sábado, 30 de abril de 2016

Viejas fotos





Parece ser que el daguerrotipo conservado más antiguo de España está realizado en Madrid, en 1843, por el fotógrafo Juan Bruguera. Y la fotografía en papel más antigua corresponde a 1848 por el fotógrafo valenciano Pascual Pérez Rodríguez. Por la primera de ellas, la de Madrid, se han pagado en subasta 15.000 euros por el coleccionista valenciano Díaz Prosper. Personalmente conservo una foto de J.Laurent, donde puede verse Isabel II, sentada junto a su marido y primo, el duque de Cádiz, y la infanta Teresa, a los que rodean el ayo del príncipe, el infante don Sebastián, el conde de Malpica, la infanta María Luisa (hermana de Isabel), el príncipe de Asturias, el futuro Alfonso XII, que contaba una año aproximadamente y Antonio de Orleans; una fotografía realizada sobre el otoño de 1859. En el reverso de la cartulina, bajo el escudo de España, puede leerse un cuño a imprenta donde dice: “J. Laurent. Fotógrafo de S. M. la Reina y de SS. AA. RR. Los S.S. Infantes de España. 39 Carrera de San Jerónimo (sic). Madrid”. De la misma manera, conservo una serie de fotos correspondientes a una velada celebrada en casa de Abel Aguilar, barón de Chassériau (cónsul de Rusia y Francia en Tenerife) el 2 de marzo de 1878, algunas de ellas dedicadas al anfitrión. Se da la circunstancia de que todos los invitados a aquella fiesta fueron con vestidos típicos canarios de la época. En todas las cartulinas puede leerse en un sello en seco “Belza. Plaza de la Libertad 25. Santa Cruz de Tenerife”. Otras firmadas por “Pego. Fotógrafo. Canarias” dentro de una corona de laurel. En suma, una colección extensa de daguerrotipos y viejas fotos en papel la que me siento orgulloso de poder conservar como oro en paño.

viernes, 29 de abril de 2016

La derecha, como la banca de los casinos, siempre gana





Jorge Bustos, en El Mundo, bajo el epígrafe “Por qué un pobre vota al PP”,  hace referencia al motivo por el que “el contribuyente, pese a tanta podredumbre a la vista sigue prefiriendo la corrupción al populismo”. (…) “Perplejidad que a su vez se resuelve con ese gracejo divino que brinda la superioridad moral: eres más tonto que un obrero de derechas. Y sin embargo no hay siete millones y medio de pijos en España”. (…) “Quizá –sigue diciendo Bustos- votan al PP porque los pobres, como Laocoonte, han aprendido a desconfiar de los regalos, y valoran el pájaro en mano de las pensiones blindadas más que el ciento volando de esos 60.000 millones que aproximan la sospecha de una intervención, y por tanto de un tajo drástico en la mensualidad. Quizá les asquea la corrupción, pero la ven flotando en otros en proporción directa a su cuota de poder, y razonan que el pitufeo no es comparable al modo caraqueñamente uniforme en que el populismo extiende la miseria”. Dicho todo eso, ahora se entiende que Mariano Rajoy se haya venido arriba, como los toreros de postín. Ahora se entiende, digo, que, como señala Bustos,  “no castigan la corrupción política porque reconocen su simetría con la corrupción ciudadana”. Cualquiera sabe lo que sucede en los talleres, cuando te pregunta el mecánico si el importe del arreglo lo deseas con factura o sin ella, o el fontanero que te cambia el bidé, o el chatarrero al que le llevas los grifos viejos de latón… Si no fuese por el dinero oculto, no habría tantos apartamentos playeros, ni tantas cenas en restaurante las noches de los fines de semana, ni tantos vehículos de gran cilindrada rodando por nuestras carreteras conducidos por microempresarios, muchos de ellos de escasa cultura, que sólo disponen de dos trabajadores, a lo sumo tres, en nómina. Al “dinero en B” siempre hay que darle salida por el procedimiento de urgencia, es decir, con el apartamento de verano, el coche alemán, o las dos cosas. Si tenemos en cuenta que en España hay dos millones y medio de microempresas, y otros dos millones entre rentistas, clérigos y gente que vive del cuento, salen las cuentas. Rajoy lo sabe y el sistema D’Hondt le favorece.

jueves, 28 de abril de 2016

Como en los cuentos de Calleja





Sofía de Grecia ha pasado por Toro (Zamora) para ver in situ Las Edades del Hombre. Llegó en helicóptero, visitó la Colegiata y la iglesia del Santo Sepulcro y recibió los vítores de un baño de masas. Allí estaban presentes para recibirla Vicente Herrera, la presidenta de las Cortes Regionales, Silvia Clemente, el presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, el prelado de Ávila, Jesús García Burillo, el alcalde, Tomás de Bien, el secretario de Organización del PP, Fernando Martínez Maíllo, Jaime Mayor Oreja y el obispo de Zamora, Gregorio Martínez, entre otros. Como dicen en mi pueblo, “todo muy bueno y muy abundante”. Lo que ya no comprendo es por qué La Opinión de Zamora se empeña en denominar soberana  a Sofía de Grecia en su crónica y en varias ocasiones. Sofía de Grecia no es soberana ni monarca sino consorte de un exjefe del Estado. En España tenemos la deuda soberana, o sea, deuda pública del Estado y el riesgo soberano, es decir, el riesgo de que este país no cumpla con sus obligaciones, como de hecho está sucediendo con el Gobierno en funciones de Rajoy. Con la que está cayendo, ¿era necesario que Sofía de Grecia llegase a Toro en helicóptero? Me parece un exceso. Si los exreyes se aburren, que se gasten su dinero, pero que no hagan turismo con cargo a todos los españoles, a quienes ya nos clarea la raspa. En mi opinión, en aquel acto toresano sobraban obispos ociosos, políticos de una derecha inoperante y ciudadanos de a pie, muchos de ellos en paro, rindiendo un raro vasallaje más propio de otros tiempos. Deberían hacérselo mirar.

miércoles, 27 de abril de 2016

Política y extravagancia





En su columna “Todo por el ego”, el plumilla Burgos, al referirse a las tres rondas de consultas de Felipe VI señala que “Éste –el rey- ha perdido soberanamente el tiempo”. Hombre, Burgos, el rey no ha hecho cosa distinta de lo que está previsto en la Constitución. Otra cuestión es que los líderes políticos de todos los colores no se hayan puesto de acuerdo para intentar aunar fuerzas e intentar formar Gobierno. De paso, el columnista de ABC de Sevilla aprovecha que el Duero pasa por Zamora para nombrar al golpista Tejero, por un lado, y a Juan de Borbón, por otro. En referencia al primero de ellos escribe: “…el ego de muchos políticos, especialmente el de los dirigentes de los partidos, no cabía en el histórico hemiciclo donde Tejero y su tropa pegaron los disparos del 23-F. A los que habría que cantarles, cambiado, el estribillo de la chirigota gaditana del Love en 1998: "No me pegues tiritos en el techo, / tíratelos tú en el culo, /que tiene el boquete hecho". Respecto a Juan de Borbón, Burgos entiende que “para proclamar el "por España, todo por España", hay que tener patriotismo y grandeza de espíritu”, al referirse a aquel 14 de mayo de 1977 cuando Juan de Borbón hizo renuncia de sus supuestos derechos históricos a favor de su hijo Juan Carlos. Pero, ¿qué derechos históricos podía trasmitir a un rey elegido en su día a dedo por Franco el tercer hijo de otro rey descoronado por abandono  en 1931? ¿Qué respeto podíamos tener los españoles a alguien que con el apoyo de su padre pretendió unirse a los rebeldes en agosto de 1936? A los desmemoriados, también a los que todavía le rinden vasallaje a ese Borbón después de muerto, habría que recordarles que Juan de Borbón, el mismo que dio el taconazo frente a su hijo y le transmitió no sé qué poderes aquella primavera del 77, pretendió contactar con el gobierno de Burgos vestido con mono azul de Falange y boina roja de carlista, hasta ser interceptado en el parador de Aranda de Duero por Fidel Dávila, que le instó a volver al exilio. Eso de “por España, todo por España” queda bien para las biografías póstumas, pero nada más. Juan de Borbón hizo por España lo mismo que yo por el Principado de Mónaco, o que Antonio Burgos en la batalla de Cavite. Mezclar la política con la incongruencia es como confundir el culo con las témporas.

martes, 26 de abril de 2016

Celeste Caeiro





El 25 de abril de 1974 tuvo lugar en Lisboa la llamada “Revolución de los Claveles”, un  pronunciamiento incruento que terminó con la dictadura de Salazar. Aquel Movimiento de Capitanes se habían conjurado en el Sporting de Lisboa unas semanas antes con motivo de un partido internacional, que habían decidido dar un golpe de mano tras escuchar “Grándola, vila morena”, canción compuesta tiempo atrás por José Afonso. España por entonces seguía siendo “different”, pero sólo tres meses más tarde Franco enfermaba de tromboflebitis, el príncipe de España tomaba las riendas del Estado de forma provisional y los políticos, con Arias a la cabeza, veían masones por todas partes. Como decía Luis González Seara, fallecido hace pocos días: “¿Que descubre usted en la sala de estar de su amigo unas columnitas como soporte de una lámpara? ¡Masón a la vista!”. En España empezaba a haber impaciencia y aparecía el espectro de la política del miedo (Montesquieu veía en el temor el principio del despotismo) el cierre de revistas y periódicos y la batalla de las asociaciones. Hoy, 42 años más tarde, leo en la prensa que “los capitanes de la Revolución de los Claveles vuelven a la Asamblea de Portugal tras cuatro años apartados”. Pero, y eso es lo peor, ya casi nadie recuerda a  Celeste Caeiro, costurera, camarera y estanquera, y que aquel 1974 cumplía un año el restaurante donde ella trabajaba. Los dueños del local quisieron hacer una fiesta para celebrarlo y no faltó la compra de flores. Pero el 25 de abril, al llegar al trabajo para cuidar de la guardarropía, su jefe comentó a los miembros de la plantilla que se había suspendido la fiesta porque estaba produciéndose una revolución, pero que podían ir al almacén a recoger flores, si lo deseaban, para que no se echasen a perder. Celeste salió a la calle con unos claveles rojos y blancos con curiosidad, por ver qué sucedía. En la Plaza del Rossio los tanques esperaban órdenes. Un saldado le pidió a Celeste un pitillo. Ella no pudo dárselo porque no fumaba. Pero tomó uno de sus claveles rojos y se lo entregó al soldado, que lo colocó en la bocacha apagallamas de su fusil de asalto. El resto de soldados pidieron a Celeste claveles, ella los entregó todos, y los soldados colocaron sus claveles en la boca del fusil imitando a lo que había hecho el primero de ellos. Celeste, que apenas medía metro y medio de altura y que, de vivir, pasa de los ochenta años era hija de española, la menor de tres hermanos. Apenas conoció a su padre, que los abandonó. La historia se repitió con el padre de su única hija, que se marchó sin dejar rastro y la convirtió en una madre soltera.

lunes, 25 de abril de 2016

Sobre coches de alquiler, cargos honorarios y demás zarandajas





Leo que el Congreso de los Diputados estudia que los taxis porten matrículas de color azul para evitar el intrusismo. No está mal la idea, aunque reconozco que en ese asunto hay poco que estudiar. Se modifica la ley en diez minutos y asunto resuelto. Mejor dicho, en dos minutos. Con los otros ocho restantes todavía pueden los miembros de la Mesa (que disponen de coche oficial) tomar un café en el bar  de las Cortes y hasta leer la cabecera de La Razón, el periódico que dirige Marhuenda desde las tertulias televisivas. No todos los ciudadanos tienen como él el don de la ubicuidad. Si acaso el periodista Graciano Palomo, que aparece en todas las salsas, se peina hacia atrás con una lendrera y tiene aspecto de camarero de mesas del Ateneo de Madrid. De la misma manera, los diputados, que andan mano sobre mano y que desde los últimos comicios generales tienen menos trabajo que el Cabildo Metropolitano de Zaragoza, que dicho sea de paso no dejó pintar una pechina en El Pilar a Antonio López porque –según consideraron- la cara por el artista proyectada podría ser la de la Virgen o la de otra mujer, como si esos canónigos conociesen el verdadero rostro de María, los diputados, digo, deberían estudiar que los coches oficiales llevasen matrículas de color  fucsia. Así comprobaría el ciudadano de a pie cuántos coches del Parque Móvil circulan por Madrid y por el resto de las Autonomías al servicio de la Mesa, ministros, secretarios generales, subsecretarios, magistrados del Supremo, directores generales, alcaldes, concejales y demás ralea. Recordemos que el Parque Móvil del Estado se creó en 1935 y que, por poner un sólo ejemplo de despilfarro, el Ayuntamiento de Torrelodones dispone a día de hoy de más de 30 coches oficiales propios o alquilados. Está bien que los diputados estudien y propongan. Pero que lo hagan con rapidez, ya que el próximo día 2 de mayo a muchos de ellos se les acabará el chollo, se les secarán las membranas y los tegumentos y deberán volver a la vida que tuvieron antes de figurar en las listas de los organigramas partidistas. Y hasta puede que Mariano Rajoy deje de ser presidente de un Gobierno que no aparece por la bancada azul del Congreso porque el hecho peregrino, según entienden ellos, de estar en funciones. Pero en funciones y todo, al ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, todavía le ha quedado tiempo para nombrar al ubicuo Marhuenda comisario honorario, que no sabemos muy bien para qué sirve. Recuerdo que a Camilo José Cela le nombraron cartero honorario. Tenía la ventaja de no franquear la correspondencia. Y a Antonio Mingote, guarda honorario del parque de El Retiro, lo que le permitía poder vestirse con una casaca gris adornada con una  banda roja, botones dorados en los puños, pantalones asegurados con un dilatado cinturón de cuero negro que se ajustaban con una hebilla grande también de color dorado y sombrero de ala ancha. Pero lo de comisario no sé…, habrá que verlo.

sábado, 23 de abril de 2016

Elogio de la Pastelería Hernández





Hoy es el día, desde hace muchos, que he podido salir a la calle sin paraguas. Primero en San Sebastián, donde estuve cuatro días; después en  Collado-Villalba, donde he estado cerca de quince. Cuando me levantaba de la cama miraba por la ventana de mi habitación abuhardillada por ver cómo estaba  la  sierra de Guadarrama. La cruz de Cuelgamuros se convirtió en mi barómetro: si no se veía, malo. El paraguas ha sido, como decía, ese palio de pequeñas dimensiones que me cubría para ir a comprar el pan al despacho de Hernández, en la Calle Real. Hernández sabe manejar el hojaldre con aseo, esa masa crujiente que trajeron los árabes y que quedó plasmada en el Libro de Arte de Cozina, editado en Salamanca en 1607, por el cocinero Domingo Hernández de Maceras. En él se distingue entre las diversas masas de hojaldre rellenas, a las que llama pastel, pastelillo o pastelón, según el tamaño. Se cuenta que en Francia, en una famosa panadería, trabajaba un ayudante una masa que le encargó el jefe panadero. A este ayudante se le olvidó poner la mantequilla en la masa, y cuando se dio cuenta la masa ya estaba amasada sin la mantequilla, y temiendo recibir una bronca de su jefe, extendió la masa, le puso en el centro la mantequilla y le dio varias dobleces a la pasta. Al final llegó el jefe e hizo sus panecillos como siempre. Al ver que la masa se elevaba de una manera uniforme y hacía varias capas entre sí como un libro llamó a su ayudante. Al explicar éste lo que había pasado, el jefe le felicitó por la nueva masa que había creado. Hay que recordar que a principios del siglo XVII unos pocos, la aristocracia y los clérigos, comían hasta el hartazón. Pero el resto de los mortales pasaba hambre. Sobrevivían merced a las sobras de los conventos y de la caridad. O sea, poco y a lo mucho una vez al día. Como consecuencia de ello aparecieron los gallofos y los sopistas. La gallofa era la vida holgazana de los que se daban a la gallofa, o sea, los pedigüeños. Así hizo referencia a este tipo de individuos Sebastián de Covarrubias en el Tesoro de la lengua castellana o española, (imp. Luis Sánchez, 1611, 78 páginas):

El pobretón que, sin tener enfermedad, se anda holgaçán y ocioso, acudiendo a las horas de comer a las porterías de los conventos [...]. Y porque la mayor parte son franceses, que pasan a Santiago de Galizia, y por otro nombre se llaman gallos, los dixeron gallofos, y gallofa el pedaço de pan que les dan. También les llaman galloferas: y todo tiene una significación. Gallofear, andarse a la gallofa. Y púdose decir gallofa, quasi galli ofa, mendrugo de pobre francés y de aquí se derivan gallofo y gallofear.

En fin, he comenzado escribiendo sobre del tiempo para terminar haciendo referencia a los hojaldres, a la Pastelería Hernández de Collado-Villalba y a los pobretones que acudían a comer a las porterías de los conventos. Y por aquello de las asociaciones de ideas, me entero de que “una mala mañana, el pastelero Pedro Martín, en compañía de su colega de Béjar el señor Cela, se llegó a dejar unos postres en el vecino pueblo de Serranillos –en las primeras trochas de Gredos y las últimas de de la sierra de Mijares- con tan mala fortuna que se le fue un pie entre dos peñas y allá rodó, envuelto en su manta y rebozado en su merengue y en su crema, hasta que San Cristóbal, patrono de los caminantes, y el señor Cela, dulcero bejarano, pudieron liberarlo de tan duro trance. A poco más, se mata”. ¿Qué dónde he leído eso? En Judíos, moros y cristianos. No lo cuento yo, sino don Camilo José Cela, cuyo centenario de nacimiento se cumple el próximo 11 de mayo, y al que siempre tengo presente.

El deán devora a un artista




                                                      
Esta mañana, como hacía un día soleado, he ido a dar un paseo por el Casco Viejo de Zaragoza. La misión de todo peatón consiste en observar con detenimiento todo lo que encuentra a su paso, ya sea un escaparate de ropa outlet, una iglesia o el grupo de turistas que siguen al guía contratado como las pécoras al pastor. Y por fortuna he podido ver por dentro una vez más la catedral de La Seo, y perdonen la redundancia. Hay determinados días, cinco o seis al año, que puede verse el interior de esa obra majestuosa de forma gratuita. Por la calle había ruido y personas con ganas de celebrar el Día de Aragón: san Jorge. Pues bien, enseguida he recordado a André Maurois, cuando afirma en su Historia de Francia qué “siendo la religión en la Edad Media el centro de pensamientos e ideas, las artes por excelencia serán la arquitectura religiosa y la escultura como su auxiliar”, esas “oraciones petrificadas” obra de la ciudad entera. Es, para Maurois, “el libro de un pueblo que no tiene libros” donde “en los muros, sobre los pórticos le lee la verdad revelada, mientras en los capiteles de las columnas, se expresa la moral cotidiana o los suplicios de los pecadores. El arte no era sensual sino didáctico”. Lo que acontece ahora, en el siglo XXI, lo entiendo menos. Hace ya unos cuantos años, creo que en 1992, Antonio López recibió “un encargo” del canónigo Eduardo Torra, donde éste mostraba el interés del Cabildo Metropolitano de que  pintase una cúpula en la basílica de El Pilar. López declinó la oferta. Pero después de habérselo pensado, allá por 2007, López  creyó tener el argumento de su trabajo. Y dos años más tarde, concretamente el 20 de enero de 2009, presentaba al entonces arzobispo Manuel Ureña su proyecto, auspiciado por la Fundación Arte y Gastronomía. Un trabajo que podría costar sobre dos años de esfuerzo y dos millones de euros. Entonces se señaló que dicha obra, Regina  Aragonensium, estaría formada por un grupo de esculturas de bronce a ras de suelo, no situadas en la vertical de la cúpula sino en una línea inclinada junto a las paredes, para evitar interrumpir el paso de los fieles, y en la cúpula el rostro de la Virgen. El espacio elegido no era una cúpula, como sucede con Goya sino un luneto entre cúpulas casi encima de la capilla de san Braulio, junto al coro mayor. Se dijo entonces (¡en plena crisis económica!) que todo ello podría ser costeado por suscripción popular. Finalmente, el pasado 11 de enero se exponía a puerta cerrada el proyecto del pintor, donde estaban presentes, además del artista, los miembros del Cabildo, el deán y una comisión de expertos. No encontraron “viabilidad” el proyecto. No hay manto ni Niño ni corona... Sólo ese grupúsculo de expertos a la violeta, según se desprende de los hechos, conoce el verdadero rostro de María. En vista de ello, lo mejor sería hacerle el encargo a Cecilia Jiménez, la restauradora del eccehomo de Borja. No sé si lo hace bien o mal, pero me costa que con el “tirón turístico” se llevará el 49% de los beneficios del merchandising de un recién inaugurado Centro de Interpretación, donde afuera suena “With a Little bit of help of my friends”, de Joe Cockers y donde se espera vender como churros tazas y camisetas de la imagen “restaurada”. Un deán le cerró las puertas del Pilar a Goya para seguir pintando cúpulas. Otro deán, ahora, le niega a Antonio López su proyecto, que se me antojaba hermoso. El deán devora a un artista de la misma manera que Saturno devora a su hijo, como dejó plasmado el pintor de Fuendetodos. Pues nada, que sigan con el tararí ratonero de “Bendita y alabada sea la hora...” y esperemos a que dentro de un siglo haya mejor suerte.

sábado, 9 de abril de 2016

El Pollo Posturas





En su artículo de hoy en ABC de Sevilla, “Días de postureo”, Antonio Burgos señala:

El postureo es la ficción de una posición social y económica que no se tiene, pero dándole todos los visos de verosimilitud. Es un trampantojo de la riqueza, de la elegancia, del poder, de la virtud. Una estafa. Pero con arte. Por eso los de Feria son los días del clásico postureo sevillano”. (…) “Postureo de quien pone caseta sin tener un duro; postureo de quien engancha sin tener cortijo; postureo de quien va a una primera fila de barrera de los capotes...que le acaban de regalar porque el titular tenía ganas de seguir en la caseta y no sabía a quién largársela. Media Sevilla ejerce en Feria el postureo de disfrazarse de una especie en trance de extinción: el señorito”. (…) “El Pollo Posturas fue banderillero de Joselito. No tenía nada de postureo: todo era arte de verdad. Y no como ahora, que hemos de padecer a todos estos pollos del postureo y de la chaqueta de Scalpers dos tallas más chicas, con el botón tan apretado que parece que les va a saltar y van a dejar tuerto a alguien...”.

El Pollo Posturas también aparece en la novela La reina del duende, de María Estévez y Héctor Dona (Roca Editorial de Libros, Barcelona, 1ª edic., junio de 2012). Pero, ¿quién fue el Pollo Posturas? En el capítulo II de ese libro se cuenta que “corre el mes de abril y Valencia está calurosa. Pastora y Vito  nunca han visto el mar y les parece una buena idea acercarse hasta la playa…, etc.”. (…) “Dan las tres en el reloj cuando deciden  regresar a la pensión muertos de hambre…”. (…) “El destino le pone de bruces con Rafael el Gallo…”.  Se saluda y hablan. “La conversación no da para más. Vito tira de la manga de Pastora deseando ir a comer y Rafael va camino de su hotel con su mozo de espadas, amigo y primo hermano, el Pollo Posturas, hermano del cantaor flamenco Ignacio Ezpeleta…”. Como puede comprobarse, para Burgos el Pollo Posturas fue banderillero de Joselito, mientras que en la novela de Estévez, es mozo de espadas de Rafael el Gallo. ¿Cómo salir de dudas? Rafael el Gallo, como todos los aficionados saben, fue el hermano mayor de Joselito, ambos de etnia gitana por parte de madre. No queda otra que consultar archivos. Joselito, cuñado de Sánchez Mejías, murió en Talavera de la Reina de una cornada que le produjo en el vientre  “Bailaor”, pequeño y burriciego,  de la ganadería de la viuda de Ortega, el 16 de mayo de 1920. Y doy con La fiera literaria (Boletín del Centro de Documentación de la Novela Española) donde Manuel Asensio Moreno añade algo de luz, pero de luz de luna. No aclara mucho:

“En el barrio de Triana, en la Sevilla de los años 30, vivía un gitano, miembro de una familia muy conocida, de la que habían salido dos buenos cantaores y un buen torero, Manuel Rodríguez Cagancho, el cual mosito calé, desde que accedió a la edad juvenil, pareció no tener atención para otras cosas que su atuendo y sus poses. Su madre, Concha la Canastos, que lo adoraba, lo animaba cuando salía de casa y se despedía con un beso en su noble frente: “Hijo, pareces un figurín”. La gente de Triana no pensaba lo mismo. Muchos estimaban que el mosito se excedía en el rebuscamiento de las posturas estilo  páginas de moda del “Blanco y Negro”, que adoptaba ante el mostrador de una taberna, en el estanco o ante la reja de su novia Rosarito. Empezaron a llamarle “El Pollo Posturas” y a hacerlo protagonista de chistes y de anécdotas apócrifas. Faé, que así  llamaban en familia a Rafael Vargas Heredia, Flor de la Rasa Calé y alias  El Pollo Posturas, le dio a Concha La  Canastos, su madre, el disgusto de morirse, antes de cantar los cuarenta, del moquillo”.

Finalmente, tratando de buscar información, en un ejemplar de Diario de Sevilla (27/09/2012), en su artículo “Joselito el Gallo, el rey de los toreros”, me entero por Luis Nieto que aquel malhadado día en Talavera de la Reina, Paco Botas había reemplazado a Caracol como mozo de estoques. Finalmente, por Antonio Román Romero, sé que Caracol “el del bulto” (Manuel Ortega Fernández) era un sevillano de la Alameda, cantador de flamenco sin llegar al nivel de su hijo. Durante su existencia fue mozo de espadas de sus primos Rafael el Gallo y Joselito el Gallo. Fue el tipo que en la Estación de Atocha le echó la bronca a una locomotora que soltaba vapor: “Esos cojones en Despeñaperros”.De Caracol “el del bulto” se contaba que cuando su hijo triunfaba en los tablaos flamencos, éste le acompañaba y le hacía las veces de persona de confianza. Una de sus tareas consistía en liarle al hijo los cigarrillos y tenérselos preparados en el camerino donde luego recibía las visitas, las agasajaba y presumía del buen tabaco que gastaba. Un día al padre se le olvidó liarle los pitillos.. Ante la airada reacción de su hijo, le contestó: “Mira Manolito, hijo, no te pongas así, porque en un momento dao yo digo que este tabaco es de contrabando y te detienen”.



viernes, 8 de abril de 2016

Superioridad vital del vencedor





Entre la larga lista de libros prohibidos por el Vaticano una vez desaparecido el Índice se encontraban, por ejemplo, El Lazarillo de Tormes; el Prólogo de Emilio Castelar a la Historia General de la Masonería, de G. Danton; la Crítica de la razón pura, de Kant; y, asombrosamente, el Gran Diccionario Universal, de Larousse. La lista sería agotadora por interminable. Era, según parece, un inventario de libros perniciosos para la fe y las costumbres. Me asombra que no se diga nada en ese amplio rol sobre las novelas Marcial Lafuente Estefanía, donde hubo incontables tiros y muertos. Perdonen la broma. El conocido Index librorum fue publicado por primera vez, a petición el Concilio de Trento, por Pío IV en 1564. La última edición data de 1948, aunque no fue hasta 1966 cuando Paulo VI lo suprimió definitivamente y dejó de ser anatema la lectura de esas obras. Pero pese a la desaparición del Index, el Vaticano hizo públicas nuevas regulaciones referidos a libros, escritos y medios de difusión que incluyó en dos artículos (831 y 832) del Código de Derecho Canónico. El artículo 831, en su apartado primero señala que “sin causa justa y razonable, no escriban nada los fieles en periódicos, folletos o revistas que de modo manifiesto suelen atacar a la religión católica, o a las buenas costumbres; los clérigos y los miembros de institutos religiosos sólo pueden hacerlo con licencia del Ordinario del lugar”. Y en su apartado segundo se señala que “compete a la Conferencia Episcopal dar normas acerca de los requisitos necesarios para que clérigos o miembros de institutos religiosos tomen parte en emisiones de radio o de televisión en las que se trate de cuestiones referentes a la doctrina católica o a las costumbres”. En el artículo 832, “los miembros de institutos religiosos necesitan también licencia de su Superior mayor, conforme a las normas de las constituciones, para publicar escritos que se refieren a cuestiones de religión o de costumbres”. A mi entender, parece inteligente que la Iglesia Católica pretenda “controlar” las lecturas de su feligresía en materia de fe. Lo que no comprendo es que, además, intente por todos los medios a su alcance controlar las costumbres que, como las tradiciones, son tendencias adquiridas a base de tiempo y que asume toda la comunidad. De hecho, la costumbre es la raíz que informa al Derecho consuetudinario. La fe, sin embargo, es una virtud teologal,  el conjunto de creencias de una religión. Pero también existe la fe publica, la fe de vida, la fe púnica, la mala fe, dar fe, a buena fe, de mala fe, prestar fe, auto de fe, y la fe de erratas (del latín errata, cosa errada) que es, a mi entender, el acto de contrición del editor ante el agudo lector que en nada está dispuesto a dejar pasa por alto un evidente gazapo. La “fe de erratas”, en rigor siempre necesaria, no debe confundirse con la “fe de errores”. No quieren decir lo mismo. La fe de erratas, o de referencias cruzadas, es la lista de deslices generalmente de poca trascendencia observados en una publicación y suele insertarse al final del texto. Fe de errores, en cambio, es del mismo paño que información errónea, que aparece en la prensa escrita con más frecuencia de la deseada. Irrita al lector de diarios y suele aclararse mediante la oportuna nota de rectificación en la sección “cartas al dirctor”. En el caso concreto de la Iglesia Católica, con su famoso Índice, procuró “capar” intelectualmente a sus fieles creyentes, al tiempo que también intentaba controlarlos mediante el Sexto Mandamiento y los regímenes de la castidad, como quedó claro durante nacional-catolicismo, donde se enseñaba a los españoles que existían tres formas de virtud de la castidad: la de los esposos, la de las viudas y la de la virginidad. Ya lo decía Ortega respecto a la normalidad histórica: “El prestigio ganado en un combate evita otros muchos, y no tanto por el miedo a la física opresión, como por el respeto a la superioridad vital del vencedor”, o sea.

jueves, 7 de abril de 2016

Una comisaría no es una tienda





Leo en la prensa local que “la Policía Nacional cerrará por las noches y festivos las zaragozanas comisarías de San José, Arrabal y Centro, dejando operativas sólo las de Áctur y Delicias. Tal medida me parece fuera de lugar y no me sirve que se diga que con tales medidas “se busca mejorar la operatividad”, al ser “parte de una reestructuración organizativa”. Imaginen ustedes que hicieran lo mismo los hospitales públicos, donde no cabe duda de que el consejero Sebastián Celaya Pérez también dará por hecho de que la responsabilidad de su empleo busca mejorar la operatividad  del Servicio Aragonés de Salud, ese organismo transferido en su día a la Comunidad Autónoma de Aragón. Pero la realidad es que por aquello  de la “reestructuración organizativa” también en Sanidad hay deficiencias profundas, como demuestra  el hecho de que, por ejemplo, el Hospital de Barbastro tenga un déficit de doce especialistas (cuatro traumatólogos, cuatro radiólogos, tres ginecólogos y un cardiólogo). Pero el tema sanitario en Aragón es responsabilidad  del socialista Javier Lambán y el tema de la Policía Nacional es responsabilidad del ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, que parece preocuparse más de imponer medallas a la Virgen que de tener operativas las comisarías durante las 24 horas del día; y ello produce la consecuente inseguridad en el ciudadano, que paga abultados impuestos. Cerrar comisarías por la noche y en festivos es propio de un Estado fallido, donde te matan por la calle a pleno día y no pasa nada. Y mi primera “colleja” simbólica vaya para el delegado del Gobierno en Aragón, Gustavo Alcalde, al que respeto y aprecio. Debe comprender don Gustavo que no es admisible de ninguna de las maneras que un ciudadano se acerque por la noche o en fin de semana a una comisaría para presentar una denuncia y se encuentre que está cerrada al público, como si se tratase de una ferretería, una tienda de ultramarinos, o un estanco. Eso no es concebible en un Estado de derecho. Al menos, a mí así me lo parece.

martes, 5 de abril de 2016

Verdugos




Hoy, para animar un poco este martes lluvioso, voy a hacer referencia al oficio de verdugo, que por costumbre se solía heredar de padres a hijos. Es una de esas profesiones que ya no se estilan. Se fue amortizando sin apenas darnos cuenta. Al final ya sólo quedaban plazas para este tipo de funcionarios públicos en Madrid, Barcelona, Sevilla, Burgos y Zaragoza. Posteriormente desaparecieron las plazas de verdugo en Burgos y Zaragoza. De nada sirvió que en octubre de 1948 el BOE publicara convocatoria para cubrir una plaza. No hubo manera. Y como la cosa no se animaba, con la llegada de la democracia se abolió la pena de muerte definitivamente. Existe un documental de Basilio Martín Patino realizado en 1970, “Queridísimos verdugos”, donde se entrevistaba a esos tres últimos verdugos del tardofranquismo. Eran tranquilos, de apariencia normal, de esos tipos que parecen incapaces de matar una mosca. Ahora verdugo sólo es un apellido que tiene sus orígenes en Arévalo, como el apellido Carrasco, el que chupaba del frasco, que es equivalente a verdugo pero dicho en portugués. Una de las películas que más me gustaron en su día fue El verdugo, de Luis García Berlanga. Pero lo que desconocía era que el argumento de esa cinta de 1963, con guión de Berlanga, Rafael Azcona y Ennio Flaiano, estuvo inspirado en Florencio Fuentes Estébanez, que terminó con su vida colgado de un árbol en 1970. La última ejecución de Fuentes se había llevado a cabo en junio de 1953 en la prisión de Vitoria, y el condenado era un joven zapatero de Sodupe de nombre Juan José Trespalacios, al que tuvo que ajusticiar en Trespaderne. Entonces era titular de la Audiencia de Valladolid. Florencio Fuentes, nacido en Osorno en 1901. La única profesión anterior que se le conocía era la de obrero del campo. Al aceptar el puesto de funcionario, Fuentes estuvo de ayudante de Vicente López Copete, que le enseñó el manejo del garrote (Juan Eslava Galán (1993) “Verdugos y torturadores”. Madrid. Ediciones Temas de hoy). Como sucede en la película “El verdugo”, (donde José Luis (Nino Manfredi), yerno de Amadeo (José Isbert), finalmente acepta el puesto de su suegro en el convencimiento de que nunca se presentará la ocasión de ejercer su nuevo oficio). Florencio Fuentes siempre abrigó sentimientos de culpabilidad, y ello le causó un expediente disciplinario en 1952 por negarse a una ejecución. Un año después, abandonó la profesión definitivamente después de ajusticiar a Trespalacios. Alegó en un escrito que sus hijos (tuvo diez) sufrían acoso escolar por el oficio de su padre. Falto de recursos llegó a la mendicidad. Fuentes había tomado el relevo de Gregorio Mayoral Sandino. Juan Eslava cuenta en la novela antes citada que en una sola jornada, en 1944, Fuentes llegó a ejecutar a nueve condenados en la prisión de Barcelona. Eso es lo que se llama trabajar a destajo, difícil de entender en la actualidad en la labor de un funcionario público.

lunes, 4 de abril de 2016

Matizando, que es gerundio





José Oneto, en el periódico digital República de las ideas, al aludir a los Papeles de Panamá, hace referencia directa a Pilar de Borbón, y la señala como “la viuda del duque de Badajoz”. No es así exactamente. La duquesa de Badajoz es ella, (de conformidad con el Decreto 758/ 1967, de 13 de abril) y a su muerte deberá revertirlo a la Corona. Su marido, Luis Gómez-Acebo, ya fallecido, era duque consorte, como fue el caso de Urdangarín, cuando Cristina obtuvo el título de duquesa de Palma de Mallorca, que ya no lo es; o el ducado de Cádiz; o el ducado de Soria; o el ducado de Lugo, etcétera. Siempre se decía, al hacer referencia al conde de Motrico que lo era José María de Areilza. Pues tampoco fue ese señor el titular. Ese condado había sido concedido por Alfonso XIII en 1908 al ingeniero Evaristo Churruca Brunet,  y lo ostentó entre 1956 y 1992, año de su fallecimiento, Mercedes Churruca Zubiría, esposa de Areilza. Por lo tanto, Areilza era conde consorte. El ducado de Cádiz, por otro lado, había sido concedido por Fernando V a Rodrigo Ponce de León. Una vez muerto su titular revirtió a la Corona tras una negociación de los Reyes Católicos con la heredera del título, Francisca Ponce de León y Jiménez de la Fuente y permaneció en desuso hasta el siglo XIX. En 1820 le fue concedida su titularidad a Francisco de Asís Luis de Borbón, hijo de Francisco de Paula, y tras su muerte lo usó su hermano del mismo nombre y marido de Isabel II. Posteriormente lo usó Fernando María de Baviera y Borbón, al contraer matrimonio en 1906 con su prima María Teresa de Borbón, hija de Alfonso XII. Curiosamente, De Baviera en 1931 se hizo republicano. A su muerte, en 1958, volvió a la Corona. Franco, al estar vacante el título del ducado de Cádiz, se lo concedió al marido de su nieta Carmen, Alfonso de Borbón Dampierre, hijo de Jaime de Borbón Battenberg. A su muerte, en 1989, el título volvió a la Corona y ahí sigue. Dos años antes de la muerte de Alfonso de Borbón, en 1987, el Gobierno estableció que ese título no era hereditario y su hijo Luis Alfonso de Borbón Martínez Bordiu no pudo heredarlo ni recibir tratamiento de “alteza real”, al no haber sido otorgado por el jefe de la Casa Real. En suma, los consortes son, pues eso, consortes, como lo es Letizia Ortiz Rocasolano. Sobre la figura de la mujer del Jefe del Estado, en este caso de Felipe VI, nada señala la Constitución Española de 1968. Su misión primordial no es otra que la de asegurar la descendencia de los Borbones en España. Lo mismo que sucede en todas las monarquías allí donde existen. Es decir, esa antigualla de la Edad Media que tanto gusta a los tipos de esclavina, monóculo y zapatos de charol, o sea.

domingo, 3 de abril de 2016

El florido pensil de Burgos





Me desayuno con un “recuadro” del diario ABC de Sevilla, donde Antonio Burgos, bajo el título “Cristianofobia”, viene a decir que “aconfesional es el Estado, pero España es mayoritariamente católica”. Escrito así, tal y como lo escribe Burgos, da la sensación de que el Estado es una cosa y que los españoles somos otra cosa bien distinta. Por lo que se desprende de su trabajo periodístico, para Burgos el Estado está compuesto por marcianos (no confundir con murcianos, que son los habitantes de Murcia y, también, los chorizos que murcian), que nada tienen que ver con los habitantes de Becerreá o de Puertollano. Tampoco con los chorizos asados en aguardiente de Ádega, claro. Léase “Mazurca para dos muertos”, allí donde dice:

“Ádega hace los chorizos con mucha regla y fundamento, lo primero es que el cerdo sea del país y criado al uso del país, con millo y un cocimiento muy espeso de coellas, patatas, harina de millo, pan reseso, habas y todo lo que pueda cocer y sea de sentido; también conviene que el cerdo tome el aire y haga gimnasia por el monte y hoce la tierra en busca de miñocas y otros animalitos. Se le debe sacrificar con herramienta de hierro dulce, no de acero, y según la costumbre conocida, es decir, con mala leche, con venenoso regosto y a traición, nadie tiene la culpa”.

Pues bien, como digo, Antonio Burgos, sobre el que presumo que no lee a Cela ni ha comido en su vida chorizos de Ádega, se acomoda en el almohadón del artículo 16 de la Constitución Española; y que, según él, “los laicistas se saltan a la torera”. El artículo 16, que yo sepa, garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto; señala que nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias; y que ninguna confesión tendrá carácter estatal. Pues bien, ¿qué es lo que los laicistas se saltan a la torera? Burgos señala que si por ellos fuera, refiriéndose a los irreligiosos, “volvían a expulsar a los jesuitas. Es lo que parece que les pide el cuerpo, poner a la entrada del pueblo: "¿Iglesias? Ni Pablo; gracias”. Burgos, por lo que se desprende de su artículo periodístico,  tiene insuficiente memoria o sabe poco de historia. Bien es sabido por todos que los jesuitas fueron dos veces expulsados de España: la primera vez en 1767 por orden de Carlos III, tras ser acusados por Pedro Rodríguez de Campomanes  de instigar el motín de Esquilache. Un año antes, en 1766,  el conde de Aranda le había encargado a Compomanes (entonces ministro de Hacienda) un informe para depurar las responsabilidades derivadas de aquel motín, que recayeron en los jesuitas. Ese fue el motivo de su expulsión. La segunda expulsión fue en 1835, coincidiendo con la Desamortización. Además de ello, la Compañía de Jesús quedo en situación de ilegalidad en 1932, por la aplicación del artículo 26 de la Constitución Española de 1931. Se lo diré en verso: "Burgos pretende llevar el ascua constitucional a la sardina de su rancio fervorín./ Todo vale en la Pascua Florida de su florido pensil", y que me perdone Andrés Sopeña Monsalve.

sábado, 2 de abril de 2016

Sopa de desatinos




En estos tiempos de mortificación, con un Ejecutivo en funciones que se está eternizando, un don Tancredo enrocado y unos pactos de formación de Gobierno que no llegan,  porque Ciudadanos no quiere nada con Podemos y Sánchez no desea ni oír hablar de Rajoy, lo mejor será que saquemos la bandera blanca. Lo  mejor será, digo yo, que volvamos a las urnas, aunque resulte lo más caro para el maltrecho Fisco. Para facilitar un posible pacto de Podemos con el PSOE, Iglesias dice que renuncia a la Vicepresidencia. ¿Qué renuncia a la Vicepresidencia? A la vicepresidencia de qué. Primero dijo que no pactaría con el PSOE si los socialistas no se avenían a que Cataluña pudiese hacer un referendo para dilucidar qué quieren los catalanes: si seguir siendo españoles, o pertenecer a una república fuera del ámbito de la UE. Aquello se rebajó de tono. Después dijo que él, Iglesias, se uniría a un pacto con el PSOE siempre que fuese vicepresidente del Gobierno, controlase determinados ministerios, la televisión estatal, el CNI y, ya puestos a pedir, ser nombrado deán del Cabildo Metropolitano de Constantinopla y de los Grandes Expresos Europeos. Pero, después de mirar con la mancha amarilla del ojo el panel de las encuestas, ya ha rebajado sus pretensiones. Ahora dice que para facilitar el pacto con el PSOE  “renuncia a ser vicepresidente del Gobierno”. Nadie le entiende, salvo que se refiera a renunciar al Gobierno de la República de su Casa, como en el anuncio de IKEA. Ya puestos, yo también renuncio a ser alcalde de Morón de Almazán, obispo de Seo de Urgel y copríncipe de Andorra, aunque no lo haya sido nunca.  Lo cierto es que el Banco de España, que no vio el escándalo las cajas de ahorro, ahora avisa del riesgo de vacío político; Barcelona retira la Medalla de Oro a la infanta Cristina; Obama indica a García Margallo que vendrá a España, si es que decide venir, cuando haya Gobierno; los datos macroeconómicos señalan que será necesario rebajar el PIB del 5’16 % al 2’8 %, es decir, subir impuestos  y recortar más aún en Sanidad y Educación, sin contar la multa que, posiblemente, deberá pagar a Bruselas…; uf, las arcas del país de Libertonia están a punto de agotarse, como en “Sopa de ganso”. No queda otra que pedir ayuda a la rica señora Teasdale, aunque sea a condición de que el Gobierno nombre como presidente a Rufus T. Firefly, o sea, a Groucho Marx. Estamos copados.

viernes, 1 de abril de 2016

Adefesios a tutiplén





Personalmente me uno a las críticas que ha recibido la “restauración” del Castillo de Matrera de Villamartín en el cerro Pajarete, en Cádiz, que data del siglo IX y que fue calificado en su día como Bien de Interés Cultural. Una cosa es consolidar los muros, que le hacía falta, y otra muy distinta pegar unos bloques de piedra a un cubo blanco que destroza el paisaje. Además de ello, ha desaparecido parte de la muralla exterior. Lo que queda en pie son  los restos de la torre del homenaje del castillo ya inexistente. Según  leo en El País, Carlos Morenés, vicepresidente de la asociación Hispania Nostra ha comparado tal “fechoría” con la ejecutada por Cecilia Jiménez en el Ecce Homo de Borja. Y ha añadido que "es una vergüenza para España, un desprestigio. La prensa internacional la ha calificado como la peor restauración del mundo. Se ha llevado al extremo la legislación sobre restauración que obliga a distinguir las partes nuevas de las originales y se ha dañado el entorno con una cosa blanca, enorme. La actuación va en contra de toda norma, incluso, de la ley de patrimonio andaluz". Lo peor de todo es que la actuación ha contado con el visto bueno de la Consejería de Cultura, que concedió al arquitecto Carlos Quevedo el plácet para la realización de ese proyecto. Dentro de lo malo, el castillo ahora convertido en adefesio, está en una finca privada y ha sido su dueño el que ha costeado la obra. Que con su pan se lo coma.

Dificultades inexistentes





Ayer leía en El Periódico de Aragón y en www.calatayud.org/ que “el Obispado de Tarazona ha comunicado por carta al Ayuntamiento de Terrer [provincia de Zaragoza] que no se opone a la retirada de una lápida de la época franquista que aún campea en la fachada de la iglesia parroquial de esa localidad”. Con anterioridad, el citado Ayuntamiento, que preside el alcalde del PP Tomás Escolano, se había dirigido al Obispado para “lavarse las manos”, tras una moción fracasada de los ediles socialistas durante un pleno municipal para que se respetase la Ley 52/2007 de 26 de diciembre. Precisamente ayer, el grupo parlamentario del PSOE en el Senado acusaba al Gobierno en funciones de “enterrar” la Ley mencionada por razones ideológicas. De hecho, el portavoz socialista en la Comisión Constitucional, Francesc Antich, presentó dos mociones en el Registro del Senado para que se recupere esa Ley con dotación presupuestaria suficiente, y para la reconversión del Valle de los Caídos, que está “sangrando” a Patrimonio. En opinión de Antich, “el PP ha tratado de disfrazar con la crisis una decisión absolutamente ideológica, que no es otra que seguir manteniendo la división entre vencedores y vencidos, desoyendo sus posiciones más moderadas y haciendo caso a las más radicales". La cosa es evidente: los actuales miembros del PP, que mantienen “apuntalado” un agónico Gobierno en funciones y que contemplan en silencio el  vergonzoso “enroque” de un Rajoy valeinclanesco son, en gran medida, los nietos de aquellos otros tipos que aplaudieron con las orejas el golpe de Estado de Mola y  Franco; y los hijos, también en gran medida, de aquellos que se aprovecharon de las prebendas de despachos oficiales como “trofeo de guerra” contra el arrasado Estado de derecho, es decir, contra la II República. Los obispos, que con el cardenal Isidro Gomá al frente, ensalzaron el triunfo del nuevo dictador en la madrileña iglesia de Santa Bárbara y, que posteriormente sacaron de de aquella iglesia al sátrapa bajo palio, (hasta entonces sólo reservado al Santísimo Sacramento y a los reyes) permitieron que en las fachadas de todas las iglesias de España se colocaran  lápidas en recuerdo de los caídos de cada pueblo por el lado rebelde, debajo del nombre de José Antonio Primo de Rivera, el Ausente, que disponía de letras de mayor tamaño. Por cierto,  aquel 20 de mayo de 1939 se habían trasladado a la iglesia de Santa Bárbara nada menos que objetos que recordaban la gesta de la Reconquista contra los musulmanes: el Arca Santa de Oviedo con las reliquias de Pelayo, las cadenas de las Navas de Tolosa,  y la linterna del barco de Juan de Austria en la batalla de Lepanto. “El momento culminante de la celebración religiosa –según dejó escrito Javier Tusell- fue el acto de Franco de depositar la espada victoriosa ante el Cristo de Lepanto, traído de Barcelona para la ocasión” (…)  “El Jefe del Estado ‘imploró asistencia para conducir a este pueblo a la plena libertad’. Aquella tarde, curiosamente, presidió una reunión del Consejo de Administración del Banco de España, ocasión que aprovechó para atacar el espíritu de la Enciclopedia”. Choco aquello entonces, como choca ahora que el Obispado de Tarazona señale por carta a la Alcaldía de Terrer que “en sus archivos no hay constancia alguna de que la parroquia o la diócesis intervinieran directamente en la colocación ni instaron a que se hiciera”. En resumidas cuentas, la obligación del alcalde Escolano es que en el municipio que el administra se cumpla la Ley de la Memoria Histórica, que está en vigor aunque le pese. Basta ya de marear la perdiz con dificultades inexistentes.