miércoles, 31 de julio de 2013

Sostener el sistema



Yo no sé por qué razón se mosquea la gente. En La Moncloa se acaba de sellar el Pacto por la Sostenibilidad y la Calidad del Sistema Nacional de Salud, que suena hasta bien. Parece que con ese “pacto-analgésico” deberían desaparecer de inmediato los males patrios, que son muchos. Pero no. Eso de las nuevas estrategias para impulsar la gestión clínica equivale a decir que los enfermeros podrán prescribir determinados fármacos, hasta ahora sólo permitido a médicos y odontólogos. Y digo que yo no sé la razón por la que se mosquea la gente ante esa nueva situación que deroga la Ley del Medicamento de 2006. Cuando uno acude a la oficina de Farmacia y desea hacer una consulta sobre un dolor que persiste en un oído o en una pierna, lo normal sería que dolorido ciudadano consultase con el farmacéutico  sobre qué remedio podría paliarle tal padecimiento sin tener que acudir a consulta médica ambulatoria. Pero lo normal en estos casos es que el que da consejos no es el farmacéutico que, curiosamente, siempre ha salido un momento para hacer una gestión,  rellenar el boleto de la primitiva, o tomar su tercer café en el bar de costumbre y, ya de paso, echar un vistazo a los obituarios que aparecen en la prensa regional. “Vaya -piensa mientras lee-, a Paco, el de la tienda de novelas, no le sentó del todo bien el ácido alendrónico; y  a Gómez, el de los ultramarinos, le fue fatal la toma de “Septrin Forte”. Pero, mientras, el mancebo de botica resabiado, se explaya lanzando carrete al sufrido cliente, que le observa ensimismado y de forma parecida a  cuando yo le cuento a mi nieta Candela, que sólo tiene dos años, la  extraña personalidad del Sacamantecas. Día llegará, a este paso, que no será necesario que el enfermero de turno expenda recetas como el que confecciona vales para que el indigente pueda tener  derecho a comer la sopa de conventos. No tardando mucho, ya se encargará la ministra Mato de confeccionar otro nuevo Pacto de Sostenibilidad para que sea la limpiadora del hospital la que se encargue de esas cuestiones burocráticas. A fin de cuentas, el Sistema Nacional de Salud está muy relacionado con la higiene y nadie como ella, la encargada de la escoba y la fregona, para administrar “Fairy” en el cubo del agua y penicilina en los baldados cuerpos. Todo sea en beneficio de la sostenibilidad del sistema sanitario y a mayor gloria de Mariano Rajoy.

martes, 30 de julio de 2013

Degenerando




En su artículo de hoy en ABC de Sevilla, Antonio Burgos, genial como siempre, hace referencia al escaparate de Galán, en la sevillana calle de Sagasta número 5, que se fundó el mismo año que el ABC, aunque ahora digan los actuales propietarios que se fundó en 1903. Bueno, es verdad  pero a medias. Don Torcuato Luca de Tena y Álvarez de Ossorio lo fundó en 1903 como semanario, hasta que el 16 de junio de ese año pasaría a ser bisemanario y no sería periódico diario hasta el 1 de junio de 1905. Aunque, todo hay que decirlo, el ABC de Madrid tuvo un padre, que nació en Barcelona el 1 de enero de 1881 y que no fue diario hasta el 1 de junio de 1883, y un nieto, el ABC de Sevilla, que vino al mundo el 12 de octubre de 1929. Y dicho eso, vuelvo con “El recuadro” de Antonio Burgos. Escribe: “Todos, y me apunto el primero, nos vestimos ya en verano como si la orilla de la playa estuviera en La Campana. Con la calor nos vestimos ahora en Sevilla como se ponía antes la gente para veranear en Chipiona y en Mazagón. Lo de ir descamisados es lo de menos. Lo de más, la mugre ambiente de las chanclas, los pantalones piratas, las camisetas de tirantas, los peludos sobacos al aire. ¿Y las niñitas y niñatas, con esos pantaloncitos así como vaqueros, tan cortos que la camiseta que llevan por fuera es más larga que el pantalón, que casi les deja las nalgas fuera de cobertura? Con decir que un señor con un buen pantalón con raya y una camisa de manga larga limpia y planchada va ya como si fuese de etiqueta...”. Bueno, eso acontece en toda España. En Zaragoza, donde yo resido, sólo van de traje, quiero decir de traje negro y corbata verde, los vendedores de “Tecnocasa”, los jóvenes de esa empresa de compra-venta de pisos y locales que lo tienen más crudo que esa comida japonesa del sushi, el sashimi y las ensaladas de algas. Los ancianos van de chándal, los padres de familia de vaquero y camiseta reivindicativa de algo y los jóvenes, unos en chancletas, camiseta de tirantes y pantalón parecido al que se puso Manuel Fraga en Palomares cuando aquello de la bomba; y, otros, vestidos de negro, como esos camareros a los que ahora les da por ir fuliginosos, o las hijas de Zapatero cuando fueron de turismo a la Casa Blanca.  Pero lo de Fraga tenía explicación puesto que era para meterse en el agua, pero lo de los jóvenes no, que no se mojan los pies ni cuando llueve. Y en todos ellos, viejos, hombres de mediana edad y jóvenes, existe un denominador común: una bandolera cruzada de lado a lado de su cuerpo como aquel correaje que llevaban los guardias civiles de una sola cincha para que no pudieran  ir de medio lado portando el  pesado “nueve largo”. Un guardia civil de entonces, sin ese talabarte cruzado, hubiese sido lo más parecido a un camión con el “cervi” roto. La  “Galán  Camisería” sevillana se da un aire a la zaragozana “La Bayonesa”, situada en el número 74 de la calle César Augusto, o al primer “Reija”, el establecido en su día en el Paseo de la Independencia por Severino Reija, un futbolista gallego que antes de establecerse con éxito había jugado diez temporadas en el Real Zaragoza. Los niños de hoy no entenderían aquellas viñetas del “TBO” de mi infancia, donde se veía a un sastre por la calle persiguiendo al cliente para que le pagase, como no entenderían lo del pollo de Carpanta. Hoy los chavales  creen que los pollos asados de “El Corte Inglés” corren desplumados por las calles de los pueblos. Lo de los sastres es peor. Ellos murieron para siempre cuando Yves Saint Laurent inventó el  prêt-à-porter”. Bueno, queda alguno de triste recuerdo, como José Tomás, no el torero sino el tipo aquel que aseguró en su día que los trajes de lujo que regalaba a políticos valencianos eran pagados por “Orange Market” con billetes de 500 euros. Salvo ellos, los presuntos políticos de la horchata, la mascletá y el atavío fetén, el resto viste en los mercadillos, esos que se plantan a la intemperie de diez a catorce los miércoles y domingos. ¿Cómo se ha podido llegar a este estado de cosas?  La respuesta, quizás, habría que encontrarla en una anécdota muy ilustrativa. Resulta que un banderillero de Juan Belmonte,  Joaquín Miranda, el mediocre banderillero sevillano nacido en Triana en 1894 que había trabajado a las órdenes de Maera, Algabeño y Marcial Lalanda, después de la guerra ocupó el cargo de gobernador civil de la provincia de Huelva. Dado su cargo político le tocó presidir un festival benéfico al que asistía Belmonte con un amigo que no sabía nada de tauromaquia. El amigo acompañante de Belmonte había oído algo sobre la biografía de ese gobernador civil pero no sabía dónde. El caso es que, mosqueado al verlo en el palco presidencial, no pudo por menos que preguntarle a Belmonte: “Don Juan, ¿es verdad que este señor gobernador ha sido banderillero suyo?”. Belmonte le respondió: “Sí”. Y el amigo insistió: “Don Juan, ¿y cómo se puede llegar de banderillero de Belmonte a gobernador?”. Entonces, Belmonte, con su habitual tartamudeo, le respondió: "¿Po… po… po cómo va a sé?  ¡De… de… degenerando…!”. Otro día, con más tiempo, es posible que escriba sobre ese tal Joaquín Miranda González, que resultó ser lo peor de lo peor.

lunes, 29 de julio de 2013

Más jefes que indios




En España teníamos hasta hace poco el jamón ibérico y el ancho ibérico (para las vías de la Renfe). Al jamón ibérico en Portugal le llaman presunto ibérico, y hacen bien en llamarle así, ya que se venden más jamones ibéricos que piaras hay pastando en las dehesas de alcornocales del pueblo salmantino de Guijuelo, de Huelva, de Los Pedroches, que es un valle de la provincia de Córdoba que cuenta con 17 municipios, de Cáceres y  de Badajoz. En Los Pedroches se creó hace años la asociación “Que pare el tren en Los Pedroches”, con el fin de reivindicar la parada del AVE Madrid-Códoba-Sevilla en esa comarca, verbigracia Pozoblanco, el más grande de todos ellos en número de tarugos, que tal es el gentilicio popular que denomina a sus habitantes. Pues bien, el ancho ibérico fue  monopolio de la Renfe desde 1941 hasta la disolución de esa compañía pública el día de san Silvestre de 2004. A partir de entonces, Renfe se desdobló en dos: Renfe Operadora, que se encargaría de explotar los ferrocarriles y Adif, que gestionaría las infraestructuras y las estaciones y, además de ello, cobraría un canon a Renfe Operadora como usuaria de la red, en cumplimiento de la normativa europea de ferrocarriles sobre apertura a la competencia. Se producía la primera metástasis ferroviaria. Y ahora, el Gobierno, en boca del secretario de Estado de Infraestructuras, Rafael Catalá, pretende favorecer la segunda metástasis, es decir, segregar Renfe Operadora en cuatro sociedades filiales: transporte de viajeros, transporte de mercancías, talleres y alquiler de trenes; y Adif en dos: una para los activos y la deuda de la Alta Velocidad y otra para la infraestructura convencional. O sea, de ahora en adelante habrá más cargos directivos en los ferrocarriles españoles y más expedientes de regulación de empleo “voluntarios” entre los trabajadores. Cuando hay más jefes que indios ya se sabe cómo acaba la película. Esas dos empresas públicas cuentan con alrededor de 13.600 trabajadores en Adif y unos 13.400 en Renfe Operadora. Pese a todas esas previstas modificaciones estructurales, la Comisión Nacional de Competencia ha señalado que “Renfe es relativamente poco eficaz en la utilización de sus recursos, tanto de personal como de material rodante (referido a mercancías) en comparación con el resto de operadores públicos europeos y  hace referencia al distinto ancho de vía, a los procedimientos de Adif para adjudicar capacidad y fijar los cánones por uso de vía, a la falta de interoperabilidad con los puertos y la carretera, a la lentitud, al menor tamaño de los trenes y a la gestión de las terminales logísticas”. A la ministra de Fomento, Ana Pastor, alguien con capacidad bastante debería recomendarle que promoviese otra tercera vía de actuación más pragmática y más acorde con los tiempos, dividiendo los trenes en Alta Velocidad Pero Sin Pasarse, en Baja Velocidad Como Los Tranvías de Zaragoza y en Trenes de Parques y Jardines, para solaz de los turistas, que constituyen la primera fuente de ingresos en España, o sea.

domingo, 28 de julio de 2013

Ron con coca-cola





El diario El País le hace una entrevista a Francisco Gómez, que es la coca-cola del Ron, es decir, el consejero delegado del Banco Popular, después de haber presentado resultados (170 millones en el primer semestre). Leo atentamente. A la pregunta de Iñigo de Barrón: “El ministro de Economía compara la recuperación con una flor de invernadero”, Gómez responde: “Hay síntomas buenos, como el turismo, pero hay que ser moderadamente optimistas”. Toco madera y me agarro a las orejas del sillón. Si la recuperación de este país depende del número de turistas que nos visiten, apaga y vámonos, salvo que el futuro de España esté destinado a ser un país de camareros y de echadoras de cartas. Un poco más adelante, Gómez cuenta que “tenemos un sistema financiero muy sólido, muy solvente y de los más capitalizados de Europa”. Bueno, puede que así sea, pero se olvida añadir que ello se debe al “rescate” europeo a la banca española por medio del FROB y que acabaremos pagando todos los ciudadanos en beneficio de bancos y cajas, donde incluyo al Banco Popular, quienes cegados por la avaricia, no supieron prever las consecuencias de la burbuja inmobiliaria. Gómez dice al entrevistador que “seguimos volcados con las pymes, los comercios, los autónomos y las familias para darles el mejor servicio. Es nuestro compromiso”. Vamos, esa respuesta me recuerda aquel eslogan de una determinada entidad de ahorros, cuyo nombre omitiré por sentir vergüenza ajena, cuando en su publicidad se decía: “nunca hubo un interés tan desinteresado”. ¿Está seguro Gómez que las pymes, los comercios, los autónomos y las familias están recibiendo créditos de los bancos? Ayer ese mismo señor declaraba en “El Mundo”: “Daremos créditos pero con prudencia, ante el entorno complejo”. Francisco Gómez debería llamarse Francisco Alegre ¡y olé!, Francisco Alegre ¡y olá!, yo estoy rezando por él con la boquita cerrá. Pero volvamos a “El País”. A la pregunta: “¿Cree que el Gobierno tiene una actitud contraria a los bancos, como dicen algunos?”, la respuesta no pudo ser más contundente: “No. El Gobierno gobierna y ejerce su acción legisladora”. Aquí, Gómez ha tenido un lapsus. La mayoría absoluta en las dos Cámaras a favor del PP no significa que el Gobierno ejerza su “función legisladora”. Este consejero delegado del Banco Popular, o del Pim, Pam, Pum, se ha hecho un lío con la separación de los tres poderes y ya no sabe si el Gobierno es el que legisla, el Parlamento el que ejecuta y el Poder Judicial el que tiene que bailar con la más fea la pieza más larga. Francisco Alegre y Olé todavía no sabe si este año cobrarán dividendos los accionistas. No sé, a mí me da que un banco que no permite “cortar el cupón”, como se decía antes a lo que ahora es “deuda anotada”, sin títulos físicos, no me interesa como inversión, por más que hace seis meses se hiciera una ampliación de capital de 2.500 millones de euros y que en junio pasado esa entidad bancaria practicara un “contrasplit” (de 1x5) para que,  psicológicamente, diera la sensación de que tenían más fuerza los títulos en el Mercado de Valores. Estos días las acciones del Popular suben en Bolsa. ¿Seguro que no asoma la punta de la alargada sombra de Caixabank como si fuera la sobra de Belfegor? Él afirma que no, que seguirán siendo independientes. Mire, Gómez, tome nota: tras finalizar “Diamantes para la eternidad”,  Sean Connery aseguró a su esposa que no volvería a interpretar al agente británico James Bond  nunca jamás” y ella le replicó: “Nunca digas nunca jamás”. ¿Se ha enterado bien? Pues, ¡hala!, espabilando, que es gerundio. 

sábado, 27 de julio de 2013

El yintoni



El “yintoni” está de moda. Como se te ocurra ir a un bar de pijos y pidas una caña estás copado. El camarero de la barra te mirará como si fueras en busca de trabajo temporal. Aquí,  por cambiar, ya se ha cambiado hasta el patrón de la Hostelería. ¿He dicho patrón? Bueno, perdonen, he querido decir patrona. Hasta hace poco tiempo la patrona de la Hostelería era santa Marta, no por la ciudad colombiana que tiene tren pero no tiene tranvía, ni por Marta Ferrusola, la esposa de Jordi Pujol, que funciona sin trole y sin catenaria, sino por Marta, la de Betania, la hermana de María Magdalena y de Lázaro, que no estaba muerto, que no, que estaba tomando cañas,  y que un día invitó a Jesús a tomar un tentempié. Hay que pedir un “yintoni” en copa de balón, como debe ser. Ahora hay cursos para aprender a hacer “yintoni” con la maestría de Perico Chicote. La ginebra no sé, pero la tónica, esa bebida que inventó un tal Jacob Schweppe, que no era barman sino joyero, incluye quinina, que combate el paludismo pero no las paletadas de los seguidores del nuevo patrón de los bares: san Bar-tolo, que es un intento de la empresa americana “Coca-cola” para sacar –dicen- de la crisis a los bares españoles. Pero, ¿qué crisis? ¡Si no existe otro país europeo en el que haya más bares por metro cuadrado! Ni san Bar-tolo ni leches. Esa empresa de refrescos americana no tuvo bastante con cambiar el verde por el rojo en el traje de Santa Claus, que ahora pretenden que el 29 de junio sea el día grande en España. Los americanos, ya se sabe, son capaces de cambiar el Santoral a base de Twitter. Comprendo que los negocios hosteleros están de capa caída por culpa de la crisis económica, pero no hay que echar más leña al fuego. El último Consejo de Ministros acaba de subir de 500 a 1.000 euros la multa por rebasar las tasas de alcoholemia al volante, además de los 6 puntos de quita en el permiso de conducir. Ya existen guías para hacer el “yintoni” perfecto, como el de Ana Lorente y Sara Cucala, y se sabe cuáles son las ginebras más adecuadas: Bombay Sapphire, Hendrick´s, Citadelle, Tanqueray… Vamos, todo un curso de postgrado.  El español aprende pronto, ya que sabe de todo, de catas de vinos, de frenos de locomotoras, de la función de los flaps en los aviones, de aceites, de los mejores productos de “Hacendado”,  de lo que sea. Lo sabe todo, digo, y lo que desconoce lo consulta en internet, que es como el “Pons” para los médicos de familia.
--Camarero, un yintoni, por favor.
--¿Con Tankeray y limón salvaje de la huerta del Júcar?
--Bueno.
--Qué calor, eh.
--¡Y qué¡
--No, nada.
--¡Ah…¡
El yintoni hay que tomarlo a pequeños sorbos, en mesa de velador y con noche estrellada, para que se propague el sosiego y  no se enoje el funcionario de la ventanilla de la oficina de las tripas, o sea.

viernes, 26 de julio de 2013

El maquinista, ¿culpable?




Ayer visitaron hospitales y el lugar del accidente ferroviario de Galicia los Reyes. Hoy lo han hecho los Príncipes con un protocolo parecido. Un detalle que se agradece, pero la noticia del día en la prensa, tanto de ayer como de hoy, de ninguna de las maneras lo constituyen esas visitas. Ayer, digo, los Reyes, hoy los Príncipes. Y tanto ayer y hoy  las calles abarrotada de ciudadanos para vitorearles. De entre esa multitud, la voz de una mujer anónima gritando a la princesa consorte: “No se olvide de los enfermos”, como en los cuentos de Calleja, cuando la princesa podía transformar a un pastorcillo de cabras en duque  o en rana. Adif, en boca del presidente Gonzalo Ferré, le echa la culpa al maquinista. Francisco José Garzón Amo, que bastante tiene ya encima y hace bien en negarse a declarar en el interrogatorio policial, está herido física y psicológicamente y merece respeto. El jefe de Policía, Jaime Iglesias, ha señalado a los medios que el maquinista “está imputado por un hecho delictivo vinculado a la autoría del siniestro”. Pero bueno, ese hombre de qué va. Haría bien en no hacer valoraciones subjetivas y en dejar trabajar a la Judicatura. Yo tenía entendido que era a los jueces a quienes correspondía imputar a los ciudadanos cuando éstos, los jueces, entendían que podían existir indicios de hechos dolosos, pero el tal Jaime Iglesias ya da por hecho que el maquinista ha cometido un “hecho delictivo” sin tan siquiera atribuirle la presunción de inocencia. Siento vergüenza ajena. A este paso, pronto llegará el día en el que los ciudadanos nos veamos obligados a tener que probar nuestra inocencia frente a las acusaciones de cualquier funcionario del Estado, como sucedía en el franquismo. Es el mundo al revés. Si el maquinista había pasado sesenta veces por la curva de Angrois, como ha señalado el presidente de Renfe, Julio Gómez-Pomar, queda claro que conocía perfectamente el trayecto. Parece una frivolidad, en cualquier caso, que los responsables de Renfe y de Adif apuntaran como hipótesis el fallo humano antes de proceder a la  investigación de las causas de la catástrofe. Pero el presidente de Semaf (sindicato de maquinistas), Juan Jesús García Fraile, hacía una defensa de su compañero y ponía en cuestión la versión oficial. Declaraba: “El sistema de seguridad instalado en ese tramo, el ASFA, disponía de un mayor grado de dependencia del factor humano que el sistema europeo de gestión del tráfico ferroviario (ERTMS). También añadía que si este último hubiera estado desplegado en la zona del siniestro el accidente no habría ocurrido”. Aquí lo más fácil es culpar al maquinista para acallar a los consternados ciudadanos hartos. Siempre pasa. Y si el maquinista hubiese muerto en el descarrilamiento, miel sobre hojuelas, carpetazo y asunto zanjado. No es eso, no es eso. El desgraciado accidente de Angrois no es el “crimen del cortijo de Los Galindos” ni Francisco José Garzón es José González, aquel tractorista suicidado sobre el que recayeron todas las culpas y sobre el que más tarde serían desmontadas las hipótesis oficiales. No hubo otra justicia. No existe otra justicia cuando no interesa que la haya. Lo estamos viendo casi a diario en este país, cuando comprobamos estupefactos que no se adaptan los delitos a los códigos sino a la inversa. Y cuando un asunto grave concierne a determinadas esferas de poder, sencillamente se espera a que el delito  prescriba o, simplemente, se le condena para, al poco,  proceder al indulto del delincuente en Consejo de Ministros.

jueves, 25 de julio de 2013

Incompetentes





Un día después de tragedia del tren híbrido “Alvia” en las proximidades de Santiago de Compostela con un balance provisional de casi ochenta muertos, el delegado del Gobierno en Galicia, Samuel Juárez, por un lado, y Renfe Operadora y Adif, por otro, discuten si eran churras o merinas, es decir, si el convoy circulaba en la maldita curva a 220 o a 180 km/h. Da igual una cifra que la otra cuando se trata de un tramo en el que sólo se permite circular a 80. Que el tren llevase cinco minutos de retraso tampoco justifica tal exceso de velocidad. También falló la baliza de seguridad. Pero lo más triste de todo es la declaración el maquinista, que reconoció que iba a 190, cuando señaló: “Descarrilé, qué voy a hacer!”. No pretendo echar más leña al fuego, pero entiendo que el maquinista no meditó las consecuencias de esa “locura”. Errores los cometemos todos, pero las insensateces merecen castigo. Aquí hay demasiados incompetentes. Y mientras esa tragedia consternaba a todos los españoles, Mariano Rajoy enviaba un comunicado de pésame a Núñez Feijóo, en cuyo último párrafo podía leerse: “Quiero transmitirle mi más sentido pésame por la pérdida de vidas humanas y cuantiosos daños materiales que ha traído el terremoto que ha tenido lugar esta madrugada en Gansu. Deseo, en particular, transmitir mis sinceras condolencias a los familiares de los fallecidos”. Nada que añadir. Está claro que la secretaria de Estado de Comunicación del Ministerio de la Presidencia, Carmen Martínez Castro, que desde noviembre de 2006 hasta diciembre de 2011 ha sido directora de Comunicación del Partido Popular, tiene una diarrea estival mental del tamaño de King Kong, ese gigantesco gorila ficticio que habita en la Isla Calavera. Sólo le faltó decir que Santiago Matamoros no pudo echar un milagroso capote en ese maldito descarrilamiento por encontrarse de vacaciones en Punta Umbría. Como cuente así la reseña de los Consejos de Ministros vamos aviados.

miércoles, 24 de julio de 2013

Calatayud, ciudad abierta




Ayer, 23 de julio, El Periódico de Aragón publicaba que “Calatayud niega cobijo a los miembros de una marcha antidesahucios a Bruselas”, para seguir contando a los lectores que “los siete miembros de la plataforma Stop Desahucios de Andalucía que realizan la marcha entre Córdoba y Bruselas tuvieron que variar ayer sus planes. Al entrar en la provincia de Zaragoza tenía previsto alojarse en Calatayud, pero el alcalde del municipio, el popular José Manuel Aranda Lassa, ni siquiera los recibió. Los activistas, de edades comprendidas entre los 20 y los 60 años, han recorrido ya 23 pueblos y en ninguno les había pasado nada similar”. Personalmente no acababa de entender que una ciudad tan acogedora como es Calatayud hubiese podido negar cobijo a los siete miembros de esa plataforma. Y como no acababa de entenderlo, a punto estuve de escribir en contra de la actitud de ese alcalde. Me alegro de no haberlo hecho, porque me hubiera equivocado. A José Manuel Aranda, aunque no le conozca personalmente, le tengo estima. He leído un cuestionario que le hizo el 28 de marzo de 2011 la Comisión de Formación de PP donde contaba que sentía placer escuchando la canción Yesterday”, viendo el fresco “El Juicio Final” de la Capilla Sixtina, las películas de Hitchcock, y degustando y bebiendo tortilla de patata y un buen vino tinto. Con esas aficiones, casi todas compartidas, José Manuel Aranda ya merece todos mis respetos. Pero hoy leo en ese mismo diario que “el primer edil no pudo cobijar a los antidesahucios” el pasado lunes. El motivo, y eso me alivia, fue que esos “siete magníficos” peatones no se presentaron en el Ayuntamiento y que “tampoco le llegó (a la Alcaldía) ningún correo ni ningún fax de la Plataforma Stop Desahucios”. Ahora recuerdo que en “El Juicio Final”, además del Cristo, María, san Pedro, san Pablo, san Andrés, san Bartolomé, el propio Miguel Ángel, que pintó su cara en la piel despellejada del mártir, santa Catalina, san Sebastián, san Lorenzo y san Blas, detrás de ellos, digo, se encuentra un grupo de ángeles con sus 7 trompetas, aunque en el cuadro aparecen 8, y otros dos ángeles sostienen el Libro de la Vida y el Libro de la Muerte. Más abajo la multitud. No hay nada como leer los “Minutos Menarini” cuando no se dispone de posibles para viajar hasta el Vaticano, como es mi caso. Calatayud es una ciudad abierta y a nadie se le niega cobijo. Creo la versión contada por José Manuel Aranda y no tengo nada más que añadir.

Los últimos limpiabotas




Comenta hoy Antonio Burgos en ABC que “hay dos oficios tradicionales que han desaparecido y que, de volver a imponerse, acabarían con mucho paro: maleteros y betuneros. En España se tiene por infamante llevarle la maleta a alguien o lustrarle los zapatos. En Nueva York, no”. No cabe duda que el invento de las maletas con ruedas acabó con el antiguo oficio de “mozo del exterior”, o sea, el maletero de toda la vida, y que ya no se estilan los limpiabotas salvo en determinadas cafeterías del centro de las ciudades. Hoy todo el mundo carga con sus equipajes y se limpia los zapatos con  ese betún líquido que sale de una esponjilla redonda. Es como la fregona del calcero, que le das una pasada, esperas a que se seque y ya se ha obrado el milagro. Ahora solo falta que alguien, aprovechando eso del I+D+i, invente una máquina capaz de planchar camisas y pantalones y que, ya de paso, nos haga la cama. Dicen que está en estudio, pero la puesta en marcha del soñado proyecto ya se está alargando más de lo deseable; y, tal y como sucede con la declaración de la renta, siempre lo terminamos pagando los mismos, es decir, los que estamos de “Rodríguez” o vivimos más solos que el dinosaurio Anacleto. Ahora ha aparecido en Zaragoza un limbiabotas que se ha instalado en el Coso, junto a la entrada del FNAC. Todos los días monta su “trono” y espera con paciencia la llegada del cliente. Está buscando un patrocinador que pague la publicidad en los laterales del majestuoso butacón. El betunero chileno Gabriel Eduardo Toro  es soldador en paro y cuenta que aprendió a limpiar zapatos por internet. Ya lleva invertidos unos 1.000 euros en el negocio, es decir, en el sillón y en permisos municipales. Sólo tiene un competidor, Ángel Luis Pastor, que antes lustraba zapatos en  El Tubo y ahora lo hace en la cafetería San Siro, en la plaza de Joaquín Costa. Pero es un poco más carero que Gabriel, que cobra sus servicios a 3’50 euros mientras que Ángel Luis limpia a 4 euros. También le echa menos horas, de 7 a 14, mientras que Gabriel lleva jornada partida, o sea, de 9 a 13 y de 15 a 20’30. Ambos se declaran autodidactas, lo que les añade mérito. Bueno, Gabriel aprendió el oficio de limpia por internet, lo que le da un cierto caché a la hora de manejar el cepillo, el betún y ese  trapo que con el frote en el cuero embetunado termina sonando como un violín.

martes, 23 de julio de 2013

Iberoamericanización




Abuchear a los Príncipes de Asturias o a la Reina se está poniendo de moda allá donde éstos aparecen y por el motivo que sea. Al Rey, ¡menos mal!, le dejan en paz porque casi no sale de La Zarzuela. Los españoles están confundiendo a los miembros de la Casa Real con Cagancho en Almagro. La última ha sido hoy en Cáceres, donde los Príncipes habían acudido para presidir un grupo de trabajo con los responsables de las delegaciones del Instituto Cervantes. De cualquier forma, a los grupos de trabajo hay que dejarles trabajar. No hacen falta presidencias regias ni principescas porque, entonces, por aquello de los protocolos, ni se trabaja ni se está en lo que se tiene que estar. No obstante, los cacereños, mejor dicho, un grupo de manifestantes cacereños, ha aprovechado para airear banderas republicanas (de la Segunda República, quiero decir) y gritar eso de “España mañana será republicana” y “los borbones a los tiburones”. Pero el Príncipe no se ha despeinado y ha incidido en apostar por la “iberoamericanización”, que es una palabra que tiene tela marinera, como diría Antonio Burgos. Pero hombre, Alteza, si ya estamos iberoamericanizados. ¿Le parece poco lo que vemos por las calles de las ciudades españolas? Aquí estamos iberoamericanizados, achinados, amoriscados, acongolados, aburundizados y rumanizados. Hay momentos, cuando salgo a dar una vuelta, en los que tengo la sensación de que el extranjero peatón soy yo. A los iberoamericanos, en su mayoría ecuatorianos, se les conoce enseguida por llevar los pantalones caídos, eso que se ha dado en llamar calzones cagados, y una gorra visera puesta del revés. A los subsaharianos, por el color de su piel y su dedicación a la venta ambulante de nimiedades; a los chinos por disponer de todos los bares de la barriada, por lo mucho que gritan al hablar entre ellos y porque escupen en el suelo con demasiada frecuencia; a los marroquíes por hacer corrillos tapando las calles y hablando mal de este país; y a los rumanos,  en su mayoría de aspecto agitanado, por su afición al trinque de cobre en polígonos industriales y por pasarse las horas muertas jugando a las máquinas tragaperras. De ninguna de las maneras está en mi ánimo que a los borbones se les eche a los tiburones. Todo el mundo tiene derecho a la vida, también ellos. Además, en las costas españolas no hay ni jaquetones ni escualos. Digo más, pronto no tendremos ni  bocartes ni anchoas en nuestros caladeros, ni barbos, madrillas, truchas o carpas en nuestros ríos. Pero de eso a que nos iberoamericanicemos va un trecho. Eso de los lazos humanos, históricos, sociales y culturales pertenecen a otra época. España ni es madre de 22 naciones ni ná de ná. Ya ni siquiera es madre de 17 Comunidades Autónomas. Que se lo cuenten a los catalanes cuando ondean la bandera de Aragón con la estrella de “Damm” para reivindicar mediterráneamente que no quieren estar españolizados. ¡Como para pedirles que se iberoamericanicen! Yo, quede claro que no me considero hermanado ni con Evo Morales ni con Nicolás Maduro ni con Raúl Castro ni con Cristina Fernández de Kirchner. Vamos, ni primos segundos.

lunes, 22 de julio de 2013

Mi maestro en el recuerdo




Hoy, 22 de julio, hace justamente 50 años que dejó de existir mi maestro de primaria. Don José Fernández Pérez, que así se llamaba, era un hombre bueno que atendía la escuela que la empresa en la que trabajaba mi padre tenía dispuesta para los hijos de los empleados. También se admitía en ella, por proximidad, a los hijos de guardias civiles y a los hijos de los ferroviarios. Cuando murió don José yo ya no pertenecía a la escuela. Había “desertado” con 11 años para hacer el Bachillerato como alumno libre. Recuerdo que aquella tarde, pocas horas antes de su fallecimiento, el párroco había ido a su casa para darle la extremaunción. Yo acompañé al cura en calidad de asistente y pude verle postrado en su cama, con los ojos muy abiertos, recibiendo la comunión. Don José era un maestro vocacional, que enseñaba deleitando y, también, aplicando alguna colleja al alumno distraído. Fumaba “ideales” y estaba suscrito al “ABC” de Madrid. Cada mediodía esperaba ansioso la llegada del repartidor de correspondencia para que le hiciera entrega de su ejemplar, doblado y abrazado con una fajilla. Se lo daba por la ventana. Don José decía que el “ABC era el ave que volaba más alto” porque llegaba cada mañana a media Europa por avión. Era el “ABC” de Prensa Española, el que Anson llama “verdadero”, y que me perdone Bieito Rubido Ramonde. Era, también ahora, un periódico con grapa y de formato folio que durante la Guerra Civil informaba una cosa y la contraria en función de dónde era editado, es decir, en el Madrid donde el periódico pasó a ser gestionado por  Unión Republicana, o en  la Sevilla dominada por los sublevados. Hace 50 años que nos dejó don José y sigue permaneciendo vivo en mi recuerdo. Me enseñó a leer, que nunca viene mal.

domingo, 21 de julio de 2013

El bueno, el feo y el malo




En este vodevil ya tenemos a tres personajes en escena, al bueno, al feo y al malo. El bueno es Rajoy, que parece vivir en el planeta Marte; el feo es sin duda alguna Rubalcaba, que, como dice Marcello, parece sacado de una viñeta del “Jaimito”; y el malo es Bárcenas, que está tirando de la manta para regocijo de Pedro J. Ramírez, el animador de la fiesta. Comentaba días pasados Jesús Cacho en “Vozpópuli” que existe el rumor de que ya está en marcha la “Operación Tijera”. Dice Cacho que “cuentan en la Cuesta de las Perdices que el acuerdo a tres bandas –PP, PSOE y Zarzuela- está en marcha y ya tiene nombre: ‘Operación Tijera’. Se trata de rebajar hasta una dimensión controlable el tamaño de tres escándalos cada uno de los cuales, por sí solo, podría llevarse por delante un Régimen: el caso Bárcenas, el asunto de los ERE andaluces, y la pesadilla del yernísimo Iñaki Urdangarin. Para cada uno de ellos se estaría en el diseño de soluciones a la carta, que incluirían en algún caso cómodas estancias en prisión con salida y dinerito garantizado”. (…) “La estrategia del presidente y su equipo parece clara: atrincherarse en la mayoría absoluta -el auténtico rompeolas de este Gobierno- y darle hilo a la cometa. Poner sordina al escándalo y dejar pasar el tiempo. A las puertas de las vacaciones de verano, el Ejecutivo celebrará su último consejo de ministros el viernes 2 de agosto, antesala de plácidos atardeceres en Doñana. Y septiembre podría venir cargado de promesas de tiempos nuevos: una buena temporada turística; los primeros síntomas de recuperación económica, y tal vez incluso la concesión a Madrid de los JJOO de 2020 (manifestación de la insensatez y la corrupción de una oligarquía que, con el país cayéndose a pedazos, sigue pensando en fiestas y festejos que inevitablemente se traducirán en más deuda pública)”. Yo no sé qué se cuenta en la Cuesta de las Perdices, es decir, ese tramo de la carretera de La Coruña que va desde Puerta de Hierro hasta el Hipódromo de la Zarzuela, donde estuvo el frente de batalla durante la guerra civil y donde los madrileños pijos acudían a probar la potencia del coche recién comprado. Los ciudadanos sólo intuimos que se está llegando al final del bipartidismo y, también, al final de la segunda Restauración borbónica.  “Estamos -como dice Cacho- en el final del viaje en el que a la muerte de Franco se embarcaron los dos grandes partidos mayoritarios, y la propia Corona como guinda del pastel. Es la descomposición de un Régimen”. (…) “La España de Alfonso XIII perdió el rumbo en 1909, se hundió en 1912 y derivó hacia el caos en 1917, para terminar en el desastre de Annual”. (…) ”En este clima se fraguó el golpe de Primo de Rivera, que terminaría llevándose por delante la Monarquía”.  Algunos malpensados –de la Cuesta de las Perdices, de La Alpujarra, de Las Encartaciones y de los Monegros- todavía no saben a qué fue, en realidad, el Rey a Marruecos, además de lo que ya nos han contado sobre economía, la hermandad de dos pueblos vecinos, la “transición marroquí a la española” y todas esas lindezas. ¿Acaso está preparando el Rey un supuesto exilio de oro? No sé, no sé… De momento García-Margallo ha dicho que “Rajoy hablará cuando lo crea oportuno, para calmar los ánimos de los ciudadanos”. Oiga, Margallo, usted habla por boca de ganso. Los que tienen que tranquilizarse, en todo caso, son Rajoy y su comparsa. Repetir en público lo que otros dicen en privado, como los gansos, no consuela ni a los lerdos. Los gansos, ya se sabe, cantando uno, cantan todos. Pero aclarar las cosas ya es harina de otro costal. Y en eso estamos.

Yo, señor, no soy malo...




Cada uno tiene sus debilidades, todas ellas dignas de ser respetadas. Una de ellas, en lo que a mí respecta, es poder leer con sosiego los artículos de Rufo Gamazo Rico en “La Opinión. Correo de Zamora”. Siempre aprendo algo de lo que él escribe. Rufo Gamazo es un periodista que, pese a ser octogenario, conserva una gran memoria. Y “Don Puro”, como así firmaba sus artículos siendo soldado en el Regimiento de Infantería Toledo número 35, en Zamora, me sorprende hoy en ese diario zamorano con su artículo “De orden del señor alcalde”, donde cuenta cuando en los años 50 a un gobernador civil le dio por visitar apartados pueblos castellanos. Cuenta Gamazo: “En uno de ellos, al presentarle al alcalde le informaron de que aquel servidor del pueblo llevaba treinta años empuñando la vara. El poncio bromeó: Así que alcalde con la Monarquía, la República y con el Régimen: ¡Cuánto ha cambiado usted! El alcalde replicó: Yo, no; ustedes han cambiado”. A Rufo Gamazo Rico le nombraron en 1953 director de “El Día”, de Santa Cruz de Tenerife, y fue allí donde conoció a Carlos Arias Navarro,  entonces gobernador civil de esa provincia canaria y que más tarde lo sería de Navarra, donde permaneció hasta 1957, año en el que fue nombrado director general de Seguridad y mano derecha de Camilo Alonso Vega. Pues bien, Rufo Gamazo sería asesor personal de Arias Navarro en la Dirección General de Seguridad, en el Ayuntamiento de Madrid, en el Ministerio de la Gobernación y en la Presidencia del Gobierno. En suma, Rufo Gamazo fue un hombre de su tiempo, como aquel alcalde del apartado pueblo castellano. ¿Qué podemos reprocharle? Cuarenta años bajo el zapato del nacional-catolicismo es mucho tiempo en la existencia de los españoles y engloba toda una vida en el campo laboral. Rufo Gamazo, de haber escrito sus memorias, podría haber comenzado como el  capítulo I de “La familia de Pascual Duarte”: “Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuéramos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte”. Rufo Gamazo escribe bien y eso le salva.



sábado, 20 de julio de 2013

Circulaciones




Pues miren, yo no sé que es peor, si el virus aviar que circula por  Shangai y que los científicos le llaman H7N9 como si se tratara de la catalogación de una estrella, los billetes falsos en circulación y que han subido un 26‘3 por ciento en el pasado semestre, o la proliferación de bicicletas que circulan por las aceras de nuestras ciudades sin ningún miramiento hacia los peatones. Lo del virus chino está mal, ya lo sé, como está mal el paramixovirus que produce el sarampión o la orquitis consecuente de la inflamación del epidídimo. Lo primero, lo del virus aviar se evita, al menos de momento, veraneando en el pueblo, cortando finas láminas a un pernil serrano y bebiendo vino tinto a chorro de una bota de las “Tres Zetas”; los billetes falsos, llevando en el bolsillo un bolígrafo que detecta el dinero del “monopoly”. Pero el asunto de las bicicletas está alcanzando visos de epidemia, como hoy comenta Antonio Burgos en su artículo en el  ABC de Sevilla “Ya somos Copenhague”. Dice: “En tiempos del imperio de modernidades, peatonalizaciones, movilidades, sostenibilidades y mamarrachadas de Monteseirín, la bicicleta entró en Sevilla, mutatis mutandis, como los bárbaros en Roma. Se entabló una lucha entre el coche y la bicicleta en la que ganó la bicicleta...que es como si en las fiestas de moros y cristianos ganaran los moros. Toda la ciudad se plegó a la dictadura de la bicicleta. No peatonalizaron: abicicletaron, que no es lo mismo. El ciclista va por Sevilla como un dictador triunfante que en su caballo blanco entra en una ciudad conquistada”. Pues bien, algo parecido ha sucedido en la Zaragoza regida por Belloch, donde más de un peatón al día debe ser asistido en el Hospital “Miguel Servet”, que también descubrió la circulación, pero de la sangre.  El ciudadano no demanda más circulación de bicicletas por las aceras sino más activo circulante, es decir, más dinero para usar en cualquier momento. Los vehículos de propulsión humana, como es la bicicleta, o la biciclostia, son buenos por lo que tienen de económico, sostenible y ecológico, pero siempre que circulen por los sitios habilitados, o sea, por las ciclovías. Las aceras son para los peatones, que circulamos a base de desgastar tacón. Y por si algún ecologista se me echa encima, me adelantaré a decir que algunas bicicletas se pueden pedalear por las aceras sin peligro: las estáticas. No llegan muy lejos pero permiten poner cara de velocidad y quedar bonito ante el respetable peatón que ha salido de casa dispuesto a comprar el pan o a pasear a los nietos. A este paso, habrá que poner burladeros junto a los portales y a cada veinte metros, para que podamos refugiarnos cuando aparezca un ciclista a piñón fijo y con el manillar de carreras vuelto del revés. Recuerden lo que le pasó al pobre Granero.

jueves, 18 de julio de 2013

Franco en la nevera de la Historia




A Eugenio Merino se le echó encima la Fundación Francisco Franco por haber representado con su  “Always Franco” al anterior jefe del Estado crionizado dentro de una máquina de refrescos y presentarlo el año pasado en la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid. Pero un indignado Jaime Alonso, jefe de la asesoría jurídica de Manos Limpias y vicepresidente de esa Fundación, acudió el año pasado con un notario a ARCO para tomar fotografías y levantar acta. La Fundación presentó una demanda contra el artista y ahora, un año más tarde, un Juzgado de Madrid, concretamente la juez Rocío Nieto, la ha desestimado por considerar la obra como “una creación artística que no pretende mostrar unos hechos reales, sino recrear desde la ficción una imagen lejana en el tiempo y situarla en una época muy distinta”. Sin embargo, Jaime Alonso ya ha informado a los medios que se recurrirá esa sentencia y se llevará hasta el  Tribunal Supremo, “para saber si las más altas instituciones del Estado también están en esa tesitura laxa y tolerante, hasta extremos inconcebibles”. Ya ven cómo están las cosas en el búnker. Hoy, 18 de julio, se me ocurre que meter el “espectro” de Franco en una nevera, como hizo Eugenio Merino el año pasado, tampoco es tan grave, si tenemos en cuenta que ese militar africanista que tanta admiración causa a Jaime Alonso (no confundir con el homónimo marido de Fátima Báñez) fue un sátrapa que favoreció un golpe de Estado, que nos sumió en una fratricida guerra civil que duró casi tres años y que permaneció en el poder otros  40 con un régimen autoritario que más vale intentar olvidar. Como se cuenta hoy en “El acento”, en las páginas de El País, “Atildado como solía [Franco], con impecable uniforme militar y pertrechado tras oscuras gafas de sol, la imagen del dictador contrastaba con una posición más bien ridícula: en semicuclillas y encajado en el interior de una nevera que le venía pequeña (…) pero, a diferencia de lo que ocurre en los regímenes autoritarios como el de Franco, en los que no cabe ninguna libertad, tampoco la artística, en democracia la libertad de expresión es un derecho fundamental. Resulta difícil imaginar siquiera la existencia en Alemania de una Fundación Adolf Hitler que se atreviera a llevar a los tribunales a artistas por cuestionar, con su arte, el nazismo. Pero en España el franquismo no ha sido sometido a una revisión histórica como la que el nazismo ha sufrido en Alemania y sus herederos se atreven a perseguir a los artistas ante los tribunales”. A Francisco Franco parece poca cosa meterle dentro de un refrigerador, como hizo Merino. La figura de Francisco Franco habría que meterla en el Museo de los Horrores. Los frigoríficos sirven para contener bebidas refrescantes; y la Historia, para refrescar la memoria colectiva.






miércoles, 17 de julio de 2013

A vueltas con la "Marca España"





Si el objetivo de que la "Marca España" consiste en que sea conocida del mundo al otro confín, mal empezamos si, como  pretende el alto comisionado Carlos Espinosa de los Monteros se comience por Valencia para seguir por todas las Comunidades españolas. Los españoles, que lo que ya vamos demandando es la sopa de conventos, no estamos en condiciones de perder el tiempo observando cómo unas azafatas uniformadas  ofrecen sobre moquetas y oropel el turismo en Paradores, los automóviles de última generación, las actuaciones de bailarines de postín en la Plaza Porticada de Santander, la habilidad en mover el botafumeiro en la Catedral de Santiago sin marear a los turistas, o el arte en la doma del caballo jerezano. El español, hoy, por desgracia, sólo elevará su autoestima el día en el que encuentre trabajo, no le exprima el Gobierno con los impuestos semana tras semana y se pueda permitir habitar en una vivienda digna. Eso del flamenco, el arte mudéjar turolense, los “exitos” de españoles en la diáspora que se sirve después de cenar en el programa televisivo “Españoles por el mundo”, el bienhacer de las pulperías lucenses el día de san Froilán, las corridas de toros, las diez mejores bodegas de diseño según la guía “Repsol”, etcétera, quedan bien para un magazín de fin de semana, pero el español hoy está en otra cosa. Está atrapado entre dos cristales, vé lo que sucede arriba y abajo pero tiene que moverse en la horizontal,  que es donde mira desde el punto de vista (los lerdos, que los hay en todos los estratos sociales, dicen “bajo el punto de vista”, donde no se divisa nada). Pues bien, Espinosa de los Monteros, que tiene apellido de valle pasiego aunque pertenezca a Burgos, es un tipo que –según acabo de leer en “Vozpópuli”- “con mucha flema anglosajona se coloca cada mañana una corbata azul con la bandera de España y se dedica a ir tocando a sus antiguos compañeros de Consejo [Inditex] para ver de dónde se puede sacar un duro. Mucho se está haciendo para lo poco que tiene, se dice en los mentideros madrileños, pero hay quien recuerda que era una práctica muy de Zapatero eso de poner en marcha cosas importantes pero carentes de fondos lo que les hacía bastante inútiles”. El ministro de Exteriores, García-Margallo, que representa al príncipe de Asturias en el Instituto Elcano, ha comentado ( según publica hoy el diario “ABC”) que “se ha querido empezar este plan por la Comunidad Valenciana, no sólo porque se encuentra especialmente vinculado a ella [Margallo obtuvo en 2004 el Doctorado en Derecho por la Universidad “Miguel Hernández” de Elche con la tesis “Una apuesta por el Modelo Europeo de Bienestar”], sino también porque allí se encuentran empresas muy dinámicas que líderes (sic) en exportación de calzado, juguetes, alfombras, tejidos, mármoles o muebles, entre otros sectores, además de constituir uno de los principales destinos turísticos”. Se le olvidó decir que, también, por haber sido el germen de la trama Gürtel que,  junto a otras piezas separadas de esa componenda y para vergüenza de todos los españoles, ya ha imprimido carácter como “Marca España” para los restos.

martes, 16 de julio de 2013

Belchite y las visitas guiadas




Aquí el que no corre, vuela. Se cobra por visitar todo, catedrales, museos diocesanos…, y desde el pasado marzo, para estar en línea con la Iglesia Católica, el Ayuntamiento de Belchite cobra entrada por visitar las ruinas del otro Belchite, del Belchite donde nació Santiago Lorén, del Belchite que ya sólo es una casa  con goteras. Ahora sólo se permiten visitas guiadas a 6 euros por persona. Juan Antonio Antón, concejal de Turismo, contaba el pasado mes de abril a un periódico local que “existe peligro de derrumbes”. Hombre, concejal, los peligros acechan tanto si uno se acerca por libre como si acude en visita guiada. Estas cosas son como los aludes de montañas, que surgen cuando menos te lo esperas. También señaló el concejal Antón que antes de proceder al vallado del recinto “había expolios y destrozos en el patrimonio”. Tampoco hay que exagerar, Antón, que las ruinas de Belchite no son ni el Partenón ni el Coliseo ni el Valle de los Reyes. Fue un pueblo aragonés donde murieron alrededor de 5.000 ciudadanos en catorce días de combate durante el verano de 1937. Terminada la contienda, Franco decidió no reconstruir el pueblo sino crear uno nuevo al lado, utilizando prisioneros republicanos como mano de obra. Las ruinas del anterior pueblo se dejaron tal cual, o sea, en un estado lamentable. Más tarde aparecerían leyendas urbanas sobre psicofonías y apariciones al estilo de las que se cuentan sobre los viejos e inutilizados sanatorios antituberculosos, como el de Agramonte, en las faldas del Moncayo Pamplinas. El hecho cierto es que el Ayuntamiento de Belchite ya lleva recaudados desde marzo pasado por el concepto de visitas guiadas  más de 16.000 euros. Ahora sólo hace falta que la alcaldesa socialista María Ángeles Ortiz Álvarez, organice “perfomances”, con el factor añadido de la improvisación que tanto gusta a los turistas. Se puede comenzar teatralizando durante las noches de verano lo que significó la Taifa de Zaragoza a la que Belchite pertenecía, su conquista  por Alfonso I de Aragón y la creación de la primera imitación a la Orden del Temple, para más tarde dar un salto en el tiempo hasta 1809 con la batalla contra los franceses y, a continuación, pasar a la otra gran batalla, la de 1937, en plena Guerra Civil, que destruyó completamente el pueblo. Todo ello, para asegurar su éxito, debe estar aderezado con luz y sonido, poniendo la guinda final una voz en “off”  que diga a los ensimismados turistas: “Pueblo viejo de Belchite / ya no te rondan zagales / ya no se oirán las jotas / que cantaban nuestros padres”. Con esa “perfomance” y un selecto servicio de ambigú el triunfo estará asegurado.

lunes, 15 de julio de 2013

Excursión a Marruecos




Que el Rey viaje hoy a Rabat con cinco ministros y 27 empresarios parece algo normal. Todos tienen la obligación de intentar poner de largo la “marca España”, como si los marroquíes que pululan por Madrid o por Zaragoza no supieran lo que vale un peine. Pero bueno, hay que hacer “labor de producción”, como hace el director de la agencia de la caja de ahorros, cuando te informa de que tiene un fondo de inversión muy bueno sólo para clientes distinguidos; y tú, te limitas a escuchar y a encomendarte por los adentros a san Valentín de Berrio-Otxoa, de la Orden de Predicadores, que era pariente lejano por parte de madre de Urdangarín, no del  Urdangarín casado con la infanta, que también, sino de su señor padre, el ingeniero que presidió Caja Vital, y del que tanto se acuerdan muchos españoles cuando no les llega el salario a fin de mes. Pues bien, como digo, ese viaje de Estado que hoy comienza parece ser que tiene mucha importancia para los intereses políticos, económicos y culturales de este país. Un viaje, por cierto, que coincide con el Ramadán. Hasta podría ocurrir que el séquito acompañante al Jefe del Estado en ese viaje comercial, para el que se necesitan grandes alforjas repletas de bendiciones, permanezca en ayunas hasta la caída del sol por no incomodar a Mohamed VI ni interferir en la cultura religiosa de sus súbditos. Por lo tanto, más le valdría a  Ana Pastor, Jorge Fernández, José Manuel Soria, Alberto Ruiz-Gallardón y a García- Margallo haber metido en el hatillo personal unas galletas “chiquilín” y unos botes de mermelada, para poder echar al coleto algo mientras permanezcan en su habitación del hotel meditando sobre el cuento de “La Lechera”. Lo que no termino de comprender es la razón por la que han sido invitados a ese viaje de Estado los exministros de Exteriores, como si se tratase de un viaje del Imserso. No sé qué demonios pintan en Marruecos nueve de los doce ministros de Asuntos Exteriores que han tenido los diversos gobiernos de España desde 1977. Allí están presentes Marcelino Oreja,  José Pedro Pérez Llorca, Javier Solana, Carlos Westendorp, Abel Matutes, Joseph Piqué, Ana Palacio, Miguel Ángel Moratinos y Trinidad Jiménez. De los diez vivos,  sólo faltará  Fernando Morán por motivos de salud. Y mientras se expone en Marruecos la apretada agenda española, se aprovechará, supongo, para meter a los nueve exministros de Exteriores en un microbús con su correspondiente bolsa de pic-nic para que un avispado guía les conduzca por los rincones más típicos de ese país africano, donde se incluya tal vez un simulacro de guerra en la isla de Perejil. Más o menos lo que se hace por estos pagos cuando los últimos brigadistas internacionales que van quedando se acercan presuntamente hasta el destruido Belchite; y la alcaldesa, María Ángeles Ortiz Álvarez,  que es del PSOE, en un intento de quedar bien con los recién llegados, les invita, también presuntamente, a presenciar una noche de brillo y colores con una atractiva mascletá de ruido, humo y quema de pólvora en un fervoroso milagro de la pirotecnia.

domingo, 14 de julio de 2013

Nada es lo que parece




Cualquier garito de hospicianos al que algunos osados pretenden considerar como bar han descubierto, como quien inventó la pólvora, que pueden dar de comer en una mesa de plástico sin un mínimo trozo de papel debajo del plato y sin disponer de categoría de restaurantes. En cualquiera de sus mesas te puedes sentar al filo del mediodía y no pasan cinco minutos sin que aparezca un camarero vestido con camisa negra –nunca he entendido la razón por la que de un tiempo a esta parte todos los camareros van vestidos de pantalón y camisa negra- para indicarte que esas mesas están reservadas para las comidas, como viene a suceder en casi todos los chiringuitos playeros horteras. Y encima de levantarte de la mesa se permiten el tuteo como si te conocieran de toda la vida. ¿Las comidas? Qué comidas. Pues bien, resulta que a todos los bares, por modestos que éstos sean, les ha dado por servir huevos rotos y solomillo de ibérico con pimientos del piquillo. Yo siempre tuve devoción por los pimientos del piquillo, hasta el día que descubrí que las latas que habitualmente compraba en la tienda de ultramarinos más próxima a mi domicilio procedían del Perú aunque estaban enlatadas en Peralta, Falces, Cintruénigo, Villafranca, Tudela, etcétera,  localidades todas ellas de Navarra. Algo parecido sucedía con los espárragos. El día que hice tal descubrimiento dejé de consumir esos pimientos procedentes del otro lado del Charco y los espárragos que se expendían bajo una contundente marca relacionada con las gónadas masculinas por una simple cuestión de dignidad. Pues bien, algo parecido sucede ahora con esos solomillos de ibérico, esas variedades de cerdo que se dividen en  negras y coloradas que ocupan determinadas dehesas de encinas, alcornocales, castaños y algarrobos del suroeste peninsular y Salamanca; y en el Algarbe y el Alentejo, en Portugal. El cerdo ibérico se caracteriza por su  capa coloreada, hocico alargado, orejas en visera y sus altas extremidades, que le posibilitan el pastoreo y lo cualifican como un excelente andarín. ¿Cómo sé yo que lo que degusto –me refiero también a los embutidos- procede de cerdo ibérico? Y ayer tuve otra sorpresa.  Para cocinar utilizo vinos blancos de pasto envasados en “tetra pak”, o como diablos se llamen. Pero ayer descubrí que el “Don Simón”, de Bodegas García Carrión, procedía de Chile, pese a los excedentes de vinos de baja calidad, esos vinos de mesa infames que yo defino como vinos“químicamente puros”, que existen en España y que hasta se tiran por la cabeza los gañanes en las fiestas de los pueblos. ¿Esta es la “marca España”? Para llorar.