miércoles, 19 de diciembre de 2012

Don Gonzalo González de la Gonzalera




Tomo el título del costumbrista José María de Pereda, donde se enfrentan dos concepciones del mundo distintas, la simbolizada por Osmunda, don Lope y don Gonzalo y la representada por Magdalena. Algo parecido a lo que acontece ahora, salvando las distancias. Ello viene a cuento con las últimas declaraciones del presidente del CGPJ, Gonzalo Moliner Tamborero, fundador y miembro destacado de Jueces para la Democracia, al haber declarado a RNE que viajar en clase turista no da la mejor imagen para quien preside el Poder Judicial y el Tribunal Supremo. Para mí que este magistrado ha practicado un redoble de tambor circense con tales declaraciones. Los cargos públicos, como los que él ejerce, ya están suficientemente bien retribuidos con cargo al contribuyente y gozan, además del debido respeto al empleo, de coche oficial y de guardaespaldas. Gonzalo Moliner es el sucesor de Carlos Dívar, el de los famosos escándalos con sus conocidos viajes a Marbella y por los que se vio obligado a dimitir. Gonzalo Moliner, que ya advirtió en su primera comparecencia  parlamentaria que el futuro próximo de la Justicia “no es en absoluto prometedor”, y que serían  necesaria la provisión de 409 jueces y magistrados más, aunque “en la situación actual no es posible debido a la crisis económica”, nos sale ahora con esos delirios de grandeza. Para Gonzalo Moliner, a tenor de sus declaraciones, la clase turista es para uso de la tropa. Sólo acierta, a mi entender, cuando supone que el futuro de la Justicia no es prometedor. Le ha faltado decir que no es prometedor para aquellos que viajan en clase turista, o sea, para la clase media, que no podrá pagar de ninguna de las maneras las nuevas tasas judiciales adoptadas por el ministro Ruiz-Gallardón. De ahora en adelante sólo se librarán de las nuevas tasas judiciales los pobres de solemnidad, que sólo viajan de acera en acera en las grandes ciudades rebuscando en los cubos de basura. Curiosamente, los pobres de solemnidad, que cada vez son más en este país, tampoco acuden mucho a la Justicia. No tienen pleitos que dilucidar y son de buen conformar.  Conllevan su cruz y dormitan cuando la sociedad les deja un hueco para cabecear arropados con unos cartones del super. Como ciudadano corriente que respeta la libertad individual, jamás me opondré a que Gonzalo Moliner Tamborero, otrora chico del Colegio Salesiano de Burriana, viaje en clase preferente. Eso sí, cuando sus desplazamientos sean privados y se los costee de su bolsillo.

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