martes, 29 de septiembre de 2015

Picaresca





La crisis económica y laboral está agudizando la imaginación de los pícaros hasta límites insospechados. Lo último, el “timo del chorizo picante”. Según leo en  “El Correo de Zamora”, la Guardia Civil ha detenido en Puebla de Sanabria a un timador que actuaba en Galicia, Asturias y País Vasco. Su modus operandi consistía en acercarse a un establecimiento hostelero cuando el empresario del negocio se encontraba ausente, y presentar a uno de los empleados un paquete “pedido por el dueño”. El empleado firmaba un albarán y le hacía entrega del importe reclamado: 90 euros sin IVA. Cuando llegaba el dueño y abría el envío que no recordaba haber solicitado, se daba cuenta de que en su interior “solo había un solo chorizo picante, o tres chorizos criollos o un pequeño trozo de panceta”. Una vez detenido el autor, se supo que se trataba de un hombre de 37 años, vecino de Móstoles y que sobre él había una treintena de denuncias. El Juzgado de Instrucción de Puebla de Sanabria le puso en libertad con cargos tras prestar declaración. A mi entender, esos delitos de menor cuantía no pasan de la anécdota. Son, a la postre, artimañas para ir saliendo del paso. El “timo del chorizo picante” me da pie, sin embargo, para comentar algo sobre “El guitón Honofre” de Gregorio González, manuscrito que un ciudadano francés, Paul Langueard, encontró en 1927 una de las cajas que un librero de viejo de París exponía en la calle para su venta. Se trataba de un original castellano escrito en 1604. Langueard lo compró entusiasmado, sabedor de que era contemporáneo de “El Buscón” (Quevedo, 1626) y de “Guzmán de Alfarache” (Mateo Alemán, 1599). Al parecer, su primer poseedor fue Carlos de Arellano y Navarra, a quien el autor dedica la obra y se la entrega aquel año. A partir de ese momento se pierde la pista del manuscrito durante cien años, hasta que en 1706 aparece en manos de un partidario de Felipe V, que lo utiliza para pasar una información confidencial a un amigo que se encontraba en el Virreinato del Perú. Se produce la Guerra de Sucesión entre Borbones y Austrias. Leopoldo de Trazegnies Granda, autor del libro “A los leyenderos de Cervantes & Cía” cuenta en su libro: “el desconocido poseedor de ‘El guitón Honofre’ le transmite a su corresponsal en Lima que "Francia pone ducientos (sic) mil hombres en campaña" para reforzar el sitio de Barcelona a favor de Felipe V. El informador, al parecer bastante exagerado, lo hace escribiendo su mensaje secreto en las guardas finales del legajo: "Amigo y querido mío, estas nobedades (sic) te escribo con este artificio...". Y se despide: "Hasta que nos veamos fuera de aquí y en nuestra amada patria España...". Por estas palabras podemos deducir que el remitente de la carta probablemente formaba parte de los ejércitos del rey Borbón y no se encontraba en ese momento en España, tal vez estaba en Flandes, sin embargo ¡llevaba consigo el manuscrito! que utiliza para mandarle la información al amigo residente en el Perú. De esta manera el manuscrito pasa por primera vez en un galeón a América a principios del siglo XVIII. Se desconoce quién era el personaje al que iba dirigido el mensaje secreto ni lo que hizo con el legajo. Muy probablemente, consciente de la importancia del documento, lo entregara él mismo o sus descendientes, a la biblioteca de la capital del Virreinato. El manuscrito conserva la huella de su paso por esa institución mediante un sello borroso, al que le faltan algunas letras, que figura en la parte inferior izquierda del folio 2v y que también reaparece en el folio 40v y 80v: BIBLIOTECA [PUBLI]CA DE LIMA.” Posiblemente aquel manuscrito permanecido en la Biblioteca de Lima  ciento setenta y cinco años. Dio tiempo a que el Perú se independizara de España y se estableciera como una república (1821) y entrara en guerra contra Chile (1879-1883). La Biblioteca Nacional de Lima  fue saqueada e incendiada por los soldados chilenos en 1881. No se sabe con certeza si el manuscrito formó parte del botín de la Guerra del Pacífico y llevado a Chile, o robado de la Biblioteca antes de la ocupación chilena. También se desconoce cómo regresó a Europa. Puede ser que el ladrón del manuscrito lo vendiera en Francia  a principios del s.XIX y terminase en la librería de lance donde fue adquirido por Langueard. Cuenta Leopoldo de Trazegnies en su libro que “en 1930 el bibliófilo francés escribió un artículo describiendo su hallazgo en la ‘Revue Hispanique’. En 1956 Joseph H. Silverman, de la Universidad de California, se interesa por el manuscrito y Paul Langeard le comunica que ya no lo tiene en su poder que, unos años después de la publicación del artículo, se lo había vendido a la William Allan Neilson (Library of Smith College.Northampton, Massachusetts). De esta manera “El Guitón” había vuelto en 1936 por segunda vez a América, esta vez a la del Norte y suponemos que por vía aérea. Después de diez años de gestiones con la biblioteca del Smith College, entre 1956 y 1965, Silverman, consigue una copia fotográfica del manuscrito. Y en 1967 el departamento de español del Smith College accede a que la señora Hazel Genéraux Carrasco prepare una edición crítica de la obra”.

Infringir e infligir




Infringir es un verbo transitivo cuyo sinónimo es quebrantar. Infligir tiene dos acepciones: 1. causar o producir daño, y 2. imponer o aplicar un castigo o pena. Un ejemplo de infringir las leyes puede explicarse cómodamente en los presuntos casos de corrupción de los responsables de la Gürtel, o de la Púnica, o en los presuntos desafueros de Rodrigo Rato o de Iñaki Urdangarín, cuyo pretérito perfecto compuesto en su tercera persona del plural es “ellos han infringido”. Lo de “presunto” lo añado por el hecho de no existir sentencia firme contra los responsables de las tramas de corrupción o contra aquellos individuos que de alguna manera causaron el quebranto. Infligir, como decía, ya es harina de otro costal. Infligir daño es, por ejemplo, lo que hizo durante mucho tiempo Billy el Niño, o sea, Antonio González Pacheco, aquel inspector de la Brigada Central de Información (antigua Brigada Político Social) que durante el franquismo se dedicó en la DGS a torturar, y en muchos casos hasta causar la muerte, a un montón de ciudadanos detenidos por presunta desafección al Régimen. Según la edición de El País (29 de septiembre de 2013) José María Irujo cuenta: “En 1977, Billy el Niño fue condecorado por Rodolfo Martín Villa entonces ministro del Interior, con la medalla de plata al Mérito Policial y agasajado por cien policías en una comida de desagravio por la “persecución” de la que era objeto por los medios de comunicación. Entró en la brigada antiterrorista a las órdenes de Roberto Conesa y acabó su carrera en la policía judicial. “Era uno de sus niños bonitos”, recuerda un comisario. En 1982 pasó a la situación de excedencia para trabajar como jefe de seguridad de Renault. “Discute con todo el mundo. Se ha vuelto más visceral y exaltado”, asegura uno de sus excompañeros.” Hace pocos días, una cadena de televisión (La Sexta) lo ha visto por las calles de Madrid. Trató de esquivar a las cámaras y se “refugió” en el interior de un taxi. La jueza argentina María Servini emitió en septiembre de 2013 una orden de captura internacional tras imputarlo por crímenes de lesa humanidad, pero la Audiencia Nacional rechazó su extradición alegando que los delitos de tortura infligidos habían prescrito. Hay delitos infligidos, como la tortura, que en un Estado de derecho no deberían prescribir nunca, de la misma manera que aquellos que han infringido las leyes no debieran irse de rositas ni poder ser amnistiados en un Consejo de Ministros.

El triunfo, ¿pero de qué Ilustración?





Los siete puntos de Jordi Sevilla enunciados en El Mundo deberían hacer reflexionar a Mariano Rajoy y a todo el Gobierno que él preside. “La sensación –señala Sevilla- de que el Gobierno carece de un proyecto nacional de futuro, que no sabe a dónde quiere ir y que se limita a apagar fuegos en clave partidista, buscando permanecer en el poder a toda costa, genera hoy mucha más inquietud en los mercados financieros internacionales, que cualquier otra cosa relacionada con España. Reunirse con inversores es fácil, sobre todo para un ministro  [Guindos] o un cargo político destacado. El problema es para qué la reunión, qué se les dice, cuál es el mensaje que se les transmite. Y ahí es donde el Gobierno se muestra vacío de ideas, más allá del miedo que ya no funciona. Ni entre los votantes, ni entre los inversores, ambos con posibilidad de contrastar el mensaje gubernamental con otras visiones y otras propuestas, más interesadas en construir un país con futuro.” Pues bien, Sevilla viene a decir en cada uno de esos siete puntos lo siguiente: primero, que existe una autosatisfacción injustificada por parte del Gobierno y que “España no puede competir a base de salarios bajos y mercado laboral precario”; segundo, que “existe un volumen de deuda interna muy elevado en el sector privado y creciente en el sector público”; tercero, que “el paro juvenil es récord en Europa”; cuarto, que “existe una fractura social tremenda, con un elevado  porcentaje de ciudadanos en la pobreza”; quinto, que hay “una economía dual, con bastantes empresas globalizadas que compiten en los mercados mundiales, junto a un importante segmento de actividad económica que basa su rentabilidad en rentas derivadas de su proximidad a decisiones administrativas discrecionales que generan riesgos legislativos”; sexto, que España cuenta con “un sistema fiscal poco dinámico, que castiga con una carga tributaria a las rentas generadas por el trabajo, el esfuerzo y el emprendimiento, superior a la que aplica a las rentas derivadas de la riqueza adquirida”; y, séptimo, que permanece una “sensación generalizada de que hace falta un gran impulso de consenso reformista en España que ataje la corrupción, mejore el funcionamiento de la justicia, de las administraciones públicas y de los procesos de toma de decisiones públicas, incluyendo una reforma de la Constitución, que se compadece mal con el tancredismo que cualquiera puede observar en el presidente Rajoy, cuya decisión más importante es no tomar decisiones, o cambiar cuando se ha adoptado alguna.” Un cóctel –según Sevilla- con siete ingredientes letales capaces de dejar turulato al más pesimista. Si a esa pócima le añadimos unas gotas de angostura, es decir, el resultado del PP en los comicios de anteayer en Cataluña (123.000 votos menos que en 2012, que equivale a pasar de 19 a 11 diputados)), y que José María Aznar – y así lo señalaba ayer El País - “ya ve al PP ante el peor escenario posible”, nos encontramos  ante un panorama de cara a las generales lleno de perplejidad por el avance imparable de grupos emergentes de toda condición. Por otro lado, en un editorial de ayer en ese diario, su presidente Juan Luis Cebrián, en su trabajo  “Españoles, a las urnas cuanto antes”,  anotaba: “La noticia de ayer es de una importancia insoslayable: consiste en la ruptura del consenso constitucional en una comunidad autónoma que representa el 20% del producto interior bruto de España y el 15% de su población”; y, en consecuencia,  ve irresponsable que el presidente del Gobierno quiera apurar la legislatura hasta Navidades. El deseado “triunfo de la Ilustración, que ayer no pudo ser”, según Cebrián, necesita -según lo entiendo yo- del fin del bipartidismo como primera medida para que pueda ser factible. Ya dijo Voltaire, el ilustrado más radical, que “no hay reloj sin relojero”. Ni Cánovas ni Sagasta ni Rajoy ni Sánchez saben muy bien por dónde caminan. Lo dejó claro Julio Cerón hace casi tres décadas en un pequeño recuadro del diario ABC: “El que vale poco y se cree que vale más de lo que vale, no vale”. España perdió el tren de la Ilustración y se apagó la luz de la razón el día que los españoles echaron a Napoleón de nuestras tierras y al grito de “¡vivan las cadenas!” nos convertimos en vergonzosos vasallos del Borbón de barbilla zoqueta, Fernando VII. Sarna con gusto, no pica. Lo que parece raro es que desee el triunfo de la Ilustración precisamente José Luis Cebrián (hijo de Vicente Cebrián, director del diario Arriba, órgano de Falange Española), periodista que comenzó su andadura en el diario Pueblo, a las órdenes de Emilio Romero, que en 1974 fue nombrado jefe de los servicios informativos de RTVE con el último gobierno de la dictadura franquista, y que ese mismo año fue nombrado director del diario ABC, siendo Arias Navarro jefe del Gobierno que dio su aprobación. Lagarto, lagarto… Seguro que al referirse al “triunfo de la Ilustración” se referiría Cebrián, supongo, a la “ilustración” de determinadas páginas de huecograbado de no sabemos qué diario (aunque presumo que al diario de la grapa) y de no sabemos cuándo. Si no, no se comprende.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Wálter Benjamín en el recuerdo





Imagine, amigo lector, un puente de hierro de ferrocarril, con una pasarela lateral para peatones de un metro de ancho. Un perro atravesando el puente y un ciclista paleto detrás de él, achuchándolo para que le abra paso. Y el perro, sintiéndose desprotegido, se coloca sobre la caja de la vía. Llega un tren de mercancías y el perro, con el ruido de la locomotora  sobre el puente, intenta salir y es pillado por uno de los vagones, que le machaca la cabeza. El dueño del can, que pesca barbos debajo del puente sobre el Jalón, nota que le cae sobre su camisa un chorro de sangre. Pues bien, eso le pasó a mi perro Tarzán y algo parecido le sucedió a Walter Benjamín (pseudónimo de Walter Bendix Schönflies Benjamín)  aunque de otra manera. Benjamín fue un judío intelectual alemán antiguo alumno de Wyneken que, como señalaba ayer Ariane Díaz en La Izquierda Diario, “fue testigo en pocos años de una efímera república de Weimar carcomida por la crisis económica, tres intentos revolucionarios fallidos y, finalmente el ascenso del nazismo.” (…) “Benjamín no quiso hasta último momento abandonar París, donde vivía después de que le hubieran quitado su nacionalidad alemana, a pesar de la insistencia de sus amigos y colegas ya exiliados.” Ante las circunstancias adversas, es decir, el avance del nazismo en Francia, Benjamín se instala en 1940 en el Hostal Francia de Portbou (Gerona) donde se siente descubierto por la policía política al servicio del franquismo. A la mañana siguiente, 27 de septiembre, aparece muerto en su triste habitación abrazado a una maleta llena de apuntes, hoy perdidos. No quiso que pudieran devolverlo a Francia y caer en manos de la Gestapo. Sus compañeros de viaje ( Theodor Adorno, Erich Fromm Henny Gurland…) que corrieron mejor suerte, pagaron el alquiler del nicho 563 por cinco años, donde descansaron los restos del filósofo hasta que, pasado ese quinquenio, fueron trasladados a la fosa común del cementerio local. En el certificado de defunción figura el nombre de Benjamín Walter, fallecido a causa de un aneurisma cerebral, lo posibilitó que un cementerio católico acogiese los restos del pensador germano, evitando complicaciones burocráticas. En el camposanto de Portbou hay un monumento en memoria del filósofo. Hoy, 27 de septiembre, se cumplen 75 años de su trágica y misteriosa muerte. Con el espín del otoño me apetecía recordar al filósofo alemán. También a mi fiel amigo.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Toreo de salón





A mi entender, ha sido una acertada idea que la alcaldesa  Manuela Carmena haya eliminado en el presupuesto municipal para 2016 la subvención de 61.000 euros con la que se ayudaba a la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda, o sea, casi la mitad de los ingresos del consorcio formado entre empresa privada (30.000), la Comunidad de Madrid (40.000) y el Ayuntamiento. Leo en El País que “según ha comunicado el Ayuntamiento, el motivo para retirar esta subvención es que el presupuesto de la escuela, con una media de 38 alumnos, es desproporcionado en relación al que se destina a actividades culturales o deportivas de mayor demanda. Además, las clases y talleres que se imparten en ese centro no son compatibles con los derechos de los animales”. Punto pelota. Lo normal sería que las escuelas taurinas las financiasen los aficionados, de la misma manera que los ciudadanos particulares se financian de su bolsillo los estudios de idiomas, de vuelo sin motor o de jota aragonesa. Otra noticia importante es que el Gobierno, al aprobar adherirse al Convenio europeo sobre protección de mascotas prohíba cortar orejas, rabos, seccionar las cuerdas para evitar el ladrido o extirpar las garras y los dientes a los animales de compañía. Un convenio que, además, limitará el uso de animales domésticos en publicidad y espectáculos. Ya veremos cómo se resuelve el asunto de los circos, los toros de fuego en las fiestas de los pueblos, la caza de pajarillos con diversos cepos, el triste espectáculo de mascotas expuestas en escaparates y el lamentable espectáculo que produce ver perros abandonados en  carreteras y calles. Los animales, sean de compañía o no, merecen nuestro respeto. Me canso de repetirlo en mi blog una y otra vez, aunque me temo que la iniciativa del Ministerio que preside Isabel García Tejerina tenga los mismos efectos en la praxis que  predicar en el desierto de Atacama, preñado de gigantescas siluetas  inquietantes. Digámoslo claro: en un país que parece indiferente ante la infamia que produce el hecho de que sigan más de 100.000 esqueletos en las cunetas y en los barrancos; y ante un Gobierno de derechas que parece desafecto a lo que representa la Ley de la Memoria Histórica, la firma del Convenio europeo sobre protección de mascotas producirá en los firmantes la misma risa que ver a un burro comiendo higos.

jueves, 24 de septiembre de 2015

27 de septiembre




El libro de Carlos Fonseca, “Mañana cuando me maten”, recuerda las últimas ejecuciones del franquismo el 27 de septiembre de 1975. Poco antes de las ocho y media de la mañana de ese sábado, Ángel Otaegui era ejecutado en el penal burgalés de Villalón. Pasó las últimas horas acompañado por el capellán de la Cruz Roja y por el segundo capellán de ese penal, Julio Lucio. Pidió una botella de coñac para combatir el frío y unos cuantos paquetes de cigarrillos. Durante esas horas charló con los sacerdotes, pero se negó a confesarse. Juan Paredes Manot, “Txiki”, fue ejecutado a las ocho y treinta y cinco minutos de la mañana. Su hermano, Miguel Paredes, “Mikel”, aguardó en el depósito de cadáveres del cementerio del Norte, junto a los tres abogados del ejecutado –Palmes, Oranichy y el capitán Coronado- la llegada de la ambulancia que conducía su cadáver. Txiki pasó la última noche de su vida con su hermano y sus abogados defensores. A lo largo de las doce horas de espera sólo tomó una taza de café y recibió la visita de su notario al que hizo entrega de un documento político. A las seis de la madrugada escribió unas líneas a sus hermanos pequeños, en el anverso de una foto de comunión que la autoridad militar le había permitido tener en su celda. Su ataúd sería depositado en el nicho número 18.892. De Carabanchel sale a las 7’35 horas camino de Hoyo de Manzanares la comitiva: tres furgones, 15  jeeps y dos turismos negros, al parecer con el capellán y el médico que habrá de certificar la defunción de los condenados Humberto Baena,  José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz. A las 9’23 horas suena la primera descarga y un leve “tac” del tiro de gracia se pierde en las lomas de El Palancar. A las 9’40 se oye la segunda descarga cerrada. Poco después se escucha una tercera descarga. A partir de ese momento comenzarían las reacciones en el extranjero contra el régimen de Franco. El diario ABC comentaba en un editorial. “Ha habido justicia: ha habido clemencia”, en referencia a los indultados. Y Fernando Ónega, comentarista del diario falangista Arriba, decía refiriéndose a las sentencias: “Como dijo el señor Herrera Esteban a los periodistas, es un tema importante y delicado sobre el que no es correcto abrir debate. Se queda en el marco de la ley, en el cumplimiento de la ley, y sólo parece oportuno referirse a unos detalles concretos: primero, que no hubo el menor disentimiento en el seno del Gabinete a la hora del ‘enterado’; segundo, que los acuerdos de Consejo de Ministros se adoptan por unanimidad; tercero, que no sería lícito ocultar, por la gravedad de efectuar cinco ejecuciones, la elevada cifra de indultados; y cuarto, que el ejercicio del derecho de gracia no va a significar –previsiblemente- que terminen las tensiones y presiones internacionales.”
Así fue.

(Fuente consultada: Cambio 16, núm. 200, pp. 26, 27  y 31.)

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Parábola para gobernantes




Jesús Sancho Rof, entonces ministro de Sanidad por UCD, con ocasión del desastre del aceite de colza desnaturalizado, llegó a asegurar a los medios que el responsable “era un bichito que, si caía de la mesa, se mataba.” Por supuesto, los hechos demostraron que no era así. Años más tarde, ya con Rajoy en el Gobierno, llegaría a ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad Ana Mato, que nunca supo manejar el problema del ébola y que fue, a juicio del periodista  Ramón Lobo, una “flamante inutilidad”. Y ahora llega un ministro, el de Interior, Jorge Fernández Díaz, afirmando que “lo que queda de ETA cabe en un microbús pequeñito y que además, desde ayer, va sin conductor”. Y esas, a mi entender, desacertadas palabras las ha expuesto al día siguiente de que las Fuerzas de Seguridad detuvieran  en Francia a dos de los presuntos jefes de ETA, David Pla e Iratxe Sorzabal, en una exitosa operación de la Dirección General de Seguridad Interior y de la Guardia Civil. Y señalo que, a mi entender, son unas desacertadas palabras del ministro si tenemos en cuenta que esa organización terrorista ni ha entregado las armas en su poder ni ha anunciado su disolución, por más que en 2011 anunciase el cese de su actividad delictiva. Fernández Díaz debería saber, como sabe, que no hay enemigo pequeño y que la banda terrorista jamás ha reconocido el daño causado. Ante esa falta de disposición a funcionar dentro de la legalidad, hablar de microbús sin conductor es, al menos, una frivolidad impropia en un ministro. También en su día se dejó de vacunar a la población infantil contra la tuberculosis, cuando se entendió desde la OMS que el bacilo de Koch que la producía estaba controlado. Pero por aquellos años del tardofranquismo no existían las migraciones a gran escala hacia Europa que se producen ahora, en su mayoría huyendo de las guerras y de la hambruna existente en los países de origen. Hoy cualquier ciudadano, en consecuencia, puede inhalar microscópicas gotas de saliva procedentes del estornudo de un “sin papeles” y reavivarse los casos con mayor virulencia. Y si encima se ponen pegas legales a la atención sanitaria de los recién llegados por parte del Gobierno de turno, el resultado puede ser de consecuencias imprevisibles. De nada sirven los controles de las cartillas sanitarias de vacunaciones cuando el problema instalado desborda cualquier previsión. Y esa especie de “parábola para gobernantes” aquí expuesta puede servir, también, para los casos de terrorismo etarra,  yihadista, etc. Siempre habrá que estar en alerta. Los terroristas que causaron la masacre de Atocha el 11 de marzo de 2004 también cabían en un microbús pequeñito. Pero el resultado de aquello fue de 191 muertos y más de 1.800 heridos de diversa consideración.

martes, 22 de septiembre de 2015

Los jueves, milagro





¡Lo que nos faltaba! Ahora resulta que el cardenal Antonio Cañizares convoca a rezar por España y su unidad, ante el “peligro” que supone que los catalanes acudan a las urnas el próximo día 27. El actual arzobispo de Valencia entiende que “no hay justificación moral para la secesión”. Parece que de pronto nos hubiésemos retrotraído a los años 30 del pasado siglo y al posterior nacionalcatolicismo. ¿Qué tiene que ver Dios con los asuntos políticos de un Estado de la UE, o con la libertad de opinión de sus ciudadanos expresada en las urnas? ¿Acaso el Gobierno actual, de derechas, necesita tener que volver a echar mano del mito de la Cruzada? Como bien señala Jorge Guerrero García en un excelente trabajo, “La jerarquía eclesiástica vinculó el régimen franquista con la España entendida como nación elegida por Dios para defender el Cristianismo: existe una clara identificación entre nacionalidad española y catolicismo. La lucha entre el bien y el mal es la lucha de la España católica contra la anti-España (las dos Españas enfrentadas por la religión). Desde el punto de vista sociológico, las devociones religiosas desempeñaron una clara función de simbolizar, reproducir y reforzar los niveles de identificación social durante la construcción del régimen franquista. Estas creencias religiosas reflejaban el espíritu combativo del catolicismo contra el régimen republicano, el cual llegará a su máximo exponente durante la propia Guerra civil y las primeras etapas del franquismo”. Pero remontémonos a esos principios de los años 30: en 1931, recién proclamada en España la República, en el entorno del grupo de La Conquista del Estado, que en el otoño de ese mismo año se transformó en las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista), y principalmente frente al avance del secesionismo en Cataluña, comienza a gestarse la aplicación a España del rótulo centenario una, grande y libre. El 13 de junio de 1931 publica Ramiro Ledesma Ramos su artículo "España, una e indivisible" (donde quedó establecido como grito: “¡Viva la España, una e indivisible!”). Pero aunque es frecuente que historiadores más o menos perezosos atribuyan a Ramiro Ledesma la consigna “España, una, grande y libre”, más bien parece que de hecho fue acuñada por su colaborador Juan Aparicio López, el mismo que propuso también como emblema de las JONS el yugo y las flechas, y como su bandera la roja y negra. También es cierto que en septiembre de 1932 Manuel Azaña, entonces jefe de Gobierno, en un discurso  pronunciado en Santander señalaba que “nosotros, los hombres que hemos traído la República, necesitamos la patria republicana para nosotros, porque nosotros queremos una patria grande y libre”; y que en diciembre de 1934, en las Cortes, José Antonio Trabal, diputado de Esquerra Republicana, aseguró no tener ninguna duda “de que el pueblo catalán luchará por la España grande y libre”. Lo cierto es que el próximo día 27 de septiembre los ciudadanos de Cataluña están convocados a las urnas, no a las barricadas. Y a partir de ese día, Cataluña seguirá dentro de España. Por lo tanto sobran histerismos por parte de los políticos y de determinados medios de comunicación del pesebre. De la misma manera, también sobra que Cañizares convoque a la oración por “España y su unidad”. Aquí no se trata de procesionar crucifijos e imágenes de santos milagreros, no ya para implorar lluvia en época de pertinaz sequía, sino para evitar mediante el “milagro” la imposible secesión catalana. El ciudadano debe ser libre de sus propios destinos, existan o no hisopos e incensarios de por medio. A ver si el cardenal Cañizares, a fuer de rezos, vísperas y completas, nos hace una nueva versión de “Los jueves, milagro”, aquella película de 1957 dirigida por Luis García Berlanga, donde don Ramón, el dueño del balneario de Fontecilla, harto de su escasa y poco aristocrática clientela, en connivencia con el alcalde, el maestro, el barbero, el dueño del hotel y don José, un acaudalado propietario, urde un plan: organizar una aparición mariana, como la de Lourdes, que atraiga al turismo y a los devotos. En España, que yo sepa, el “milagro” se producirá el día que desaparezca el Concordato firmado en 1979, que no exista una alarmante corrupción política, ni un 24% de parados, ni 10 millones de ciudadanos con baja comprensión lectora.

Llega el otoño




Leo que más de 5.000 enfermeros tienen la formación que les permitirá recetar medicamentos. Pues nada, a este paso día llegará en que un maestro de escuela pueda estar habilitado para dar clases magistrales de Matemáticas en la Universidad; que un celador aplique inyecciones intramusculares a los jubilados y que un farmacéutico esté habilitado para expender en su oficina de farmacia parches para ruedas de bicicleta. Esto es el mundo al revés. De hecho, leo en Heraldo de Aragón que un profesor de Zaragoza, Miguel Ángel Miguel, que tiene nombre capicúa y ejerce en el colegio Hijas de San José, “graba  vídeos en casa, los edita, muchos de ellos los subtitula y los sube a su canal de Youtube. El primero, "El Porompompero de las ecuaciones", lo colgó el 31 de diciembre. En él cuenta los pasos para resolver ecuaciones (paréntesis, denominadores, reducimos, transponemos, despejamos y comprobamos) guitarra en mano. Después ha grabado muchos más: igual explica el teorema de Pitágoras que cómo resolver funciones, ecuaciones, múltiplos y divisores o cómo calcular un préstamo hipotecario”. ¡Toma ya! Eso de Hijas de San José también me ha llenado de asombro. Ignoraba que al padre putativo de Cristo le hubiesen salido más retoños bastardos que a los Borbones y a los Austrias juntos a lo largo de la historia. Y es que hay días en los que uno no sale de su asombro. También me entero hoy de que han detectado la llegada del mosquito-tigre en Aragón y que ya vuela sin necesidad de utilizar GPS por Huesca. Esos mosquitos no entienden del espacio Schengen y desconocen los problemas que causan las migraciones masivas. Aparecen cuando les viene en gana como si fuesen drones y no hay radares que los detecten ni cazabombarderos que les puedan frenar en su invasión por el espacio aéreo. Contra ese díptero invasor llegado desde Asia no hay defensa y las enfermedades que transmite, entre ellas el chikunguña, carecen de vacuna. En fin, mañana comienza el otoño y a todos nos empapará ese raro esplín que, como sucede con la piojera, ataca con mayor virulencia a los románticos desnutridos.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Santisteve: 100 días





Carlos Pérez Anadón es de esos políticos que un día decidieron vivir de la política y es lo que todavía está haciendo. El viejo “damasco”, que iba para alcalde y se quedó de eterno segundón, dice ahora, en una rueda de prensa que recoge Heraldo de Aragón, que “no se arrepiente e haber apoyado la investidura de Pedro Santisteve como alcalde, pero sí ha reconocido que se siente defraudado por la gestión de su gobierno de los primeros cien días de mandato”. Recuerda que le apoyaron los socialistas por responsabilidad y por sentido democrático, al ser Zaragoza en Común la fuerza más votada. A Pérez Anadón le “molesta”, entre otras cosas que el Ayuntamiento de Zaragoza no se haya inscrito en la Federación Española de Municipios y Provincias; que se haya cambiado el nombre del hasta ahora Pabellón Príncipe Felipe (desde ahora José Luis Abós); que los concejales vayan como Institución el día de la patrona a la ofrenda floral pero no a la misa, etc. Lo que no cuenta ese edil es que una reciente auditoría interna ha aflorado demasiada deuda oculta, que deberemos soportar los zaragozanos. Y todo lo acontecido en esos cien días ese edil, que pareciera recién llegado de Marte, lo resume en una frase: “Gestos tiene, gestión cero”. Vayamos a la deuda oculta: a largo plazo, 814 millones de euros y obligaciones de pago confirmadas para 2015 que suman más de 109 millones. Además, se prevé que en 2016 se tenga que pagar alrededor de 80 millones de euros en sentencias que estaban recurridas. Una situación que desde Zaragoza en Común  reconocen que no pueden solucionar ni en uno ni dos años y que se quiere solventar subiendo impuestos como el IBI y el IAE para gravar a las rentas más altas, empresas y centros comerciales. Según datos de El Economista (8.9.2015), “en la auditoría interna llevada a cabo se han analizado las partidas de gasto que tienen un importe superior a 600.000 euros, detectándose que no hay crédito presupuestario para atender 21 de ella. Se trata de un desfase que asciende a 60.818.514 euros, cantidad que se corresponde con 44.926.391 euros de obligaciones del 2014 aplicadas o pendientes de aplicar al presupuesto de 2015; 8.060.319 euros con revisiones de precios y liquidaciones que no se presupuestaron y que están pendientes de aplicar; 2.402.341 euros con partidas infradotadas de presupuestos de 2015 que afectan a servicios como la luz, gas o limpieza; 2.142.859 euros con el convenio de la Diputación Provincial de Zaragoza por obras en barrios rurales que no se ejecutaron y que hay que pagar y 3.286.612 euros, cuantía esta última que se adeuda a Expo Zaragoza Empresarial por una encomienda de gestión de mantenimiento del Parque del Agua y que se viene arrastrando desde el año 2010”. ¿Por qué no habla Pérez Anadón, al referirse a Pedro Santisteve, de esa deuda heredada de Alberto Belloch y en cuya gestión municipal él formaba parte? ¡Cállese, hombre, cállese! En boca cerrada no entran moscas.

Manual de vieja urbanidad





En su artículo “Un mamarracho en el Congreso de los diputados”, publicado hoy en El Correo de Zamora, José Luis Martín viene a señalar que un profesor debe ir bien aseado y perfectamente arreglado para que sus alumnos de Secundaria le copien. El señor Martín es un hombre de edad avanzada y amigo de los uniformes. “Cuando fui jefe de Estudios en un Instituto, -señala- procuré buscar el Boletín Oficial en el que constaba la fundación de aquel Instituto y apliqué la ley entonces todavía vigente. Todo Instituto debía aportar dos datos en su fundación, además del nombre: El uniforme que debían llevar sus alumnos y el nombre de su santo Patrón. En virtud de ello, exigí que se reinstaurara el uniforme, que había quedado en desuso. En lo único que fui tolerante fue en permitir que la camisa pareciera blanca de lejos y que la corbata no fuera azul por necesidad”. Si eso que  Martín expone en su trabajo literario se lo trasladase yo a mi hijo, profesor de Física y Química en un instituto de Secundaria en Collado-Villalba, se partiría de risa. No hará poco, ya lo creo,  si consigue que los educandos adolescentes lleguen a clase a la hora, que atiendan a las explicaciones de su profesor y se comporten con un cierto decoro. No están los tiempos como para exigir a los alumnos, muchos de ellos venidos de otros países y con otra cultura cívica, que vistan con camisa blanca y que usen corbata, aunque no sea azul. Vamos, ¡ya te digo! “Como dato curioso, -sigue escribiendo Martín- consignaré que el hecho causó la admiración del señor gobernador de la provincia, cuando cruzó por el centro de la ciudad en el tiempo que los alumnos del Instituto disfrutaban allí de su recreo diario”. ¿Y quién era ese gobernador civil? Supongo que siendo gobernador civil, en su condición de jefe provincial del Movimiento sería un fascista de tomo y lomo. Pero lo dicho por Martín sólo es una excusa para hacer referencia directa a otra cuestión, para él preocupante. Dice:un señor, perteneciente a un partido minoritario en el Congreso de los Diputados, adicto a la causa de la Independencia de Cataluña, ha subido a la tribuna de oradores vestido con un atuendo extravagante, que consistía en una especie de camiseta conformada por la bandera independentista catalana. El tal "señor", [ahora lo de señor lo pone entre comillas] en su perorata anticonstitucional realizó la acción de romper unas páginas de la Constitución Española de 1978. Aún estando de acuerdo en la apreciación de que este acto significa una burla para todos los españoles y para nuestra nación, yo me quiero limitar al atuendo inadmisible del "señor" [y dale con las comillas] diputado. Yo, presidente del Congreso, no hubiera permitido al exhibicionista [ por supuesto, no de esos que se desabrochan la gabardina para enseñar sus vergüenzas] subir a la tribuna de oradores; hubiera ordenado que se lo hubiera expulsado del Congreso. Entiendo que los señores diputados deben asistir, ya que no existe uniforme preceptuado, convenientemente vestidos, como asisten a un acto solemne de categoría social. No es de recibo que un diputado vaya mal vestido y mucho menos que exhiba, en edificio tan emblemático como el Congreso, símbolos contrarios a la unidad de la patria proclamada en nuestra Constitución”. Vale, señor Martín, no siga… Se le entiende todo. Por lo que usted dice, se desprende que le gustaría que los diputados al Congreso vistiran chaquetilla blanca como los procuradores en Cortes, aquellos tipos que sólo iban al Hemiciclo a aplaudir las decisiones tomadas de antemano en El Pardo. En suma, lo que cuenta el señor Martín queda muy bien.  Eso mismo lo podría haber escrito a las mil maravillas Rufo Gamazo, q.e.p.d. Lo que le pasa es que el nostálgico Martín se ha equivocado de época.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Anomalías históricas





Braulio Llamero, secretario general de Podemos en Zamora, da en el chiste, más bien una chuscada sin gracia alguna, cuando afirma hoy en El Correo de Zamora, y afirma bien, que “algún día se estudiará esta época como una anomalía histórica en la que una élite movida solo por la codicia sin freno y obviamente sicópata (puesto que carece de capacidad para identificarse con las víctimas) sojuzgó a millones de personas, mediante una teoría descerebrada que defendían con pasión legiones de voceros muy bien pagados y de gobernantes sumisos. La riqueza solo lo es y da la felicidad si se acierta con un reparto equilibrado y razonable, que cumpla dos premisas al menos: que todo el mundo tenga lo básico para sobrevivir y que existan estímulos para que hagan más quienes más puedan hacer”. (…) “¿Tan difícil es de entender? ¿Tanto se ha extendió la sicopatía en política? ¿Qué es eso de seguir prometiendo, como si tal cosa, autovías, trenes de alta velocidad o teatros de la Ópera mientras haya familias sin un céntimo, mesas sin pan, pueblos sin médico ni maestro y abuelos estirando hasta el infinito su escasa pensión? ¿Qué es eso de mantener carísimos pesebres públicos sin otra función que dar forraje gratis a políticos y enchufados sin nada que hacer? ¿Se gobierna para la gente o para ese ganado?”. Y la otra chuscada sin gracia la dijo hace poco Felipe González, al que no cabe duda de que se le está haciendo harina el cerebro: “Pinochet respetaba mucho más los derechos humanos que Maduro”. Por lo visto, la desaparición de 3.197 chilenos durante aquella oscura dictadura, sin contar las miles víctimas de brutales abusos, es cosa de menor calado para el que en su día fuera presunto responsable de los GAL en España. Días pasados, Juan Carlos Monedero recomendaba al expresidente (en declaraciones a Cuatro recogidas por Europa Press) que fuese más prudente es sus afirmaciones y explicó que “cuando ve a González hablar de Derechos Humanos se acuerda de él en la puerta de la cárcel de Guadalajara abrazando a su ministro de Interior (José Barrionuevo), que estaba entrando en la cárcel por utilizar el dinero de todos los españoles para financiar un grupo terrorista”. Chuscadas, las justas.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Herrumbrosas lanzas






Me entero por José María Nieto, colaborador del diario ABC en Castilla-León,  a propósito de la defensa que éste hombre hace del toro de la Vega, que “en los pueblos de Valladolid, por ejemplo, si un toro destripa a alguien en un encierro pero se da el caso de que la víctima es del pueblo de al lado no se suspenden las fiestas”. (…) “En mi opinión esta humanización del toro no es diferente a la que hacen los taurinos cuando confieren virtudes humanas como la bravura o la nobleza a un herbívoro que, perdónenme, es un animal especialmente estúpido, cuyo comportamiento no es más interesante que el de las aves o los peces”. En fin, respeto lo que cuenta Nieto sobre el comportamiento del toro, aunque no lo comparto. Por otro lado, me parece espantoso que las banderas de algunos ayuntamientos sólo se pongan a media asta cuando la posible víctima de un encierro sea del pueblo. Si no es vecino, ni flores. Bonita manera de acoger a los forasteros que son, a la postre, quienes dejan dinero contante y sonante en esas localidades durante los días de festejos populares. ¡Pobre Rompesuelas!  The New York Times, al hacer referencia al toro de la Vega, señalaba la cita de un editorial de El País en el que se definía a esa tradición como un símbolo de “repugnante brutalidad”. Pero yo creo que a los habitantes de Tordesillas les interesa que en la prensa internacional se hable tanto de la ciudad vallisoletana como de sus ciudadanos, aunque sea para mal. Si no fuese por esa salvajada, nadie hablaría de Tordesillas; y  los paletos con lanza o sin lanza, a lomos de rocín o descabalgados, no soportan que su pueblo no sea el ombligo del mundo. Espero que no se sulfuren los tordesillanos, que el rol de paletos afecta a personas de todo tipo y condición. Miguel Ayuso, que sabe mucho de esas cosas, tiene escrito que “para el psicólogo Karl Albretch, consultor de management y autor de más de 20 libros de desarrollo profesional, los paletos en su país cumplen, tradicionalmente, una serie de características: son personas groseras, de educación y habilidades sociales limitadas, del entorno rural, con un escaso nivel cultural, una actitud tradicionalista (cuando no reaccionaria) y tendencia a la autocomplacencia. Su figura está estereotipada: van armados [en este caso de lanzas], tienen grandes coches [en este caso todoterrenos] y les gusta la caza y la pesca, [a ser posible de forma furtiva]. Este tipo de gente nunca aceptaría ser tomados como paletos: creen que son poseedores de la verdad absoluta”. De cualquier manera, existe un paletómetro ideado por Albretch que mide a la perfección en qué grado de paletismo se encuentran determinados catetos y mequetrefes, que no expongo aquí por una cuestión de espacio.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

El nuevo padre Peyton





Dice Antonio Gala en su columna de hoy en El Mundo que “no está la Magdalena para tafetanes”. Julio Llamazares, en El País, al referirse a los refugiados, señala que “nosotros somos los que nos refugiamos detrás de nuestros Gobiernos, pero, como no lo sabemos o no podemos reconocerlo, llamamos refugiados a los que vienen pidiendo ayuda como siempre hicieron los pobres y los desheredados de la fortuna en la historia”. (…) “Tan solo la imagen de un niño ahogado que, al vestir exactamente igual que nuestros hijos y no como un pordiosero, nos hizo caer en la cuenta de que podía haber sido nuestro nos hizo despertar y pasar a la acción dejando nuestros refugios y nuestra confortable seguridad. ¿Por cuánto tiempo? Por el que dure en nuestras retinas la imagen del niño ahogado, me temo. Después volveremos a nuestras fronteras, a nuestras reticencias, a nuestras fortalezas defensivas semejantes a aquélla desde la que el teniente Drogo esperó con miedo toda su vida la invasión de los tártaros en la novela del italiano Dino Buzzati”. Pues sí, no está la Magdalena para tafetanes. Obama le ha dicho a Felipe VI que “el mundo necesita una España unida”. Pues nada, volveremos a colocar en nuestro escudo patrio aquello de “una, grande, libre”, como llevaba el águila rampante de san Juan a modo de fular de tela fina, o de tafetán, del que se apropió Franco. Y lo que desea el paternal Obama, que parece el jefe del clan de La Casa de la Pradera, es que con sus sesudos consejos vuelva Artur Mas al redil, intentaremos que vuele el águila en libertad sobre esa España unida y sacrosanta, agrandada y rumbosa, a la que le daremos de comer en nuestra mano y a la que invitaremos a que aterrice en el aeropuerto de Castellón, o en el de Ciudad Real, que para gustos se hicieron los colores. Obama, que ya tiene lo que quería, es decir, la base militar de Rota a su servicio, pretende además ejercer de Patrick Peyton con los españoles, haciendo una especie de apostolado del rosario en familia, la familia que reza unida permanece unida, y aquí no vale que Cataluña y los catalanes que la conforman pueda ir por libre, a su bola. Ellos, los norteamericanos, ya tuvieron su Guerra de Secesión y saben de qué hablan. En fin, Obama podía haberle dicho al Rey de España que está alarmado por la corrupción política y económica que no cesan, o por la sevicia de los vallisoletanos contra el toro Rompe Suelas. Pero no, esas cosas, como decía La Codorniz en su sección  “La cárcel de papel”, por ser considerados delitos de menor cuantía no es necesario que pasen a la jurisdicción de más altos y severos organismos. Amén.

martes, 15 de septiembre de 2015

Sombras chinescas





Ya han matado de la forma más atroz -para los tordesillanos de la forma “más normal”- al toro Rompe Suelas. Y los salvajes de Tordesillas que apoyan esa fiesta del Toro de  la Vega han dado su faena por cumplida tras un gran número de lanzadas y la consiguiente muerte del animal de la forma más violenta y cruel que cabe imaginar. Pedro Sánchez señalaba al respecto que, de llegar al poder, eliminaría esa atrocidad. ¿Por qué no lo hicieron los socialistas cuando gobernaron? ¿Por qué Pedro Sánchez no fuerza la dimisión del actual alcalde socialista José Antonio González Poncela? Esto no hay quien lo entienda. Mientras el Rey, acompañado de su consorte,  “proyecta en EEUU la imagen de la monarquía renovada”, como hoy señala El País,  en Tordesillas se retrocede a los más oscuros tiempos de la Edad Media, cuando estaba integrada en la Merindad del Infantazgo de Valladolid (cuya descripción figura en el libro Becerro de las Behetrías de Castilla), en una retracción sólo comparable a la que sufrió esa ciudad a la llegada de Almanzor a finales del siglo X; o la retracción de que a la población castellana de entonces le pareciese “algo normal” –como les ha parecido hoy a los habitantes de esa antigua Merindad la muerte de Rompe Suelas- que a Juana de Castilla se la recluyese en un castillo de Tordesillas la friolera de 46 años. Cuando las mayores atrocidades se consideran “algo normal” entre la población civil de un territorio, hay que atarse los machos y salir corriendo. Habría que hacer una “memoria histórica” de esos pueblos en los que parece “algo normal” que los quintos tiren desde el campanario de una iglesia a una cabra, que lancen codornices en una especie de cañón para que los cazadores les den gusto al gatillo de sus escopetas, que todavía existan toros de fuego en muchas fiestas patronales… Los animales merecen dignidad y respeto. Mientras no se logre sensibilizar la conciencia colectiva, la Marca España tendrá menos valor en el mundo civilizado que los billetes del juego del monopoly, por mucho que Felipe de Borbón intente proyectar ante Obama la imagen de una monarquía renovada. Hay proyecciones, no sé si esa lo será, que sólo son sombras chinescas.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Suspicacias





Leído hoy en el editorial de El Correo de Andalucía: “Tras cinco años sumergida en un grave conflicto, Siria ya suma 220.000 muertos, 11 millones de desplazados, 3,9 millones de refugiados y 12,2 millones de personas que necesitan ayuda para subsistir. Éstas son las cifras, pero mientras el vértigo emocional desequilibra nuestro raciocinio, las desfachatez de las instituciones y de la política internacional aún brilla con luz propia”. No hay que olvidar la Memoria Histórica ni lo que aconteció en España, si queremos entender lo que está sucediendo ahora en otros países. El comandante Robert (jefe del Estado Mayor de la Tercera Brigada de Guerrilleros Españoles) dejó escrito: “Después de la derrota del Ejército Republicano, ametrallados por las carreteras, la población civil huye y no nos dejan tranquilos, a pesar de la derrota. Nos masacra la aviación italiana y alemana, y todo el mundo huyendo. Medio millón de personas, quinientos mil seres humanos, niños, mujeres y ancianos…militares, llenos de piojos…todos en el mismo merengue, y buscando refugio en un país que creíamos amigo, que era Francia”. Sobran las palabras. Ahora le toca a España acoger el cupo que la Comisión Europea nos ha designado. Aquí no sirve de nada que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, alerte contra la posible infiltración de yihadistas entre los refugiados. Si se lanzan sospechas sobre los expatriados que van a ser acogidos, mal empezamos. En las manos de ese ministro está que tales cosas no sucedan. Y si se descubren yihadistas, habrá que detenerlos sin contemplaciones. Pero no debe adelantar acontecimientos ni crear alarma. A ese ministro le recomendaría leer los escalofriantes informes de ACNUR, donde modestísimamente colaboro aunque mi ayuda sirva de poco. A mí me producen desconfianza determinados supernumerarios del Opus Dei y no digo nada. Tampoco les culpo de nada. Símplemente les tengo en observación.  No vaya a acontecer en esta España cañí lo que en una comisaría de barrio el día en que detuvieron a dos carteristas, a los que engrilletaron e interrogaron a fondo a la luz  directa de un potente flexo. Y como resultó que a ninguno de ellos se les pudo hacer confesar el robo, no se le ocurrió a aquel comisario franquista mejor cosa que sentar a ambos frente a su mesa de despacho. Y les dijo: “usted –mirando a uno de ellos- puede marcharse a su casa”. “Usted –mirando al otro- se quedará aquí hasta que confiese, que tiene cara de malo”.

viernes, 11 de septiembre de 2015

¿Estudiar a los Borbones?





Leo en todos los medios que los reyes acompañaron a sus hijas en el primer día de clase; que son muy formalitas; que estudian en un colegio laico; que Leonor ya sabe muy bien hablar en inglés; que ahora pretenden sus padres que aprenda chino; que cuando sea más mayor irá a las academias militares como fue su padre y su abuelo;  que en el colegio Santa María de los Rosales ambas comen con sus compañeros de clase; y que parece normal que sus padres acompañen a sus hijas, si el trabajo de ellos se lo permite, el primer día de curso escolar. Hasta aquí todo muy bien, aunque también podría haberlas acompañado a clase su abuelito Juan Carlos, que no tiene mejor cosa que hacer. Pero lo que más me molesta de esa noticia es que no es noticia, menos aún de primera plana. Doy por hecho que Leonor, llegado el momento de reinar, será la mujer mejor preparada, de la misma manera que ahora lo dicen de su padre, Felipe VI. Parece normal que una niña, por muy infanta de Asturias que sea, que va a cumplir 10 años de edad, estudie quinto de Primaria, y que otra, de siete años, curse tercero. Cuenta El País, queLeonor es una alumna aplicada que asiste además a clases de ballet y que estudia la historia de los Borbones”. Eso es lo que me preocupa, que estudie la historia de los Borbones, es decir la vida y milagros de Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan Carlos I. Entre medio quedan Amadeo I, al que le mandaron una carta para que se largase mientras almorzaba en Fornos tras haber reinado sólo dos años, y José Bonaparte, que duró siete. Amadeo se lo tomó con mucha filosofía. Amadeo cambió el menú que había solicitado por una copa de grappa, regresó a Palacio, hizo las maletas y se largó por donde había venido. Sabía que los españoles eran ingobernables y se alegró de dejar el Trono. Murió el mismo año que Antonio de Orleáns (1890), otro pretendiente. José Bonaparte, hermano mayor de Napoleón, se convirtió en rey de España y de las Indias tras las vergonzosas abdicaciones de Bayona. Abandonó el Trono en 1813, dando paso al rey felón Fernando VII. Un rey gordo que padecía  macrosomía genital  como consecuencia de casarse entre parientes. Una de sus principales actividades era jugar al billar, que practicaba asiduamente con sus cercanos. Deseando agradar al rey, todos procuraban fallar y hacer que las bolas le quedasen siempre en buena posición para que así el rey siempre ganara. De la práctica del billar, viene la conocida frase “Así se las ponían a Fernando VII”. Jamás le interesaron los asuntos de Estado. ¿Y su hija Isabel II?, ¿y Alfonso XIII?... Corramos un tupido velo. En suma: ¿con quién de esos reyes nos quedamos? Difícil poder responder a esa pregunta. Pero si me apuran, diré que  Carlos III fue, al menos, un excelente alcalde de Madrid, aunque nunca tan querido como lo fuese Enrique Tierno Galván. El resto de ellos, con reinados más cortos o más largos, no merecen mi interés dada mi condición de republicano.