martes, 25 de julio de 2017

Como decíamos ayer...





En mi trabajo de ayer, hacía referencia al vapor Uruguay, fondeado en Barcelona y que sirvió barco-prisión a los miembros del Gobierno catalán y otros altos cargos del Ayuntamiento de Barcelona. Pues bien, la historia del vapor Uruguay fue la siguiente: fue construido por William Denny Bros. Tenía 10.348 TRB con 145 metros de eslora, 18,4 de manga y 10,8 de puntal y capacidad para 250 pasajeros en primera, 100 en segunda y 75 en tercera. Bautizado inicialmente como Infanta Isabel de Borbón, cambió de nombre con la llegada de la República. Estaba provisto de tres hélices movidas por dos máquinas de vapor de triple expansión, que le dieron 18,64 nudos en pruebas. En 1934, fue apartado de su destino en las líneas de América, requisado por el gobierno republicano. En 1939 resultó hundido por un bombardeo. Fue reflotado en 1942 y posteriormente desguazado en Valencia. Javier Cercas, en su novela Soldados de Salamina, hace referencia de la conducción a ese barco de Sánchez Mazas, en 1937 tras su detención. Escribe Cercas a propósito del barco: “Las condiciones de vida no son buenas: la comida es escasa; el trato, brutal. También son escasas las noticias que llegan sobre el curso de la guerra, pero conforme ésta avanza incluso los cautivos del Uruguay comprenden que la victoria de Franco está cerca”. También hace referencia un tal Monroy, que había gobernado el barco con mano de hierro y que más tarde sería responsable de la prisión instalada en el santuario de Santa María de Collel, cerca de Bañolas. Lo cierto es que durante la Guerra Civil el santuario sufrió la destrucción revolucionaria de los primeros meses de la guerra. Las instalaciones dejaron su función escolar y eclesiástica y se estableció una prisión, dirigida por Anastasio Sánchez Monroy, que en enero de 1939 se llenó de gente vinculada a la Falange Española. Unos 50 fueron fusilados en el exterior del recinto el 30 de enero de 1939, entre ellos Robert Bassas Higo y Joaquim Guiu Bonastre. Dos pudieron escapar del asesinato masivo huyendo en medio del bosque: Jesús Pascual Aguilar y Rafael Sánchez Mazas. Cuando el 8 de febrero de 1939 las tropas franquistas llegaron al santuario había encerrados más de 200 mujeres y 148 hombres, custodiados por 18 soldados republicanos, que fueron abatidos a tiros y enterrados en lápidas sin identificar. Cercas, por su parte, presenta a un Sánchez Mazas huyendo de las balas durante el fusilamiento masivo de falangistas y presos rebeldes ese 30 de enero de 1939, sólo cuatro días antes de la toma de Barcelona. “Tras su detención en Cataluña -cuenta Cercas- el escritor ha pasado un año recluido a bordo del barco prisión Uruguay. La víspera de esa madrugada de enero la ha vivido esperando su ejecución junto con unos 50 presos, falangistas, banqueros, abogados e intelectuales, en el santuario del Collell, llevados allí por las tropas republicanas en su huida hacia la frontera”. En efecto, Sánchez Mazas había sido detenido en Madrid, llevado a la cárcel Modelo y más tarde indultado. Siguiendo los consejos de Indalecio Prieto se refugió en la embajada chilena y allí permanece un año. En un intento de huir a Francia, se escondió en un  camión de hortalizas y terminó en Barcelona. Allí es cuando llegó su arresto y su envío al vapor Uruguay. Posteriormente sería enviado al santuario, donde consiguió escapar. Acabada la guerra, Sánchez Mazas convertido en héroe recibió homenajes, como el del 9 de abril de 1939 en Zaragoza presidido por Serrano Suñer. Tenía entonces cuarenta años. Juró en el Monasterio de las Huelgas su cargo como ministro sin cartera durante el primer Gobierno de la Dictadura, y poco después fue nombrado consejero nacional de FET y de las JONS. En 1940 consiguió ser miembro de la RAE, y diez años después presidió el Patronato del Museo del Prado. Murió en Madrid en 1966.

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