMOS EN LA PUERTA DE LA OFICINA PARA CAGARNOS EN LA PUTA MADRE DEL GOBIERNO PARA PROTESTAR CONTRA LAS MEDIDAS PARA HUNDIR LA FUNCIÓN PÚBLICA DE AUSTERIDAD DEL GOBIERNO QUE NOS ENCAMINAN A UNA SITUACIÓN DE ABANDONO DEL CIUDADANO A SU SUERTE POR EL PROGRESIVO DESMANTELAMIENTO DE LA FUNCIÓN PÚBLICA.
DISCULPEN LAS MOLESTIAS
(En el texto original letra Arial, cuerpo 16.- Falta el punto y final).
(Arriba,  a la izquierda, hay un lazo negro).

Sin ánimo de entrar en la cuestión sobre el supuesto “mal rollito” que existe en el funcionariado español, me parecen desacertados los términos utilizados en el escrito que se ha colocado a la entrada de ese Organismo Público. Doy por hecho que ese tiempo de brazos caídos de cada viernes, al margen de los problemas que sin duda alguna ocasionará a los ciudadanos que pretenden llevar a cabo sus particulares gestiones,  les será descontado de sus correspondientes nóminas. Una cosa es la huelga, llegado el caso, que me parece legítima por ser un derecho de los trabajadores, y otra muy distinta hacer  dejación de funciones con cargo al Estado. Esto último nunca debe ser tolerado por los ciudadanos que se acercan al mostrador para ser atendidos, que pagan sus  impuestos y que, haciendo un esfuerzo considerable en esta época de vacas flacas, mantienen las nóminas de dichos funcionarios. La Tesorería General de la Seguridad Social, a mi entender, sólo se puede llegar a desmantelar cuando la falta de trabajo cierra empresas o no crea autónomos; cuando los funcionarios públicos no son capaces de detectar anomalías en la contratación de trabajadores por cuenta ajena; y, cómo no, cuando los funcionarios no cumplen con las misiones encomendadas. Podría añadir que gran parte de los burócratas de esa determinada oficina zaragozana se pasan la mañana saliendo a la calle a fumar, a tomar café en el bar de enfrente y, en algún caso, hasta saliendo de la oficina para hacer la compra en el supermercado. ¿Es o no es vergonzoso? No me lo ha dicho nadie. Lo veo yo, que vivo enfrente. Conque menos humos, mayor rendimiento en el trabajo y más responsabilidad en el cometido de cada una de las funciones.




domingo, 21 de octubre de 2012

Lo que no deseo WERT




Meterme en el ordenador está resultando para mí de un sufrimiento indescriptible. El problema no está en la pantalla sino en el teclado. Cada vez que pienso sobre qué escribir, me concentro en las teclas y siempre aparece la palabra WERT arriba, a la izquierda, después de la “cu”. Al principio suponía que la falta de sueño me hacía ver lo que no era. Pero no, nunca aparecía Gutiérrez, García o Domínguez.  Siempre la palabra WERT. Es como una sopa de letras en la que no descubro nuevas palabras ni leídas a la inversa ni al cruzado ni de arriba a abajo… Sólo la palabra WERT. Parece un mal sueño. El actual ministro de Educación, Cultura y Deporte,  pretende “españolizar” a los niños catalanes; le parece excelente que exista separación de niños por sexo en los colegios subvencionados del Opus; entiende que “la fuga de cerebros españoles no es mala”;  ha subido las tasas universitarias de forma brutal a una clase media cada día más empobrecida;  se está cargando la enseñanza pública en beneficio de la privada, obliga a trabajar más horas lectivas a los docentes a cambio de un menor sueldo; volvió  a subvencionar el "Diccionario biográfico español" de la RAH con 193.000 euros, pese al subjetivo concepto de Luis Suárez Fernández a la hora de tratar la figura de Franco y la represión de aquel régimen; sustituyó Educación para la Ciudadanía por Educación Cívica y Constitucional “obligado” por la Conferencia Episcopal para evitar, según decía, el “adoctrinamiento ideológico”;  subió el IVA para material de trabajo escolar al 21%, etcétera. El actual ministro de Educación, digo, que se me antojaba como un tertuliano moderado antes de ser nombrado ministro, se ha convertido en un saco de sorpresas, socarrón, cínico y, lo que es peor, de escasa utilidad pública. Y ver su primer apellido en el teclado de mi ordenador me produce destemple, ansiedad y hasta el deseo irrefrenable de que le unten en el ojo ciego con una guindilla.

viernes, 19 de octubre de 2012

Tiempo lluvioso



El administrador de mi comunidad de vecinos acaba de mandarme un comunicado avisándome de que “se va a proceder al arreglo de las albardillas del peto de la cubierta”, y ruega la máxima colaboración vecinal. Me pilla fuera de juego. No tengo ni idea de lo que me cuenta. El administrador de fincas, que tiene aspecto de saberse de carrerilla el libro gordo de Petete, se expresa como un libro abierto por la “addenda et corrigenda”  del conjunto de las notas al pie. En realidad no sé qué es lo que se pretende arreglar. Busco en el diccionario por salir de dudas. En Arquitectura, las albardillas hacen referencia a los remates inclinados de un muro para desviar el agua y evitar que ésta resbale por los paramentos. También llamada hilada de coronación. Después escudriño sobre la palabra paramento: “Cada una de las caras de todo elemento constructivo vertical”. Bueno, vale, pero ¿en qué debo yo colaborar? Todo lo que podría hacer, llegado el caso, sería encomendarme a san Trifón, experto en domeñar basiliscos, para que no lloviese mientras los operarios subsanan las albardillas del peto sin que el agua se deslice por los paramentos. En otra cosa no puedo auxiliar, salvo que me coloquen un arnés y me alcen con una cuerda y una garrucha hasta el tejado a fin de que sujete no sabemos qué canalera. Vivo en una región donde no llueve casi nunca. Bueno, ayer casi se ahogan los vecinos de Sádaba por el desbordamiento del río Riguel,  pero no es  normal que sucedan esas cosas en las Cinco Villas. Cuando se desatan las fuerzas de la naturaleza en forma de inundaciones, las albardillas del peto de las cubiertas de las casas sirven lo mismo que el “salvarsán” para el alivio de las tercianas. El único remedio, si acaso, sería abordar la barca de Noé. De todas formas, es curioso que el administrador de fincas que me ha tocado en suerte se acuerde de santa Bárbara cuando truena y, también, de proceder al arreglo de albardillas del peto de la cubierta cuando el hombre del tiempo avisa de que va a llover más que cuando enterraron a Bigote, o sea, a Fermín Salvochea Alvarez, que estiró la pata el 27 de septiembre de 1907 tras romperse  la espalda al caerse de la mesa donde dormía. Invito a mis lectores a que lean un artículo de Sancho Dávila, titulado “Bigote”, publicado en ABC de Sevilla el 20 de noviembre de 1969. Bucear en las hemerotecas, como proceder al arreglo de albardillas para el correcto desvío del agua de lluvia, son labores harto dificultosas aunque necesarias. En las hemerotecas reside la cultura y en el agua de lluvia, toda la melancolía.

jueves, 18 de octubre de 2012

Sylvia Kristel que estás en los cielos





Los españoles que ya estamos en edad de tomarnos la vida con tranquilidad cuando nos dejan, nos hemos quedado un poco huérfanos con la muerte de  Sylvia Kristel, la actriz holandesa de “Emmanuelle”, con una banda sonora magnífica y la recordada escena en el “Mile High Club”, en la que se mostraba a  una bailarina insertándose un cigarrillo en la vagina. En aquel tardofranquismo donde en este país todo estaba impregnado de alcanfor, sacristía, atraso y alienación política, los españoles se hacían cruces sobre adónde  estamos llegando. Eran los años del “desarrollismo”, de la erección de chabolas en vertical en barrizales periféricos de grandes ciudades y de pluriempleos que no dejaban tiempo libre ni para pensar. Y en aquel ambiente de miseria disfrazada, para poder ver cine erótico resultaba necesario fletar autobuses y atravesar los Pirineos con nocturnidad y alevosía, jugándonos el tipo por carreteras infames; y para abortar, la mujer que podía permitírselo, debía volar a Londres. Luis García Berlanga, director de cine y editor de “La sonrisa vertical”, resumió en dos trazos su posición sobre el erotismo y la pornografía: “Yo, cuando me siento demagogo, digo que erotismo es cuando lo hacen los ricos y pornografía cuando lo hacen los pobres”. Su película “Tamaño natural” (1974) resultó ser una terrible historia de soledad que se tuvo que  rodar en Francia. Por estos pagos de Frascuelo y de María nadie  “en su sano juicio” podía entender el amor que sentía Michel, un afamado dentista, hacia una muñeca hinchable réplica de una mujer real y que, en un momento dado,  loco de celos por una supuesta infidelidad de la muñeca, terminaba poniendo fin a su vida despeñándose con su coche junto a la “dama infiel”. Anda, guapo, explícale esas cosas al censor de turno, al cursillista de Cristiandad que mea en arco, a ese vecino de escalera, militar en la reserva, que se pasa el día elogiando a su cornuda esposa en las charlas cuaresmales, o al obispo de La Seo de Urgel que también es copríncipe de Andorra. Aquel ramillete de meapilas carpetovetónicos daban por hecho que la mantequilla utilizada en “El último tango en París” por Paul en el cuerpo de Jeanne eran los santos oleos administrados sin conocer muy bien la técnica canónica. En el cine ya se sabe: si el director no se documenta, suelen fallar el atrezzo y los efectos especiales.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La piel de los codos




Se venden los restos del Titanic, pese a que el pecio está ahora protegido por la Convención de la UNESCO. Pero, a pesar de ello, todavía existen seres raros interesados en conservar un plato de loza, un tenedor de plata o una briqueta de carbón. Los restos de un naufragio evocan sensaciones difíciles de definir. El pillaje existe hasta en el fondo de los mares. El mundo acabará enlatando toda su decadencia. Las tragedias humanas deberían ser tratadas con respeto. Para escucharlas, sólo es necesario acercar una caracola al oído. Se ausculta un rumor apagado como de otros mares, o de otros veraneos que ya sólo quedan en el recuerdo, y en unas fotografías en blanco y negro que se guardan dentro de una caja de hojalata y que sacamos del cajón cuando añadimos otras, y así. Un paisaje robado no desaparece de nuestra vida hasta que decidimos hacer limpieza de estanterías y resolvemos tirar a la basura recuerdos de nuestra juventud, perdida para siempre. Escribía José Luis Alvite en un artículo que tituló “Algo que leer” (La Razón, 30.10.11) que “si te miras detenidamente en el espejo, te darás cuenta de que tu belleza es, ahora, más blanda y arrugada. Es cierto, pero piensa que lo que ocurre no es otra cosa que el hecho irremediable de que se te ha subido a los ojos la piel de los codos”.

martes, 16 de octubre de 2012

El meridiano de Wert




Ayer se falló en Barcelona el Premio Planeta. En la cena, en medio Lara, el ministro Wert a un lado y el honorable Mas al otro. Como en la “La canción del pirata”: Asia a un lado, / al otro Europa, / y allá a su frente Estambul. Lara, sabedor de que la fiesta  y el premio rebasan el millón de euros, lo que desea es vender muchos ejemplares, por supuesto desde Barcelona, que aún forma parte de España. Wert, mientras, haciendo labor de zapa, o sea, intentando españolizar todo lo que se movía como si fuese el Manolo Escobar de la Cultura y de los grandes expresos europeos; y Mas, sin dirigirle la palabra durante toda la cena al ministro por temor a ser adoctrinado en la fe de Torquemada, con la Enciclopedia Álvarez en una la mano y el crucifijo en la otra, o con “Luiso” y esas cosas tan lindas sobre el barco de Doncel, es decir, el mercante “María”, matrícula de Bilbao. Pero Artur Mas, que sabe más que los ratones “coloraos”, tomaba un sorbo de agua mirando al horizonte apretado de una sala preñada de culturetas frustrados y triperos mientras parecía pensar: “Navega, velero mío, / sin temor / que ni enemigo navío, / ni tormenta, ni bonanza, / tu rumbo a torcer alcanza, / ni a sujetar tu valor”. Ha dicho el príncipe de Asturias que “Cataluña no es un problema” y aboga por rebajar tensiones; y el ministro de Justicia, el oráculo Ruiz-Gallardón, ve a España fuera del euro si Cataluña se escinde de España. Hombre, Gallardón, y si la política de Mariano Rajoy continua como hasta ahora por el desfiladero del disparate, también. Hay cosas chocantes, o sea, parece más sencillo sacar a España del euro que largar a Wert fuera del  Ministerio por la esquina de corner. Un ministro que se sabe que no iba a ser ministro sino director general del ente público RTVE. Lo que pasa es que a Rajoy le falló a última hora el amigo valenciano y entonces fue cuando Wert ascendió en carne mortal a los tabernáculos del Gobierno con el mismo vértigo con el que  descendió  Félix Baumgartner desde la estratosfera hasta el suelo el pasado domingo. “El meridiano al que hago referencia en el título de mi obra es el de Greenwich, la línea que separa Madrid y Barcelona”, ha explicado Lorenzo Silva, ganador del Planeta con “La marca del meridiano”. Vaya, vaya…, un meridiano, el de Greenwich, que, miren ustedes por dónde, pasa por Caspe, la ciudad del Compromiso. Wert entiende que tal meridiano es una raya carmesí imaginaria que separa a los niños de las niñas en los colegios concertados del Opus Dei; a los niños que usan comedor escolar de los niños de la tartera; y a los jóvenes que harán carrera universitaria de los otros, los que irán a formación profesional. Wert es como aquel capitán del “María”, al que no le interesaba ni poco ni mucho la Vuelta Ciclista a España. Me recuerda a aquel ministro de Educación y Ciencia, Julio Rodríguez Martínez, que lo fue por equivocación, que hizo una reforma académica universitaria que igualaba el año natural con el año académico y que en tono humorístico se denominó como año “juliano”. Por fortuna, sólo duró un curso. Aquel disparate lo tuvo que derogar su sucesor en el cargo, Cruz Martínez Esteruelas.



domingo, 14 de octubre de 2012

Como dos jarrones chinos




Como tengo por costumbre, no vi por televisión la parada militar en  Madrid con motivo de la Fiesta Nacional. Nunca me ha interesado. Dicen que fue más reducido en militares y costes. ¡Menos mal! Pero no pude evitar ver en los  informativos  algo sobre el acto presidido por el rey en Neptuno y el posterior besamanos en el Palacio de Oriente. Me llamó la atención lo que yo entiendo como vergonzosas genuflexiones por parte de las ministras y demás señoras presentes en sus respectivos saludos protocolarios tanto a  los reyes como a los príncipes. Menos mal que hubo una excepción: Celia Villalobos. ¡Chapeau! Por cierto, hubo muchas ausencias: la de Luis de Guindos, que estaba en Tokio en una reunión del FMI, estaba justificada, pero no así la de los diez presidentes autonómicos ausentes. A mi entender, si se parte de la base de que los presidentes regionales representan al Estado en cada una de las 17 Comunidad Autónomas, lo normal  hubiera sido que el día de la Fiesta Nacional de España hubiesen estado presentes en Madrid. La prensa de la derecha ha preferido hacer más hincapié en la ubicación de la infanta Elena. Algunos columnistas han visto como “muy desacertado” que a Elena de Borbón la acomodaran los responsables de  protocolo de La Zarzuela a la izquierda de Alfredo Pérez Rubalcaba. ¿Dónde -según esos triquismiquis-  habría que haberla instalado?  Ya estamos con lo que decía Felipe González sobre el jarrón chino y los expresidentes. Vamos a ver: una cosa es la Familia Real, compuesta por el rey, su cónyuge y sus ascendientes y descendientes directos, y otra muy distinta la familia del rey, compuesta por sus hermanas, las infantas Pilar y Margarita y su cónyuge Carlos Zurita. Lo que sucede en la Casa Real es  como en la Renfe, donde hubo un desdoblamiento entre Adif y Renfe Operadora, aunque todos los trabajadores sigan siendo  ferroviarios. Pues bien, aunque las infantas Elena y Cristina forman parte de la Casa Real por ser hijas de reyes, en los actos oficiales se ha decidido desde La Zarzuela poner el foco sobre un “núcleo central” formado por los reyes y los príncipes de Asturias. Las dos infantas pasarán en los actos oficiales a ocupar un lugar preferente entre los invitados. De hecho, la infanta Elena no estuvo anteayer dentro de ese “núcleo central” en el besamanos del Palacio de Oriente; y, como señaló a los periodistas acreditados, “Este momento tenía que llegar”. Y ha llegado. Son dos infantas de España, pero también dos frágiles jarrones chinos de importante valor  (en este caso, institucional) aunque no exentos de cierto dilema a la hora de encontrarles un sitio ideal sin que estorben.

viernes, 12 de octubre de 2012

Saltando a la comba




Señalaba ayer Ramoneda en El País que “hay en este país demasiada gente que se vanagloria de no poder decir lo que querría decir porque su posición no se lo permite. Esta cultura es contraindicada con la democracia, porque crea dirigentes sin autoestima, que renuncian con suma facilidad a la capacidad de pensar y decidir por sí mismos, es decir, a su dignidad. Esta actitud también es una forma de corrupción estructural. Donde no hay políticos libres, solo hay casta mantenida”. España es una locomotora a la que le falta vapor. La situación no mejora ni lleva trazas de mejorar. No queda otro remedio que volver la vista sobre Ganivet. En “El porvenir de España”  nos recordaba un pasaje del Quijote: “No por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido”. Ganivet se refería a lo que les sucede a los españoles por culpa de malos gobiernos. España es el país con mayor desigualdad de la eurozona; es decir, los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. Ya tenemos 1’7 millones de ciudadanos que no recibe ningún tipo de ayuda y el empobrecimiento de los españoles ha crecido en un 18’4 por ciento. Ante este triste panorama, ¿qué podemos hacer? ¿Saltar a la comba? ¿Preocuparnos por el futuro de las colonias de  posidonias amenazadas por las anclas de los yates? ¿Alegrarnos porque el aeropuerto de Huesca haya recibido en todo el mes de septiembre pasado 67 pasajeros? ¿Conocer la causa por la que Edward Archbold se ha muerto después de ganar un concurso de comer cucarachas?... La paradoja de que el trabajo es libre para el individuo y necesario para la sociedad no ayuda mucho a resolver nuestro dilema. La clase media española ha pasado en pocos años de vivir por encima de sus posibilidades a convertirse en unos tristes ayunantes. Es la clase que más ha perdido en ese toma y daca. La clase baja no ha perdido nada, ya que nada poseía. Y la clase privilegiada, la que ya ni se molesta en esconderse para reírse de las desdichas ajenas, continúa restregándose indecentemente en un merengue de ostentaciones. El poderoso es consciente de que gobierna en la sombra sin necesidad de tener que presentarse a unas elecciones generales cada cuatro años. Esas cosas dan por hecho que son para la “casta mantenida”, esa partitocracia que ha estado rebañando el plato de las cajas de ahorro; y que tiene un encargo dudosamente democrático de controlar mediante vergonzosas listas cerradas a una ciudadanía con una casi nula autoestima, postrada y humillada por la banca y los dueños del ladrillo, tras haberles hecho creer que la recesión es la cosecha de sus propios excesos.

jueves, 11 de octubre de 2012

El Nobel para Mo Yan




El chino Mo Yan, que acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura, tiene un aspecto familiar. Se me antoja haberlo visto en mi barrio regentando un bazar del “todo a cien”. Cuentan quienes lo conocen que sus novelas poseen un “realismo alucinatorio”.  Pronto veremos “Sorgo rojo” o “La república del vino”, además de en los escaparates de los grandes almacenes, en las estanterías de los bazares de los barrios, junto a las teteras, los alicates, las tulipas y los marcos para fotos. No pasa día sin que los chinos nos den sorpresas. Son muy trabajadores y lo mismo fríen una corbata que  planchan un huevo frito. En mi barrio se dedican a los bazares y a los negocios de hostelería.  Cada vez que un bar de los de siempre pierde clientela por culpa de la crisis, enseguida se traspasa a una familia de origen chino que lo levanta y le saca brillo y rendimiento. Para los chinos no existen los días festivos y son capaces de hacerte unas papas bravas o unos calamares a la romana cinco minutos antes de la hora del cierre obligado por los ayuntamientos. Y los veladores funcionan de maravilla. Pides una cerveza y siempre la acompañan con un extenso plato de pipas de girasol, o de cacahuetes, que no acabas de pelar en toda la tarde. Te producen más sed y vuelves a pedir otra cerveza, y así… En fin, que me alegro de que a un chino le hayan dado el Premio Nobel. Los suecos son gente práctica, que saben vender estanterías, útiles de cocina y albóndigas en sus tiendas de Ikea. Otra cosa es que las estanterías que compras en forma de kit, donde se acompaña un pequeña llave de Allen en forma de zeta, más tarde la sepas montar en casa fijándote en una cuartilla-plano. Como te dejes de meter un tornillo en su correspondiente agujero, vas listo. Y los pragmáticos suecos también son conocedores de que China representa el futuro ahora, cuando Europa y el euro hacen aguas. La mejor manera de hacerse el sueco, por tanto, es concederle el Nobel a un chino, mejor aún si ese chino nacido en Gaomi es capaz de hacer buena literatura.

Decencia por arrobas




Vamos, que en la prensa conservadora va a ser necesario tener que añadir a determinados columnistas del incensario y de la decencia más “puntos didot” para tanto elogio. (Para el que no lo sepa, en tipometría el didot equivale a la doceava parte de un cícero). Es la tercera vez en poco tiempo que leo un artículo de Alfonso Ussía en La Razón opinando sobre la decencia al referirse a las Fuerzas Armadas. El pasado 15 de julio, en su artículo “Eso de la decencia”, hacía referencia a dos militares: Agustín Muñoz Grandes y Luis Carrero Blanco. ¡Vaya tela! Al primero de ellos, por haber ido un domingo a ver la Yeguada Militar en el Hipódromo de la Zarzuela conduciendo un  “seiscientos” en vez de hacerlo en un vehículo del Parque Móvil Ministerial,  recordando una anécdota que Manuel Martín Ferrand había contado días antes en el diario ABC y que había dedicado  a Claudio Carudel, el jockey fallecido en Madrid de un tumor cerebral el pasado 8 de julio. Pues bien, el pasado 3 de octubre, Ussía volvía a referirse, también en ese medio, a la decencia de los miembros de las FAS en su artículo “Justicia y decencia”. En esa ocasión pedía disculpas a Dani Pedrosa, al interpretar erróneamente que éste no había querido “pasear” la bandera de España desplegada tras su triunfo en el Gran Premio de Aragón. Y hoy, 11 de octubre, Ussía, en su artículo de La Razón, “¡Qué aburrimiento!”, vuelve a hacer referencia a la decencia del Ejército, y aprovecha, cómo no, para arremeter contra Artur Mas (por haber decidido no  acudir mañana a Madrid a la parada militar presidida por el rey); ensalza a los soldados que ayudaron  “con riesgo de sus vidas” a sofocar incendios en Cataluña el verano recién terminado; y sigue contando que “de todos esos hombres decentes (los militares), los que alcanzan el más alto rango después de servir sin condiciones a España y a la sociedad durante cuarenta años, pasan a la Reserva con una jubilación de dos mil euros”. Pues hombre, teniendo en cuenta que dos mil euros en estos tiempos no es moco de pavo para un jubilado por muchas estrellas que lleve, y considerando que las FAS no están incluidas en el Régimen General de la Seguridad Social al pertenecer  a ISFAS, qué quieren que les diga. Al menos, cuando deciden ir a una residencia de ancianos tienen ayudas importantes de ese Instituto armado, disponen de residencias de verano en determinados puntos de España y, por si fuera poco, cuando almuerzan en determinados comedores de las FAS (yo conozco dos en Madrid) pagan menos de cuatro euros por menú. Menos da una piedra. Pero la cosa no queda ahí. El pasado 9 de octubre, Ussía moderaba un debate en el periódico donde publica sus columnas. Estaba invitado al acto el ministro Morenés. Y Ussía, en uso de la palabra, volvió a referirse a la pensión de jubilación de los militares: “Pero aquí –dijo refiriéndose a los militares presentes- hay unos señores que son los servidores de España, que se pasan y entregan toda su vida para servir a España y a los españoles y que al cabo de la culminación de sus carreras, de brillantísimas carreras, pasan a la escala B, y se retiran con un sueldo que se consideraría ridículo de acuerdo a sus merecimientos”.  Y para redondear su discurso, Ussía hizo como los toreros de postín, o sea, puso “la pata pa'lante” y ejecutó dos medias verónicas y una revolera: “Por eso, estamos en una sala abarrotada de decencia, y tenemos aquí al ministro de Defensa. Ministro, eres muy afortunado,  por tener tanta decencia a tus órdenes”. No vean, me está entrando un rubor… En fin, yo lo que creo es que Ussía tiene “pelusilla” de Carlos Herrera, al que el otro día le impuso una condecoración el ministro del Interior en la Plaza del Pilar (con ocasión de ponerle otra condecoración a la Virgen) por unos merecimientos (los de Herrera, claro) que escapan a mi modesto entender. Pero, hombre, tampoco es cuestión de pasarse el día relacionando a las FAS con la decencia de forma cansina. A los militares españoles, como al resto de los ciudadanos que conformamos el Estado, el valor se le supone y la decencia también. A este paso, veo a Ussía cantando en los tablados flamencos “Mi triguito limpio” con el mismo brío que ponía Pepe Pinto: “¿Maria Manuela, me escuchas? / Yo de vestíos no entiendo / Pero…¿te gusta de veras / ese que te estás poniendo? / Tan fino, tan transparente, / tan escaso y tan “ceñío”/, que a lo mejor por la calle / te vas a morir de frío”. Uff, me voy a comprar el pan, que cierran.

miércoles, 10 de octubre de 2012

El Tuerto




Hasta las fiestas pilaristas tienen su riesgo. Resulta que una madre ha denunciado a un cabezudo por sacudirle a su hijo un varazo desproporcionado en la zaragozana plaza del Justicia el pasado lunes. Se trata de El Tuerto, uno de los 9 cabezudo o “gigantillos” (por su enorme cabeza) que salen de paseo  en las comparsas el día de san Valero, en la Cincomarzada y durante las fiestas patronales. El Tuerto apareció por las calles látigo en mano a finales del siglo XVIII y se trata de la representación  esperpéntica de un personaje que existió realmente, Melendo, un médico de Zaragoza conocido tanto por su pericia profesional como por su mal genio. Aparece vestido con un bicornio negro de estilo francés y una chaqueta y unas calzas de terciopelo verde. En Zaragoza existe la tradición de sacar a los cabezudos a la calle y también de fabricarlos en cartón-piedra. Entre los fabricantes, destacó Felipe Recacha, propietario de la “Juguetería Recacha”, que fabricó y reparó cabezudos hasta los años 70, cuando traspasó el negocio a José María Gago. En  fin, ya veremos en qué queda la denuncia. Las grandes cabezas de cartón que conforman los cabezudos de Zaragoza son portadas por gente sencilla, posiblemente en paro, contratada por el Ayuntamiento para esos menesteres. Puede que a El Tuerto se le fuese la mano sin pretender hacer daño. Esas cosas pasan, aunque Marta Cuadal, madre del niño fustigado no termine de entenderlo. Es, por decirlo de alguna manera, como si una madre indignada hubiese denunciado al rey Melchor por lanzar un caramelo desde su carroza durante la cabalgata y le hubiese dado a su hijo en un ojo. Son “daños colaterales” de menor cuantía, salvo que se trate de un “adoquín” de Calatayud de medio kilo, de los que elaboran en Casa Micheto, que en tal caso entraría de lleno en el delito de lapidación, o sea.

Wert y su pretendida catequización




Recuerdo aquellas huchas que se depositaban en las escuelas de mi infancia. Eran unas mijarretas (dicho sea en fabla aragonesa) con cabezas de negritos y una ranura encima. Aquellas monedas recaudadas servían, según contaba el cura ecónomo en su visita anual a la escuela, para cristianar infieles. Los infieles, o sea, aquellos negritos del África tropical que aparecían dibujados en los botes de cartón del “cola-cao” cargando sacos, fueron los proveedores de aquel “milagro” de Nutexpa, empresa que nació en 1940 en Barcelona de la mano de José Ignacio Ferrero y José María Ventura y que lanzó al mercado el famoso cacao en polvo en 1946, con el apoyo publicitario de una canción muy pegadiza en la radio: “Yo soy aquel negrito del África tropical…”. Y aquel producto, junto a los cubitos de caldo concentrado “avecrem”, adormeció el terrible gusanillo de la hambruna de varias generaciones de posguerra. Curiosamente,  los empresarios Ferrero y Ventura pertenecían al barcelonés  Barrio de Gracia; y Luis Carulla, el fundador de “Gallina Blanca” (en principio llamada “Gallina de Oro”) tuvo su primera sede en el Paseo de Gracia. Pues bien, aquellos primeros cubitos “mágicos” estaban compuestos de onza y media de carne argentina y un extracto indeterminado de legumbres y hortalizas. Fue a partir de 1954 cuando apareció el “Avecrem”. En la cadena SER, cada viernes, Joaquín Soler Serrano transmitía el programa “Avecrem llama a su puerta”, donde se hacía realidad el sueño de un concursante si era capaz de superar las pruebas a las que era sometido. Pocos años más tarde, con el Plan de Estabilización de 1959, Cataluña absorbió gran parte del paro andaluz y extremeño que no se había atrevido a  marchar a Alemania y vivir dentro de un barracón. Cataluña, en suma, no sólo engañó el hambre calagurritano con sopicaldos para echar a los fideos y “cacaos maravillaos” sino que, además, proporcionó trabajo a muchos españoles del Sur que hasta entonces sólo sabían fabricar botijos y castañuelas y domeñar a niños-prodigio para hacer pésimas películas lacrimógenas producidas por Luis Lucia. Y, ahora, en el tiempo actual, cuando el hambre vuelve por sus fueros en España y los políticos prometen que el desempleo se arreglará cuando lo haga la economía, ¡largo me lo fiáis!, el ministro Wert no pone cabezas de negritos en las escuelas catalanas pero intenta castellanizar Cataluña, cuestión harto dificultosa. Acaba de decir ayer, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, que “el interés del Ejecutivo es españolizar a los alumnos catalanes”, en una respuesta al diputado socialista Francesc Vallés, quien le replicó que “sus consideraciones son propias de la ‘formación del espíritu nacional’  [Plan del 57] que formaba parte del sistema educativo de la posguerra española”. Y no le falta razón.

martes, 9 de octubre de 2012

Dónde habitan las manolas




El pasado domingo, día 7, fue como si a todo dios le hubiera dado por vestirse de carnaval. En Zaragoza, la presidenta de la Comunidad, Luisa Fernanda Rudí, asistía en la Plaza de las Catedrales a una parada militar presidida por el ministro del Interior (que últimamente se prodiga como la sal en todas las borrajas) y donaba una bandera a la VIII zona de Benemérita que había costado a la DGA casi 6.000 euros. Y Rudí, que también recibía una condecoración por no sabemos qué méritos contraídos, se paseaba en mañana soleada por la plaza-adefesio de González Triviño vestida de manola, o sea, de negro, con zapatos de chúpame la punta, mantilla española y peineta. Un conjunto que hasta es posible que repita durante el insufrible Rosario de Cristal, donde se aprovecha por los “misicas” que mean en arco para empujar y airear la maqueta del Alcázar de Toledo o la carroza de los remolacheros, es decir, lo que ahora se llama  farol de la Asunción de Nuestra Señora, que fue “donado” por  los remolacheros y azucareros españoles en 1956. Lo de “donado” es necesario ponerlo entre comillas. A los remolacheros no sé, pero a todos los trabajadores de las azucareras, que entonces había muchas en España, les restaron de sus nóminas correspondientes, sin preguntarles  si deseaban hacer o no tal aportación, una determinada cantidad de pesetas con el único fin de poder financiar el dichoso farol,  además de una copia reducida que sería enviada al Palacio del Pardo. Y el pasado domingo, digo, en el Vaticano, a la misma hora, aparecían de manolas la vicepresidenta del Gobierno y la secretaria general del PP con motivo de los nombramientos papales de doctores de la Iglesia Universal a san Juan de Ávila y a santa Hildegarda de Bingen, mujer a la que, pese a haber nacido en 1098, curiosamente, la Iglesia Católica había olvidado elevarla a los altares, subsanándose tan “incomprensible error” el pasado 10 de mayo. Yo tenía entendido que las manolas eran tres hermanas pianistas muy conocidas en Granada. Pero esas eran otras manolas, las manolas de Federico García Lorca: “Granada, calle de Elvira, / dónde viven las manolas, / las que se van a la Alhambra, / las tres y las cuatro solas. / Una vestida de verde, / otra de malva, y la otra, / un corselete escocés / con cintas hasta la cola”. Estas manolas de ahora, Rudí, Sáenz de Santamaría y De Cospedal,  representan ese reducto cañí en el que habitan las inquilinas de “La casa de Bernarda Alba”. Es el residuo sombrío, opaco y estrambótico de la España de garbanzo y sacristía que aborrezco con todas mis fuerzas.