martes, 14 de febrero de 2017

Peladillas en el bautizo





Con el eslogan en Twitter “que no te la cuelen”, la Guardia Civil está alertando de que evitemos que nos den gato por liebre con los cambios, que existe la moneda de 100 pesos chilenos, 2 pesos argentinos y la lira turca que dan el camelo por su parecido a la moneda europea, cuando su valor real es de muy pocos céntimos. De la misma manera, la moneda de 5 rand sudafricanos puede pasar por una moneda de 2 euros cuando su valor real es de sólo 35 céntimos. Digo yo, si esas monedas ya existían, el error fue de la Unión Europea, que no fue capaz de lograr unas monedas inconfundibles por su aspecto. Esas cosas no pasaban cuando manejábamos perras gordas,  perras chicas, monedas de dos reales con agujero incorporado, que era por dónde nos la metían, y pesetas rubias con la cabeza del Caudillo de España por la gracia de Dios. Entonces las perras gordas, también las blancas peladillas, hasta las tirábamos en los bautizos a la chiquillería que gritaba al padrino: “bautizo cagao, que a mí no me has dao…”. Los tiempos cambian, aquellas monedas ya no son de curso legal y así ocurre lo que ocurre; o sea, que nos las dan con queso. Y como ustedes comprenderán, en un país adónde llegan 75 millones de turistas para tomar el sol y organizar borracheras va a ser difícil que no caigamos en la trampa en este maldito juego de monopoly, inventado por Charles Darrow en 1935, en plena Depresión. Hace bien la Guardia Civil en alertarnos sobre esa “falsa moneda” que con letra de Ramón Perelló y maestría interpretaba Imperio Argentina: “Gitana que tú será / como la falsa monea / que de mano en mano va /y ninguno se la quea”. Pero no estaría de más, a mi entender, que también nos informasen de que tuviésemos cuidado con los políticos corruptos, los que se llevan los billetes de quinientos euros a paraísos fiscales, es decir, al Jardín del Edén del que habla la Septuaginta, y que sólo regresan, si acaso, cuando el ministro Cristóbal Montoro decide hacer una amnistía fiscal a cambio de abonar un 10% de los intereses que hubiese generado ese dinero negro durante los últimos tres años. Y que, a fin de cuentas, los defraudadores sólo abonaron el 3%. Nos la colaron cruzada y no nos lanzaron ni peladillas a los sufridos contribuyentes atrapados en los cepos de unas tristes nóminas.

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