domingo, 28 de mayo de 2017

Cara y cruz





Son gajes del oficio. Felipe VI era aplaudido en Guadalajara por la mañana con motivo del desfile de las FAS y silbado por la noche en el Estadio Vicente Calderón por unos energúmenos catalanes mientras se entonaba el Himno Nacional en la final de la Copa del Rey. Ambas son las dos caras de la misma moneda. Me he encontrado hoy con conocidos que me indicaban que esas cosas no pasaban en el Santiago Bernabeu con Franco. No, ni tampoco se hablaba de corrupción política, que la había, ni se podía plasmar en El Caso más de un asesinato al estilo del de Jarabo por semana. Se lo podrían haber preguntado a Eugenio Suárez Gómez de no haber muerto el penúltimo día de 2014. A la prensa domesticada sólo le interesaba ayer lo superfluo: es decir, trasladar al conjunto silencioso y manso de una sociedad cobarde el vestido que lucía María Dolores de Cospedal y si era más o menos elegante que el de la consorte Letizia Ortiz. Pero aquí suceden otras cosas: Rajoy, con el tancredismo al que nos tiene acostumbrados, pretende que la sociedad civil se implique contra el proceso independentista catalán; y Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, da el “sí” al Gobierno para aprobar los PGE a cambio de 204 millones para las islas. Una limosna si se compara con los 1.400 millones que recibirá el PNV. ¿De dónde saldrá ese montante? Está claro que de nuevos recortes en Sanidad, Educación y Servicios Sociales. Y el Gobierno dice sin rubor que no ha podido subir las pensiones de viudedaz y orfandad por falta de fondos, en respuesta a una pregunta parlamentaria de Marcial Gómez Balsera y de Sergio del Campo, ambos diputados de Ciudadanos. Se escudan en que “ello supondría un importante coste para el sistema de la Seguridad Social”. Pero lo que no dice Rajoy es cuánto ha costado al bolsillo de los españoles una parada militar que carece de sentido. Y como nadie lo cuenta, ya se lo digo yo: más de 350.000 euros, sin contar los gastos indirectos municipales y otras servidumbres que aburriría al lector especificar, como el ágape posterior, reservado sólo a los invitados, y que se realizó en un centro educativo privado perteneciente a la Iglesia Católica, etcétera.

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