domingo, 22 de octubre de 2017

Elogio de las "gildas"





Los dos botes que tengo en mi cuarto de escribir y que contienen bolígrafos y lapiceros son de aceitunas rellenas de anchoa. Uno de ellos lo tengo recubierto con esas pegatinas pequeñas que vienen adheridas a los plátanos de Canarias. Los domingos, antes de la comida de mediodía, suelo prepararme un vermú con hielo y una rodaja de limón de Bodegas Valdepablo, que actualmente fabrican en las naves de una antigua azucarera de La Compañía de Alcoholes, cerca de Calatayud. Y como con un pie no se anda, preparo unas “gildas” al estilo de cómo se ofrecían en las viejas tabernas. Ensarto en un palillo una aceituna sin hueso, una anchoa en salazón, una guindilla no muy grande y sin rabillo y un trozo de pepinillo. Ya está. No hay nada más sencillo de hacer.  Blas Vallés, bodeguero de Olite (Navarra) se trasladó a San Sebastián para abrir un despacho de venta de vinos y alquiló en 1942 un local en la calle Isabel la Católica. Su vino navarro se abrió paso junto al vino rioja. A su despacho acudían los “mozos del exterior” (maleteros) de la Estación del Norte a tomarse el bocadillo que traían de casa y lo acompañaban con un vaso de vino.  En 1946, Vallés sacó en el Ayuntamiento la licencia de taberna a la vez que seguía despachando vino a granel.  Popularizó el porrón y para acompañar el vino, Blas Vallés solía sacar unas veces guindillas, otras aceitunas e incluso anchoas. Uno de los clientes, Joaquín Aramburu, alias Txepetxa empezó a ensartar la guindilla,  la aceituna y la anchoa en un palillo. Corría el año 1946 y comenzó a llamar a aquella banderilla “gilda”, en honor a la película de Charles Vidor que se había estrenado en España ese mismo año; porque, según Aramburu, “era verde, salada y un poco picante”. Lo de “verde” y un poco “picante” sería discutible. En realidad, todo el striptease de Rita  Hayworth consistía en quitarse un guante, aunque por ello recibiese un sopapo de Glenn Ford. Y como en el cine nada es lo que parece, la canción “Amado mío” era un  payback con la voz de Anita Ellis. En Zaragoza pueden degustarse unas magníficas “gildas” en el bar Gilda (San Pablo, 38) donde Sara Ruiz y Pablo Chueca ofrecen en su barra los típicos vinagrillos de siempre, además de otras especialidades, como jamón batido o paté de pimiento asado con nueces y boquerones y mermeladas de calabacín y naranja con arenque y la aceituna. Como decimos en Aragón: de lo que tenemos, no nos falta de nada.

Caer la del pulpo





Lo cuenta Jesús Cacho, aunque lo pone en boca de Enric Juliana comentándolo en La Sexta: “La responsabilidad de Puigdemont es inmensa: en sus manos está salvar a la Generalitat de Cataluña”. ¿Por qué esa alarma? Por una razón fundamental: los herederos de Jordi Pujol no pueden exponerse, en mi opinión, a que el Gobierno entre a saco en la Generalidad dispuesto a levantar las alfombras y sacar a relucir los trapos sucios de un sistema clientelar que durante décadas ha vivido del robo sistemático de recursos públicos. Esa es precisamente la gran baza de una utilización inteligente del 155: desenmascarar un sistema corrupto de la cruz a la raya del que viven no menos de 100.000 personas”. Joer, pues es verdad. Ahora vendrán las auditorías internas y a algunos catalanes les va a caer la del pulpo, expresión que se atribuye al duque de Medina Sidonia, jefe de la flota de la Armada Invencible, el día en que consultó a un marinero, Xosé Luis Pazos de Ortigueira, alias El Pulpo, sobre el estado de la mar. Éste le contestó al duque que se avecinaba una gran tormenta. El duque hizo caso omiso a su advertencia, puso rumbo al Golfo de Vizcaya dispuesto a enfrascarse en la Batalla de las Gravelinas contra los ingleses y pasó lo que pasó, que les “cayó la del pulpo”, es decir, decenas de barcos dispersos y una flota diezmada por las inclemencias del tiempo. En el tomo XIV de la Historia General de España, de Modesto Lafuente, podemos leer el comentario Felipe II al recibir la noticia de la derrota: “Yo envié mis naves a luchar contra los hombres, no contra las tempestades...”, etcétera. Aquí ha quedado claro que Mariano Rajoy no es Alejandro Lerroux, que no estamos en 1934 y que no se encuentra el vapor “Uruguay” atracado en el puerto de Barcelona a la espera de acontecimientos. Menos mal.

viernes, 20 de octubre de 2017

La ruleta, la bola y el imán





Leo en El Español que el dueño del licor de orujo Hijoputa, el asturiano Rubén Lavandera Morís, ha puesto a la venta la crema catalana Artículo 155. Es también el fabricante de las galletas Dulces orgías , el licor de hierbas Cojonudo, licor de ron escarchado, licor de hierbas escarchado, licor de crema de arroz con leche, licor de sidra, licor de crema, licor de miel, pacharán, licor de café, licor de naranja, licor de crema de chocolate blanco, licor de miel y licor de caramelo. De la misma manera, me consta que los españoles buscan afanosamente el número 00155 de la Lotería de Navidad. Lo mejor será que se lo pidan directamente al dueño de La Buixa d’Or, Xavier Gabriel, de Sort (Lérida), que ya ha afirmado que sus ventas de lotería han crecido el 275% tras salir de Cataluña. La razón social de todos sus negocios se ha ido a  Navarra y su sede fiscal a Madrid. Manuel Jabois, en El País, entiende que “o se hace la revolución, o se hace el ridículo. Cuando esto termine -sea con victoria o derrota, signifique eso ya lo que quiera que signifique-, y lleguen las consecuencias del destrozo, unos se quedarán pagando la factura y otros se irán corriendo a refugiarse en su desconsideración y su fortuna. Gente que está ahí por razones aventureras, para vivir emociones fuertes y jugar con las de los demás; un ay you can eat ideológico con el que sentirse protagonistas de la historia mientras levantan con una mano la bandera y con la otra se llevan la sede de su empresa. Tienen la mitad del dinero en el rojo y la otra mitad en el negro, y cuando vean que la bola va a caer se llevan la ruleta, me dice un empresario en Barcelona, un gallego que lleva poniendo toda la vida la ruleta, la bola y el imán. No va a ser diferente ahora. Nunca han pagado nada y siempre ha sido mejor así; cuando se les ocurre pagar algo es porque piensan cobrar el doble. A quien sea y como sea, en concepto de lo que sea”.

A propósito de los golpes de Estado





Estos días escucho y leo con demasiada frecuencia en los medios que el Gobierno catalán ha dado un golpe de Estado a la democracia. Algunos periodistas lerdos hasta lo comparan con el 23-F. En este sentido, Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la  Universidad Pompeu Fabra, ha dejado escrito (Público, octubre 18, 2017) algo que deberíamos considerar: “Una persona, no sospechosa de simpatías secesionistas, como Josep Borrell, que fue presidente del Parlamento Europeo y Ministro en el gobierno PSOE presidido por Felipe González, ha hecho una breve lista de los agravios y ofensas a Catalunya. En 2005, el gobierno de izquierdas del tripartito, liderado por el socialista Pasqual Maragall, propuso un Estatut que redefiniera la relación del gobierno de la Generalitat con el Estado español, proponiendo, entre otros elementos, el reconocimiento de Cataluña como una nación dentro de un Estado plurinacional. Tal Estatut fue aprobado por el Parlament de Catalunya, más tarde (modificado) aprobado por las Cortes Españolas, y por último, aprobado por el pueblo catalán en un referéndum. Ahora bien, todo este proceso acumulativo de decisiones tomadas por distintas soberanías fue completamente ignorado. Borrell señala que elementos importantes de tal Estatut fueron vetados por el Tribunal Constitucional, controlado por el PP, en un hecho que el catedrático Javier Pérez Royo ha definido como un golpe de Estado, saltándose todo tipo de soberanías debido a intereses partidistas. Y para mayor ofensa, se eliminaron elementos, como señala también Borrell, que ya habían sido aprobados en otras Comunidades Autonómicas, como es Andalucía”. Este es un país donde el artículo 155 que ahora se desea aplicar en Cataluña forma parte de la Constitución Española aprobada en 1978 por los ciudadanos, donde también se incluyó la Monarquía Parlamentaria como forma de Estado sin haberse hecho una consulta previa sobre la forma de Estado que deseaban los españoles. Se “incrustó” la Monarquía en el texto general como un trozo de salami dentro del bocadillo. Existen unas declaraciones de Adolfo Suárez donde ese político afirmaba que, de haberse hecho una consulta popular previa sobre la forma de Estado, la elección de Juan Carlos de Borbón se hubiese desechado de forma mayoritaria por la ciudadanía y que, por esa razón, se incluyó la Monarquía  dentro del conjunto del texto constitucional motivo de la consulta aquel 6 de diciembre de 1978. En ese sentido, Vicenç Navarro también detalla lo siguiente: “En cuanto al argumento de que la aprobación de la Constitución por parte de la población española legitimó que se considerara como el punto de referencia de todos los demócratas hay que señalar que tal argumento ignora que las dos alternativas posibles que se presentaron a la población fueron o bien inaugurar la democracia (reflejada en la Constitución) o continuar en la dictadura. Entre tales opciones era claro que la población eligiera la primera alternativa sobre la segunda. En realidad, el hecho de que Cataluña fuera la Comunidad donde la aprobación de la Constitución fue mayor se debió, no tanto al entusiasmo por la Constitución, sino por el gran rechazo a la dictadura. Aprobar tal referéndum fue la única salida a tal situación intolerable”. Lo primero que debería hacer el actual Gobierno sustentado por el PP serían dos cosas: una, dotar la Ley de la Memoria Histórica con dinero público, cosa que no sucede. Y dos, que el PP y el Gobierno que preside Rajoy hiciesen un rechazo solemne al golpe de Estado que provocó la Guerra Civil y al franquismo, que tampoco se lo plantean.

jueves, 19 de octubre de 2017

Al alba y con tiempo duro de levante...





Ante la penosa situación creada, cuenta hoy El País en un editorial: “La desconcertada y desconcertante reacción del Gobierno de Mariano Rajoy, mal asesorado en su alianza con el igualmente desconcertado y desconcertante Pedro Sánchez, ha acabado de redondear el entuerto. La sociedad española en su conjunto, no solo la catalana, antes irritada, está cayendo ahora en el abatimiento y la frustración. La larga crisis política en Cataluña, que está ya minando seriamente la reputación de nuestra democracia y todas las instituciones de nuestro sistema, amenaza con prolongarse aún más”. A mi entender, si Mariano Rajoy no sabe cómo solucionar este entuerto debería dimitir y dejar paso a unos nuevos comicios que cambiasen los culos de las bancadas de las dos Cámaras. A los españoles, que en su conjunto formamos el Estado, les perdieron hace mucho tiempo el respeto determinados políticos corruptos que, pese a todo, se permiten la osadía de dar lecciones de democracia. En España ningún político enfrascado en el merengue putrefacto dimite por vergüenza torera, por decencia y por respeto al paisanaje. Pero lo peor de todo, como bien señala El País, es que “la inseguridad jurídica campa a sus anchas en el vértice de la jerarquía normativa, aunque de facto rija el ordenamiento constitucional. El sistema democrático cojea”. Hay que evitar males mayores. La encarcelación de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart ha sido el estopín que ha vuelto a encender los ánimos de muchos catalanes separatistas. Joseph Ramoneda entiende que “parece llegada la hora de la aplicación del artículo 155. Una auténtica caja de Pandora que hasta ahora nadie había abierto. Una vez se ponga en marcha, es imprevisible cómo se ejecuta y cómo y cuándo acaba. Sin duda puede servir para bloquear el proceso independentista. El Estado tiene fuerza y recursos sobrados para ello. Pero no es una salida. Cuando se restablezca la normalidad autonómica el soberanismo seguirá allí y el desapego y el resentimiento serán mucho mayores todavía”. La aplicación del 155, de producirse el próximo sábado, no será, a mi entender, como la recuperación del islote Perejil. No veo a Rajoy pasado mañana diciendo aquello de “Al alba y con tiempo duro de levante...”, como dijo Trillo el 17 de julio de 2002 en su particular y españolísimo "desembarco de Normandía".

Un diez para el alumno





De niños, recuerdo, nos preguntaba el maestro si considerábamos los educandos  igual, o no, medio metro cuadrado que la mitad de un metro cuadrado; o cuál era la cima más alta de España; o cuál era el río más largo de la Península; o a cuánto equivalía la mitad de medio duro (moneda de 5 pesetas), etcétera. Eran preguntas con trampa. No era igual responder Teide que Mulhacén, ni Ebro que Tajo, etcétera. Pues bien, leo en Heraldo de Aragón la acertada respuesta que un alumno de 7 años que no entendió a su profesor. El trabajo consistía en dar respuesta por escrito a la pregunta siguiente: “Escribe con cifra los siguientes números: diez, noventa y ocho, ochenta y uno, sesenta y seis; treinta”. Respuesta del alumno: 11, 99, 82, 67 y 31. El profesor entendió que el alumno no había dado una en el clavo y le puso dos rayas rojas cruzadas sobre su trabajo. Su padre, Ignacio Bárcena, lo puso en Twitter señalando: “Yo creo que quien no lo ha entendido bien es el profe”. Y, a mi entender, el padre tenía razón. El niño había seguido literalmente las instrucciones de su maestro. Y escribió “los siguientes números”. No conozco al muchacho, pero entiendo que merece la máxima nota en ese examen. Cosa diferente es que el maestro hubiese dicho: “Escribe con cifras estos cardinales...”. Y aquí aprovecho para decir, y así lo he comprobado en demasiadas ocasiones, que  muchos redactores de prensa no saben escribir determinados ordinales. Y que otros confunden los ordinales con los partitivos; no mantienen bien la concordancia de “un”, “una” en los cardinales compuestos, verbigracia: veintiún países, veintiuna naciones; ni manejan acertadamente el numeral distributivo “sendos”; etcétera. Ello se soluciona consultando el léxico cuando se desee conocer la grafía. Para eso se crearon los “manuales de estilo”.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Estado y Derecho





Mañana jueves termina el segundo ultimátum de Rajoy a Puigdemont. Pero no pasa nada. Ahora resulta que el presidente del Gobierno le da otra semana de prórroga a condición de que el presidente de Cataluña  “vuelva a la legalidad” y convoque elecciones. ¿Alguien entiende algo? Juan Carlos Bermejo, en Vozpópuli, hace referencia a la tesis de García Trevijano: “Rajoy todo lo fía a la aplicación del Artículo 155, que es una tomadura de pelo, porque lo único que permite es ordenar a Puigdemont que acabe con la sedición. La política defensiva de cualquier Estado de derecho no está encomendada al código penal, puesto que la jurisdicción penal no tiene la fuerza, los conocimientos, ni la determinación de acabar con un problema tan grave como la sedición, la rebelión e incluso la traición. Por eso en todos los Estados de derecho existen medidas excepcionales para ello, y en el caso de España es el Artículo 116 de la Constitución en su apartado cuatro: el estado de sitio, que no dura mucho tiempo pero que permite que la jurisdicción militar procese a los traidores y se restituya de inmediato la normalidad, como exigió el rey Felipe VI a Rajoy, y éste último ha ignorado la Ley y el orden constitucional en Cataluña”. (Me viene a la cabeza el pobre Domingo Batet). El Estado de derecho está formado por dos componentes: el Estado (como forma de organización política) y el Derecho  (como conjunto de las normas que rigen el funcionamiento de una sociedad). En consecuencia, el poder del Estado se encuentra limitado por el Derecho. Partiendo de esa premisa, entiende Bermejo que “pase lo que pase es inútil esperar que Rajoy arregle una situación de la que es principal responsable. Le invade el vértigo ante la posibilidad de acción, no es solo un inútil, es claramente un impotente político, ha arrastrado por el fango la dignidad, la Constitución y la Ley mirando para otro lado cuando tenía que actuar, algo que en la historia política es siempre preludio de la destrucción de una nación”. (...) “Rajoy es el responsable principal del desastre que ha enfrentado para generaciones a las familias y ciudadanos de Cataluña. Desde 2012, este cobarde patológico ha mirado para otro lado cuando los sediciosos incumplían sistemáticamente la Constitución y la Ley y tampoco ha movido un solo dedo ante la implantación obligatoria en la enseñanza pública del adoctrinamiento sistemático en el odio a España y la más grosera y delirante falsificación de la historia, algo inimaginable en un Estado soberano”. Ahora lo que hace falta saber es cómo se arreglará ese desaguisado.

martes, 17 de octubre de 2017

Un falso sentido patrio





Se comenta lo grotesco del bolso de  Cristina Cifuentes el día de la Fiesta Nacional. Alejandro Inurrieta, en Vozpópuli, señala en este sentido lo siguiente: “Un país [refiriéndose a España] que desprecia su lengua, se escribe y se habla cada vez peor, y apenas se dotan recursos para su defensa fuera de nuestras fronteras. Un país que vomita bilis contra su cine, sus cineastas y sus productores, achacándoles sus veleidades izquierdistas. Un país que ha abandonado a su suerte a millones de investigadores, a la ciencia en general, y que prefiere primar a folclóricas o futbolistas como ídolos nacionales. Un país que ha dejado desamparados a maestros y profesores que tienen que luchar día a día contra la desidia de familias y poderes públicos a la hora de dignificar la educación. Y por supuesto un país que no cuida a sus mayores, ni a los sufridos inmigrantes que vienen a trabajar y a aportar su ilusión por levantar la nación que les ha acogido, en general, con indiferencia, cuando no con desprecio”. (...) “A España solo le sale la vena patriota cuando saca la bandera para confrontar un falso sentido patrio contra un supuesto enemigo exterior, se llame Cataluña o cualquier selección de futbol en un mundial o Eurocopa.  Qué triste y qué lejos de nuestros vecinos franceses”. Jesús Cacho, en el mismo diario, señalaba que “es el espíritu que sobrevoló la recepción ofrecida por los Reyes en el Palacio Real tras el desfile del jueves 12 de octubre, día de la Hispanidad, un copetín que, por cierto, y con el cadáver del piloto del Eurofighter siniestrado aún caliente, tenía que haberse suspendido de forma automática, señores, todos a tomar el canapé a casa que aquí estamos de luto, un piloto de nuestro Ejército ha fallecido en acto de servicio en momentos tan dramáticos como los actuales, y es obligado el luto”. Rajoy y Cospedal abandonaron la recepción en el Palacio Real y se fueron a la Base Aérea de Albacete para salir en la foto y, de paso, dar el pésame a la viuda del capitán Borja Aybar García.  Pero hoy, 5 días más tarde, la tragedia aérea se ha vuelto a cebar en Torrejón de Ardoz. Un teniente de sólo 26 años, Fernando Pérez Serrano, se ha dejado la vida al tratar de despegar un F-18. ¿Rajoy y Cospedal volverán a repetir el paripé político del pasado día 12? No lo sé, permitan que lo dude.

Tragedia shakesperiana






Yo entendía que las novelas epistolares en España eran cosa de otros tiempos. Y estoy pensando en “Pepita Jiménez”, de Juan Valera, y en otras más recientes, como “Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso”, de Miguel Delibes, o “Nubosidad variable”, de Carmen Martín Gaite. Pero me equivocaba. Aunque todavía no constituye una novela por entregas al uso, las cartas entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont llevan camino de convertirse en una obra literaria digna de merecer tesis doctorales. Ambos, Rajoy y Puigdemont  se mueven entre el “sí” y el “no”, como si deshojasen la margarita en un prado de ababoles. Rajoy exige a Puigdemont que éste le haga ciertas aclaraciones y le da un breve plazo de días para contestarle y poder cambiar su actual angustia por un  plácido sosiego. Y encima de sus cabezas aparece no la espada de Damocles, sino el Deus ex machina del 155, esa cifra que ya se está haciendo esotérica. Puigdemont, atentamente contesta en tiempo y forma a las exigencias de Rajoy. Pero esa contestación de Puigdemont, en este caso de pretender dialogar, no convence a Rajoy, que entiende que no da respuesta a su pregunta. Y Rajoy le da otro plazo a Puigdemont, ahora hasta el próximo jueves, para que se defina con un “sí” o un “no” que le saque de dudas. Llegados a este punto, parece como si los ciudadanos de Carpetovetonia estuviésemos en la sala de butacas de un teatro viendo una representación shakespeariana de Hamlet, o la eterna duda. Yo estaba convencido, al menos hasta ahora, de que “ser o no ser” era la duda metafísica más repetida en la cultura occidental. Ya sólo falta que el próximo jueves nos deje Puigdemont boquiabiertos a los espectadores de este espectáculo lleno de bucles, donde la tragedia se trastoca en género ínfimo y le conteste Puigdemont a Rajoy algo que nadie espera: “Mi reino por un caballo” (de Ricardo III). Pero uno y otro, Rajoy y Puigdemont, deben entender de una puñetera vez que este país no es Dinamarca. En las tragedias de Shakespeare muere hasta el apuntador, es decir, Hamlet, Claudio, el Rey, Gertrudis, la Reina, Laertes, Polonio, Ofelia, Rosencrantz, Guildenstern... Pero por estos pagos carpetovetónicos donde sólo nos supera en número de asesinados en las cunetas Camboya, sólo podemos, si acaso, morirnos de un hartazón de risa.

domingo, 15 de octubre de 2017

Otra vez la rutina





Sobre la mesa de la cocina queda el pan correoso con relleno de calamares de la amanecida, la herida sin cerrar, las cuartillas volanderas, la foto oxidada por el tiempo, la lámpara sin arreglar, el dislocado recuerdo de otras albas camino de andenes de estación, de hospitales robados, de brillos de oropel con la lasitud casi total en las pupilas de los ojos. No queda tiempo para pensar en las musarañas; ni en el delantal de los hotentotes; ni en Dora la Cordobesita, modelo de Romero de Torres y mujer de Chicuelo; ni en el Libro de los Siete Sabios vertidos al castellano por orden del infante don Fadrique; ni en El Chiripa, que murió a tiros de la Guardia Civil entre Tierga y Trasobares; ni en Pigmalión, que se enamoró de una estatua salida de sus manos. Hay que lamerse las heridas sin curar y  escuchar la Glenn Miller en una mierda de radio repleta de válvulas empolvadas y el  mueble revestido con paño de ganchillo. En la calle se monta jabardillo por un perro atropellado. Los forasteros vuelven a tomar el tren, pero ningún viajero se acuerde ya, maldita sea, de Maristany, director que fuese de los Ferrocarriles de Madrid, Zaragoza y Alicante. Nadie, entre los peatones que con morbosidad endiablada ven agonizar al perro herido, ha oído hablar de la Bella Monterde, cupletista del género ínfimo; ni de Paul Ehrlich, inventor del Salvarsán; ni del gobernáculum de Hunter, inserto en el extremo inferior de epidídimo. Tampoco importa demasiado en este trance. En Zaragoza se terminan las Fiestas del Pilar con cohetería en la noche morada. Los gigantes y cabezudos de cartón-piedra se guardarán hasta otro año en la nave de un polígono industrial de los tiempos del Desarrollismo. Pero las banderas de España confeccionadas en China, que algunos ciudadanos pusieron en los barrotes de los balcones de sus viviendas como antídoto patriótico al trasunto catalán, siguen a la intemperie como si se tratasen de longanizas de Graus. No sabría decirles por cuánto tiempo. Habría que leer  con atención el papelito con la posología contra el acendrado patriotismo crónico y purulento, como sucede con los fármacos en los tratamientos contra el tabardillo, las tercianas, o esas purgaciones de garabatillo que se suelen enganchar en las sórdidas despedidas de soltero, cuando el protagonista de la juerga, en un arranque de valentía,  saca la minga de su estuche como si se tratase de una aguja de ramplonete en manos de un artillero.

viernes, 13 de octubre de 2017

A farolazos





Lo bueno de este país es que a los políticos, por el hecho de no tener carisma, se les olvida con mucha facilidad. ¿Quién recuerda a los componentes del primer Gobierno de la Monarquía? Si hiciésemos una encuesta con rigor, los resultados serían sorprendentes. Este, como digo, es un país que ensalza a los dirigentes con la misma facilidad que los manda, por decirlo en el argot digital, a la papelera de reciclaje. Nadie recuerda, tampoco, a aquellos tipos variopintos que estaban presentes en todas las salsas del sindicalismo vertical durante el régimen franquista: José María Roc Antoránz presidiendo el sindicato del Azúcar, Luis Mombiedro de la Torre, de la Madera, etcétera. Hoy por la tarde-noche había un atasco monumental en Zaragoza con motivo de ocupar nuestras calles el Rosario de Cristal. Me vino a la cabeza el famoso farol de los azucareros fabricado en 1956 e ideado por la Hermandad Remolachero Cañero Azucarera Virgen del Pilar. Pero aquella “vitrina con ruedas” terminó financiándola los trabajadores de las azucareras con aportaciones que decían “voluntarias”, pero que fueron deducidas de las nóminas de todos los trabajadores fijos de General Azucarera de España, de Compañía de Industrias Agrícolas y de Ebro, Compañía de Azúcares y Alcoholes, las tres compañías preponderantes. Es en la actualidad el primer farol que procesiona por Zaragoza detrás de los 63 faroles de los misterios de las Letanías Lauretanas que portan los alumnos del colegio de los agustinos. Fue fabricado en los Talleres Quintana. El primer Rosario de Cristal zaragozano tuvo lugar el 12 de octubre de 1889, fecha en la que salieron a las calles unos faroles que representaban los quince padrenuestros y glorias, las 150 avemarías y las letanías. Aquellos faroles fueron diseñados por el arquitecto Ricardo Magdalena y realizados en los Talleres Quintana. El año siguiente el Rosario pasó a celebrarse el día 13 de octubre. De entonces a acá siempre se ha celebrado el Rosario en esa fecha, salvo durante la Guerra Civil. Pero existe un acto religioso con mayor antigüedad. Se trata del Rosario de la Aurora, que se viene celebrando cada 12 de octubre desde 1756. Hasta la fecha, que yo sepa, nunca ha terminado a farolazos, como cuentan que sucedió en Madrid en los primeros años del siglo XIX. Entonces se procesionaba a Nuestra Señora de la Aurora, a la que paseaban desde la basílica de San Francisco el Grande en plena oscuridad y acompañada de faroles. De otra calle salía la Virgen del Henar. En un momento dado, ambas imágenes coincidieron en una estrecha calle que impedía el paso de las dos imágenes a la vez. Los fieles acompañantes de ambas tallas comenzaron a discutir y terminaron llegando a las manos. Ello dio lugar a que la RAE  tuviese en cuenta la expresión “terminar como el rosario de la aurora” y la definiese como: “Desbandarse descompuesta y tumultuariamente los asistentes a una reunión, por falta de acuerdo.” Vamos, para entendernos, como puede que terminen Rajoy y Puigdemont: a farolazos. “Mira, Puigdemont, yo te aplico el 155 y se acabó el carbón”. Puigdemont: “Y yo te bailo una sardana”. Rajoy: “Tú me mandas un burofax para aclararme las cosas y aquí no ha pasado nada”. Puigdemont: “Yo te envío el texto que firmé, para que despejes tus dudas, que no te enteras”..., etcétera. Es como lo del cuento de la buena pipa: "Yo no te digo ni que sí ni que no...". Luego hablan de la tozudez de los maños y del conocido “chufla, chufla, que como no te apartes tú...”.

Pipas





A mi entender, va a resultar difícil ver la foto de Rajoy y Puigdemont sentados en la Moncloa fumando la pipa de la paz. Eso constituiría un hecho tan histórico como el Abrazo de Vergara. Además, ya muy poca gente fuma en pipa. Fumar la pipa de la paz fue un  ritual en algunas tribus de América del Norte, haciendo uso del denominado calumet para sellar acuerdos entre tribus o individuos. José Manuel Arija, periodista fallecido en 1995, dejó escrito (Cambio 16, núm. 532, p. 93) que las mejores pipas eran las de brezo, de la variedad “Erica Arbórea”. También las más duraderas. Contaba que los admiradores de Napoleón comenzaron a peregrinar a Córcega a mediados del siglo XIX para visitar su lugar de nacimiento  y que a alguien se le ocurrió la idea de confeccionar pipas-recuerdo hechas con los arbustos que rodeaban aquella zona de la isla. Y Arija señalaba que para la fabricación de esas pipas se requiere hasta 50 operaciones diferentes: “La cepa se trocea en ‘esbozos’, se seleccionan los válidos y son arrojados a calderos de cobre donde hierven durante más de veinticuatro horas a fin de endurecer la fibra y eliminar el tanino. Luego se dejan curar en secaderos muy ventilados durante varios meses. Pasado ese tiempo, vuelve a realizarse una selección, atendiendo a la perfección del veteado, clasificándolo ya por categorías. Y aquí empiezan las diferentes operaciones mecánicas: torneado, pulido, etcétera”. Y esas pipas, ya en la tienda y dispuestas a la venta, pueden ser naturales, barnizadas, rústicas o arenadas. Arija aconsejaba adquirir la pipa natural, porque así se evitará comprar gato por liebre.

jueves, 12 de octubre de 2017

Magia por contagio






Hace ya muchos años, haciendo tiempo a la salida de un tren nocturno a Sevilla, visité el madrileño Museo de Bebidas de Perico Chicote. Lo que más me impresionó fue una botella de “Grand Marnier”, lazo amarillo, que Alfonso XIII dejó olvidada y descorchada antes de partir a Cartagena sin billete de vuelta. Alguien dijo que tres traslados equivalen a un incendio. Cierto. Siempre te vas dejando enseres en los lugares que desocupas. De la misma manera, en la novela “El ingenioso hidalgo y poeta Federico García Lorca asciende a los infiernos”, Carlos Rojas cuenta que Federico olvidó el tazón del desayuno en el balcón de su casa madrileña (Alcalá 96, 7ª planta) antes de partir hacia Granada, también sin billete de vuelta. Hay reliquias que merecen ser conservadas siempre. Tal es el caso de una vecina mía, viuda de guardiacivil, que guardó el braguero de su esposo tras morir por estrangulamiento de una hernia entre grandes dolores. Pero la viuda de aquel guardia conservó el braguero, lo anunció en la prensa local y no tardó en vendérselo a un viajante de retales al detall que vivía en Orense. El nuevo comprador lo llevó puesto sobre su propia hernia hasta el día en el que decidió pasar por la mesa de operaciones. Aquel braguero tenía bordado en hilo de oro el emblema de la Coral Bilbilitana además de sus iniciales, R.I.P., correspondientes a Ricario Iriarte Pérez, sobre  campo de gules y un león rampante. El viajante de Orense, en principio, tuvo cierto reparo en colocarse sobre la hernia algo que había pertenecido a un difunto desconocido. Aquellas iniciales se le antojaban de esquela mortuoria. Sin pensárselo dos veces, el viajante llevó el braguero a una bordadora para que transformase la “R” inicial en una “V” y, de esa guisa, se convertía en un Very Important People”. Una vez restablecido de la operación quirúrgica marchó hasta la Catedral de Santiago de Compostela a dar gracias. Aprovechando el viaje, se acercó hasta la estatua del maestro Mateo para golpearse con la cabeza y aumentar su inteligencia, según piadosa costumbre. Era lo que el viajante entendía como magia por contagio. Desde entonces, nadie se explica por qué sonríe cuando lee con atención las esquelas del periódico.

Proveedores reales





En tiempos de Alfonso XIII, en Palacio se recibían cajas de anís del Mono. Como todavía reza en la etiqueta de las botellas de Vicente Bosch, ese licorero era “proveedor de la Casa Real”. Pues bien, ahora me entero de que a La Zarzuela entran pedidos de cajas de kombucha. Al menos eso cuenta El Español. Se trata de “una bebida healthy que llenan las neveras de las celebrities americanas y que la consorte real probó por primera vez el pasado mes de agosto en uno de sus restaurantes favoritos de Madrid, Mama Campo”. Al parecer, se trata -según sigue contando ese periódico digital- de un té fermentado que produce adicción y que está de moda entre las mujeres californianas. Fue en un viaje a París, cuando a Vicente Bosch le fascinó el vidrio de un frasco de perfume con relieves romboédricos que regaló a su mujer. Tras pedir al perfumista los derechos del envase, en 1902 lo registraba poniendo la famosa etiqueta con el simio, obra de Ramón Casas. El anís del Mono cuenta con una estatua en el paseo marítimo de Badalona desde 2012. Sobre el té kombucha poco puedo contar, salvo que su preparación es sencilla. Se trata de un té endulzado con levaduras Scoby que le proporciona un sabor como a vinagre de manzanas. No es una novedad. Ya se usaba en el año 221 a.C., durante la dinastía china Tsin. Entonces le llamaban té de la inmortalidad. Se le atribuyen importantes beneficios para la salud por su poder antioxidante y depurativo. Qué quieren que les diga, allá cada uno con sus manías. Personalmente prefiero echarme al coleto una copita de anís del Mono después de comer. Se me antoja digestivo y con un retrogusto digno de los mejores paladares. Además de ello, estoy convencido de que cada pequeño sorbo disipa el espectro de la impotencia.

martes, 10 de octubre de 2017

Sopa de ganso





Lo acontecido esta tarde en Barcelona me recuerda “Toreo de salón”. Cuenta Cela: “Decir, ¡pasa toro! a una silla que se queda quieta es mucho menos normal que decírselo a un toro que, a lo mejor, pasa tan deprisa que no da tiempo ni a terminar de decírselo. Componer la figura sin toro es más meritorio que mantener el tipo, aun con el ombligo encogido, cuando el toro empuja”. Lo cierto es que Puigdemont ha quedado hoy ante sus socios de la Candidatura d'Unitat Popular, y también ante los separatistas que le escuchaban por plasma en la calle, como Cagancho en Almagro. A Puigdemont le ha entrado la cagalera viendo que las empresas del Ibex se marchaban de Cataluña, ha dado dos pasadas con su capote de brega sobre el micrófono de oradores en el Parlament y ha terminado su toreo de salón lanzando una revolera a los diputados, o sea, anunciando a los presentes en sus escaños que declaraba la independencia de Cataluña, al tiempo que pedía a la presidencia del Parlament, Carme Forcadell, que esa independencia por él proclamada la dejase en suspenso, que antes  deseaba dialogar con Mariano Rajoy de no sabemos qué. Ha sido como un mete y saca al más puro estilo de Antonio Chenel Albadalejo, conocido en el mundo taurino como Antoñete, cuando era consciente de que el estoque había penetrado fuera del hoyo de las agujas (que en argot taurino también se denomina como los rubios, la cruz y la yema) del morlaco de  Jandilla. Ya hay chistes en internet para todos los gustos, pero no seré yo el que haga leña del árbol caído. La rara aventura de Puigdemont en su pretensión de proclamar la República de Cataluña con la aquiescencia del tripartito que lo sustenta me recuerda la disparatada travesía política de Rufus T. Firefly al frente de Silvania y la guerra con el vecino Freedonia en la película Sopa de ganso. Aquí no pasa nada. Ya pueden desatarse las colgaduras con la bandera española fabricadas en China de los balcones de nuestras ciudades. Puigdemont ya no genera inquietud.  Nadie está obligado a hacer más de lo que sabe. El esperpento, que yo sepa, fue cosa de Valle-Inclán, “de  negra guedeja y luenga barba”, al que le dejó manco del brazo izquierdo Manuel Bueno en el Café de la Montaña el día que le arreó un bastonazo. Con el impacto, el gemelo de su camisa se clavó en su piel, ocasionando una profunda herida que acabó infectada y con el brazo engangrenado. Puigdemont, que más que un esperpento parece que hubiese bebido absenta, esa bebida rodeada de misticismo, era consciente de que la comedia nace de la más profunda de las tragedias. Lo de esta tarde ha sido un gag patético en un vano ejercicio de toreo de salón, que, como decía John Kyats (también lo recuerda Cela en su libro) “es como cascársela con goma higiénica”.

Churros





Ignoraba que la máquina de hacer churros nació en un taller mecánico vallisoletano en 1958 de la mano de José Luis Blanco. Hoy se ha convertido en  Industrias José Luis Blanco, S.L., y exporta su ingenio a muchos países. No confundir la fruta de sartén con otra acepción académica de churro, que se originó primero como adjetivo peyorativo referido al habla castellanoaragonesa del interior de la Comunidad Valenciana y finalmente como calificativo de estas personas. Se cuenta que en la época foral los habitantes de Alpuente, la entonces capital de la taifa del mismo nombre y de lengua similar a la hablada en el sur de Aragón, no sabían pronunciar el 'yo juro' cuando juraban las nuevas leyes traídas por Jaime I tras su conquista, en la lengua oficial valenciana ('jo jur / jure') y pronunciaban 'churo'. Por otro lado, Vicente Llatas Burgos (maestro y cronista oficial de Villar del Arzobispo) afirmó que "en tiempo de los moros a los naturales de la comarca de los Serranos se les llamaba 'churri', voz que deriva de 'tzurios'. 'Tzuria' en vasco equivale a  'Blanco' y el río Turia en la comarca de la Serranía y en el Rincón de Ademuz se ha llamado tradicionalmente Blanco". Por asociación de ideas, cada vez que escribo sobre churros me viene  a la memoria  la madrileña Buñolería Modernista que aparece en “Luces de bohemia”, que no es otra que la Buñolería-Chocolatería San Ginés, a mitad de camino entre la Puerta del Sol y el Palacio Real, en el callejón del mismo nombre y que abrió sus puertas en 1894, aunque se había fundado como mesón y hospedería cuatro años antes. Por allí deambuló el Max Estrella valleinclanesco, es decir Alejandro Sawa.  Benito Pérez Galdós ya había hecho referencia al Arco de San Ginés en los Episodios Nacionales veinte años antes de la inauguración de esa afamada churrería que a día de hoy permanece abierta al público las 24 horas del día. Es famoso su chocolate, que se elabora con receta propia. Curiosamente, en 2010 se inauguró otra chocolatería San Ginés, en Tokio.

lunes, 9 de octubre de 2017

Silente desagüe





Hace ya bastantes años, cuando el tabaco inspiraba al artista, escribí un artículo para un ya desaparecido diario aragonés, que titulé “Volver a la petaca”. Divagaba sobre la importancia que tenía la picadura dentro de la petaca en el bolsillo del escritor. En  “Viaje a la Alcarria”, por ejemplo, el viajero celiano hacía pausas en sus  trochas, se sentaba a la sombra de un árbol y liaba con parsimonia un cigarro al borde del camino. Y en ocasiones hasta le servía para entablar amistad con algún trajinero que pasaba por allí montado en su mula, o con un agricultor que iba camino de su pequeño terruño dispuesto a escardar cebollinos. Lo mismo se puede decir de los versos de José Pla, de las novelas de Baroja, de la dulzura machadiana, o de la figurilla casi indefensa que representaba a Julián, ese ser oscuro de Delibes que, en “Diario de un cazador”, escuchaba el expreso de Galicia cuando el desasosiego no le dejaba conciliar el sueño. El tabaco, pese a su comprobado perjuicio, es también quitamiedos, refugio de inicuos, sosiego de neuróticos, consuelo de afligidos, arma contra la timidez, etcétera. Hay treinta y seis maneras de fumar un habano. Kipling llegó a decir: “Una mujer es sólo una mujer, pero un buen puro es otra cosa”. Ignoro si la señora que tengo a mi derecha está preñada de media hora, si al señor que tengo a mi izquierda le molesta la tagarnina que saboreo con mil amores, o si merezco que me pongan una multa por cometer el desatino de fumar en el pasillo de un colegio de frailes. Como digo, reconozco que está demostrado que fumar es malísimo para la salud y que existe un rabo de enfermedades asociadas al consumo de tabaco, pero, ¿qué es saludable? Ahora dicen los expertos que el azúcar tampoco es sano, y el café y las fritangas de las churrerías... Mañana, tal vez,  digan esos mismos expertos de la OMS que no conviene abusar del soplido de matasuegras ni de la gaseosa de sobre ni oler humo de incensario durante los rosarios de la aurora. Y en consecuencia, serán anotados en el extenso rol de lo prohibido para siempre. La petaca, en fin, ya es historia, un adminículo que duerme en el mismo cajón que esa novela inédita que nunca verá la luz, el vinilo de Alicia y nubes grises, el recordatorio de la primera comunión, la serpentina sobrante del último carnaval y la plaquita esmaltada de una tasca del leonés Barrio Húmedo que fue a parar a una chatarrería, donde avisaba a la distinguida clientela: “Prohibido cantar, escupir en el suelo y hablar de política”.  Es el signo de los tiempos. Lo cierto es que casi toda la vida se me ha marchado silente por el oscuro desagüe de un lavabo carente de tapón, o sea, por el caracolillo en la frente de Estrellita Castro.

domingo, 8 de octubre de 2017

Los dos espejos





Fernando Sánchez-Dragó publica hoy en El Mundo un artículo, “Au revoir, Espagne”, donde hace un canto a las virtudes parisinas y donde aprovecha para contar, entre otras cosas, que estuvo las últimas semanas de septiembre en París, y donde se ha dado cuenta, a mi entender un poco tarde, de que en la capital de Francia impera la ilustración. Y nos recuerda a los españoles que “con la derrota del ejército napoleónico en la Guerra de Independencia perdimos para siempre ese tren. Después de Pepe Botella, que fue un buen rey, llegó el Felón y tras él vino la Reina Castiza. Comenzaba el Ruedo Ibérico reflejado en el azogue del Callejón del Gato. El 1 de octubre regresé a Madrid. Fue un puñetazo en el corazón. Estaba de nuevo en el país de las tribus, las taifas y los cantones, en el solar del populacho, de la mediocridad y de la envidia, en la única nación del mundo que vive en permanente guerra consigo misma. Pocas horas después cumplí ochenta y un años. Durante todo ese tiempo me he visto obligado a ser español”. Para el que no lo sepa, el madrileño callejón del Gato (en la actualidad calle de Álvarez Gato, en el entorno de la calle Huertas y muy cerca de la Plaza de Santa Ana) es el lugar donde Valle-Inclán, mirándose en unos espejos deformantes, veía la tragedia de España transformada en esperpentos a través de los ojos de Max Estrella, amigo de don Latino de Híspalis, un  tipo raro y de extraordinaria personalidad que protagonizó la otra teatral  Noches de bohemia”; y que, pese a haber sido terminada de escribir en 1924, no  fue estrenada en España hasta 1970.  Aquel  bohemio que inspiró a Valle-Inclán fue Alejandro Sawa,  redactor de El Motín, El Globo y La Correspondencia de España, y colaborador de ABC, Madrid Cómico, España o Alma Española, entre otras muchísimas publicaciones. Sus últimos años fueron patéticos: murió el 3 de marzo de 1909 loco, ciego y hundido en la miseria en su modesto piso de la calle de Conde Duque número 7 de Madrid. Sánchez-Dragó me ha dado pie, ustedes perdonen, a que haga este recordatorio necesario. No se entiende España sin el esperpento, incrustado en los genes colectivos, como el vino peleón manchego que tiñe de morado, ese color introspectivo, nuestras tripas entre los acordes de pasodobles toreros de nuestro tufillo churrero y cañí. Hemos perdido demasiados trenes, ya lo sé. Pero no importa. Siempre nos quedarán los dos espejos, cóncavo y convexo, del callejón del Gato que hacen parecernos a don Quijote y a Sancho, y que nos permiten soñar, sólo soñar, con poseer nuestra propia Ínsula Barataria.